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Política financiera de MSF-E
La política financiera tiene que garantizar que MSF se dota de los recursos necesarios para llevar a cabo sus operaciones y que se pueden realizar con independencia de la agenda internacional de los financiadores, de los intereses de política exterior de los Estados y de los agentes implicados directa o indirectamente en las crisis a las que hacemos frente.
Estas condiciones son de especial relevancia en dos aspectos:
Politización de la ayuda. La obtención de recursos pasa por un análisis de la situación actual de los conflictos y el papel tanto de las grandes organizaciones internacionales de ayuda como su utilización por parte de los grandes países donantes como mecanismo de expansión de su agenda política. Los casos de Kosovo, Afganistán o Irak muestran hasta qué punto la acción humanitaria se ha considerado una extensión de las estrategias de intervención de las grandes potencias, mientras que el caso de Angola refleja la utilización política de los recursos para obtener un tratado de paz a costa de urgentes necesidades humanitarias. En estos contextos, la financiación privada es una vía clara de diferenciación, y de conseguir la libertad de acceso y de evaluación de necesidades indispensables para una acción humanitaria independiente, imparcial y neutral.
Necesidades a medio plazo. El compromiso de los grandes financiadores para asumir la carga económica de tratamientos para enfermedades que sólo afectan a países en desarrollo es todavía insuficiente. El progresivo aumento de nuestros proyectos de SIDA o tuberculosis, como pasos decididos a romper barreras de acceso a medicamentos, hacen necesarias previsiones a medio plazo debido a los compromisos que estamos adquiriendo. En este sentido, la captación de recursos debe garantizar la estabilidad y asegurar las necesidades actuales y a medio plazo, a través, entre otros, del compromiso de nuestras fuentes de financiación con los pacientes. Asimismo, esta política financiera debe ir acompañada de una lectura más profunda de problemáticas olvidadas o desatendidas que nos permita acceder a nuevas vías de financiación y, a través de ellas, de presión política.
Así las cosas, nuestra financiación institucional debe pasar por nuevos criterios de asignación de recursos. Para trabajar con víctimas de conflictos debemos orientarnos más hacia fondos que no dependan de un interés político concreto y que nos permitan tomar decisiones con independencia. Al mismo tiempo debemos promover vías de financiación para tratamientos de enfermedades hoy todavía muy alejados de las prioridades de la comunidad internacional.
Por último, como organización que depende principalmente de fondos privados, tenemos que reforzar no sólo los mecanismos de transparencia en nuestra gestión de los recursos financieros, sino también nuestra responsabilidad de garantizar una ética de captación de dichos recursos.

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