Crónicas desde África
Somalia, el Chad, Marruecos... son sólo algunos de los puntos desde los que los autores de estas crónicas que se publican en El Mundo nos hacen llegar su visión del continente más castigado.

Pisando el acelerador en Guri-El (por Faiza Adan Abdirahman)
Como responsable de Pediatría, estoy a cargo de la supervisión de los recién nacidos y de los niños menores de 14 años en el hospital Istarlin, en Guri El (Somalia), en el que Médicos Sin Fronteras empezó a trabajar en enero de 2006. En este momento, nuestras actividades se concentran en el gran número de niños desnutridos que están llegando al hospital.

"Si no estuviéramos, no quedaría nadie" (por Mohamed Somane Abdi )
Marere era una zona agrícola pero desde hace más de dos años no hemos tenido una sola cosecha. Los efectos de la sequía se pueden constatar en nuestro hospital: el número de pacientes en el centro nutricional intensivo se ha duplicado. Tenemos ingresados a unos 80 niños menores de cinco años con desnutrición severa, y estamos tratando a 443 más de forma ambulatoria.

Carta desde Liben (por Alice Gude)
¡Saludos desde la región somalí de Etiopía, un lugar muy muy polvoriento! Me hubiese gustado sentarme a escribir esta carta hace ya varias semanas, pero estos últimos tiempos están siendo verdaderamente difíciles para todos. La situación que estamos viviendo comenzó a evidenciarse claramente a partir de marzo, pero ha adquirido unas proporciones que nunca imaginé.

Simone (por Anne Connelly)
Es rubia, como yo. Incluso sus pestañas son rubias. Pero el contraste entre su pelo y su piel oscura indica que el primero quizás no es como debería ser. Cuando nos conocimos, estaba sentada fuera del hospital. “Mo tê na caraco?

Educación (por Anne Connelly)
“A mis alumnos les encantan tus historias”, me escribe un día mi hermana por correo electrónico. A los chavales de su clase les parecía muy divertido que yo fuera a trabajar en canoa. En Djomo también hay escuelas. El colegio, situado junto a la carretera principal, consta de dos amplias clases, llenas ambas de activos y parloteantes niños, 350 en total.

La caja de cartón (por Anne Connelly)
Pocos regalos hay que puedas hacer a un niño más excitantes que la caja de cartón que envuelve el propio regalo. Todavía me acuerdo de lo emocionados que estábamos cuando mi padre trajo a casa una enorme caja de embalaje de frigorífico: nuestra creatividad era el único límite a las posibilidades de juego que aquello ofrecía.

De los medios de transporte (por Anne Connelly)
Es lunes por la mañana. Hago las maletas y dejo una lista con las actividades de la semana a mi ayudante en Gontikiri. Después de un agradable fin de semana en la ciudad, es hora de volver al trabajo en Djomo. Lanzo las maletas dentro del Land Rover y me subo de un salto al asiento delantero.

Excepción a los 25: soltera y sin hijos (por Anne Connelly)
Una tarde, en la oficina, empezamos a contarnos más acerca de nuestras vidas. Después de reírnos por el frío que hace en mi país, Canadá, comenzamos a hablar de la familia. Me preguntaron si yo tenía hijos, a lo que contesté, entre risas, que soy demasiado joven para tener niños. El operador de radio, que es un año más joven que yo, respondió que él tenía un hijo de tres.

Esta vez perdimos. II Parte (por Anne Connelly)
A las siete y media de la tarde escuché fuertes lamentos procedentes del otro lado del patio. El peor de los sonidos… Supe de inmediato lo que había pasado, pero aún así tenía que confirmarlo. La enfermera estaba de pie a varios metros de distancia de la casa donde teníamos aislado al niño. “Se acabó. Se ha ido, ¿verdad?”, pregunté. Ella se giró y asintió con los ojos húmedos.

Esta vez, perdimos. I Parte (por Anne Connelly)
Esta es la historia de una heroica acción médica. Una de esas situaciones en las que todo el mundo fuerza sus propios límites para llevar a cabo un plan asombroso que salve el día. Pero esta historia no termina en una recuperación milagrosa, sino en el cementerio que hay en la parte alta de la colina...
