ENTREVISTAS

21.04.2011

“Hay que tratar la malaria simple a tiempo y que no evolucione a malaria severa”

La malaria sigue siendo la principal causa de muerte en los niños africanos. De las aproximadamente 781.000 muertes por malaria registradas en 2009, un 91% fue en África, y el 85% afectó a niños menores de 5 años. Emilie Parra, enfermera de MSF en la República Centroafricana (RCA), nos habla de su experiencia diaria con la enfermedad.

Emilie Parra, enfermera © MSF

Emilie llegó a la RCA en 2006 para gestionar un puesto de salud. Desde entonces ha trabajado en varias organizaciones, hasta que se incorporó al proyecto de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Batangafo, a 400 kilómetros al norte de la capital. Aquí la malaria es la principal patología en los pacientes que llegan al hospital de referencia, gestionado por MSF en colaboración con el Ministerio de Salud.

Los centroafricanos conocen la malaria como “la enfermedad del frío”, y tiene su explicación: el frío hace que bajen las defensas, y resulta más fácil caer enfermo. Los casos aumentan en la época de lluvias, entre abril y octubre, y en el hospital puede haber hasta un centenar de niños hospitalizados con malaria severa. “La malaria es una enfermedad que mata a mucha gente en la RCA, sobre todo a muchos niños y a las personas más débiles: gente mayor y enfermos. Es fácil de tratar cuando tienes los medicamentos,  los recursos y los conocimientos para hacerlo. En los lugares donde está MSF, la mortalidad es mucho más baja, aunque siempre aumenta durante la estación de lluvias. En el resto del país la situación es mucho peor”, explica Emilie.

Los equipos de MSF se enfrentan cada día con nuevos casos de malaria, una enfermedad que aquí es holoendémica: cada persona se infecta al menos una vez al año. En 2010, la organización trató cerca de 200.000 casos de malaria en ocho proyectos del país, un 65% de los cuales eran niños menores de 5 años, y distribuyó 30.500 mosquiteras.

¿Qué obstáculos nos encontramos en la lucha contra la malaria?

El principal es la falta de acceso a la salud de la población que vive en pueblos alejados. Está la variante cultural: las mujeres necesitan la autorización del hombre para ir al hospital. Es un gran sacrificio para las mujeres, ya que tienen muchos hijos y si se van al hospital, ¿quién hará la comida?, ¿quién irá a buscar el agua para lavar a sus otros hijos?,  ¿quién los cuidará?

Además está la distancia: la gente vive lejos de los puestos de salud. Durante la época de la cosecha, que coincide con la estación de lluvias, las familias dejan sus pueblos y se van a los campos de cultivo, situados a casi 10 kilómetros de la carretera principal. Cuando un niño enferma de malaria y tiene que ser llevado al hospital, las familias apuran al máximo,  ya que este traslado significa que la mujer ha de dejar el trabajo en el campo y eso repercutirá en sus reservas de grano para todo el año. Cuanto más larga es la distancia, más tendrán que caminar y, para cuando los niños llegan al hospital, la malaria ha pasado a ser severa, surgen patologías asociadas y es mucho más difícil de curar.

Durante la época de lluvias también se da el problema de la falta de sangre para poder hacer transfusiones. La población está más débil porque vive en condiciones más duras en el campo sin protección para el frío y durmiendo a la intemperie. Es difícil encontrar sangre disponible y que los donantes sean compatibles.

¿Hay alguna estrategia para reducir el problema de la distancia?

La estrategia de MSF consiste en capacitar a los centros de salud primaria con pruebas de diagnóstico, tratamiento y personal para que la malaria simple se trate a tiempo y no evolucione a malaria severa. Está funcionando muy bien: evitamos muchas muertes.

¿Qué otros factores influyen en la falta de acceso a la salud?

El conflicto armado también reduce el acceso a la salud de esta población. La gente huye a esconderse al monte, alejándose aún más de los puestos de salud de los pueblos, donde suelen ser los ataques. Por este motivo tienen miedo de salir en busca de ayuda cuando están enfermos. Además tienen las defensas más bajas, ya que viven en refugios improvisados, casi a la intemperie y sin medios para protegerse del frío.

¿Qué medidas de prevención existen?

Las mosquiteras. Muchos las tienen pero no las utilizan o les dan otro uso. Algunos la utilizan para pescar, porque las redes son caras y las mosquiteras son gratuitas. Pero, al estar impregnadas de insecticida, éste se queda en el agua de los ríos, de los que luego se saca agua para el consumo humano. Otros prefieren dormir en el suelo porque hace calor, exponiéndose al mosquito. También existe la creencia de que los espíritus se pasean por la noche y que, si duermes bajo una mosquitera, corres el riesgo de quedar atrapado con un espíritu dentro y esto les atemoriza.

Las bombas de extracción de agua también son un problema.

Sí, porque no están bien aisladas y la filtración de agua crea charcas a su alrededor. Es en esta agua estancada donde se reproducen los mosquitos.

¿Qué podemos hacer para combatir estos hábitos?

Los agentes de salud comunitaria realizan actividades de sensibilización en los pueblos para explicar las medidas de prevención y la importancia de ir rápido al hospital. Desde un punto de vista cultural, es difícil cambiar hábitos y creencias; es un trabajo más a largo plazo. Sin embargo, la gente sí sabe que debe ir rápido al hospital de Batangafo, donde la atención es gratuita. En algunos pueblos con actividad comercial existe un medio de transporte, el moto-taxi, que ha contribuido mucho a reducir la mortalidad en Batangafo. Lo usamos para las referencias desde los puestos de salud al hospital, pero lamentablemente no lo hay en todas partes.

¿La gente sigue bien el tratamiento?

En las zonas en las que trabaja MSF, la adherencia al tratamiento es buena porque los servicios son gratuitos, pero en el conjunto del país es mala en general. Las personas deben dejar a sus familias, pagar por los servicios médicos y por la comida. Antes, para tratar la malaria severa, se utilizaba la quinina, que es difícil de administrar y tiene muchos efectos secundarios. Por eso muchas veces la gente prefería no tratarse. Ahora, esto ha cambiado porque el protocolo nacional de salud incorpora el artemetero, que es un tratamiento mejor. El siguiente paso es lograr la introducción del artesunato, que es incluso mejor.

En todo caso, en la mayoría de zonas rurales de la República Centroafricana no hay medicamentos para la malaria. El sistema de aprovisionamiento del Ministerio de Salud, que debe suministrar los medicamentos a todo el sistema público, no es viable y en muchos lugares compran medicamentos de otros países cercanos, los administran personas que no son médicos, la gente se automedica y no sigue los tratamientos hasta el final, con lo que se crean resistencias, y eso desde luego no contribuye a reducir la malaria.

 

Melissa Odomase, madre de 10 hijos

Su hija de 7 meses enfermó y, después de tres días en casa, empezó a tener convulsiones: fue entonces cuando salió en busca de ayuda. Tras dos días caminando, llegó al puesto de salud de Boulam, a 14 kilómetros de Batangafo, desde donde fue referida en moto-taxi al hospital. Al llegar, la niña había desarrollado una anemia y tuvo que recibir una transfusión sanguínea. Lleva varios días hospitalizada. “Los médicos dicen que utilice la mosquitera y que no exponga a los niños a los mosquitos. La usamos a veces. Tenemos cuatro mosquiteras en la casa, así que reparto a los niños en grupos para que estén todos protegidos.”

 

Evelyn Soue, madre de 4 hijos

Vive en la ciudad de Batangafo y tiene cinco mosquiteras en casa. “Hay muchos mosquitos en la casa y en el barrio hay mucha agua estancada. No hay que dejar jugar a los niños cerca del agua estancada para que no les piquen los mosquitos. Además hay que bañarles pronto para que no cojan frío. Tengo el hábito de dormir bajo la mosquitera impregnada y me la llevo cuando me voy al campo. En cuanto uno de mis hijos se pone enfermo, me voy directa al hospital”. Pese a conocer bien las medidas de prevención, cada año Evelyn tiene que ir unas tres veces al hospital con alguno de sus hijos enfermo de malaria.