ENTREVISTAS

28.05.2009

"Los desplazados están muy cansados de esta inestabilidad constante. El miedo está siempre presente"

Pese a la implementación del proceso de paz que tiene que poner fin a años de conflicto, varios grupos armados (el Ejército y los grupos rebeldes) siguen enfrentándose en varias regiones del norte de la República Centroafricana . Además, los enfrentamientos entre varios grupos locales y los bandidos armados aumentan la inseguridad y la violencia. Gabriel Sánchez acaba de volver del país tras un año como coordinador general.

© MSF

 

¿Nos podrías contar brevemente por qué la violencia se ha recrudecido en RCA en los últimos meses pese al acuerdo de paz?
La violencia nunca se ha ido, siempre ha estado ahí. A veces es fruto del conflicto político entre el gobierno y los grupos armados del norte del país, y a veces es de otro tipo: bandidaje o conflictos intracomunitarios. En esta ocasión, y desde hace unos meses, algunos de los grupos o facciones rebeldes que habían firmado acuerdos de alto el fuego durante 2007 y 2008 se han reactivado después de ciertos desencuentros ligados al proceso de paz y eso ha generado una nueva escalada de violencia política.    

¿Qué consecuencias humanitarias / médicas han tenido estos ataques para la población?
La consecuencia más relevante de los últimos ataques ha sido el desplazamiento de población, una constante en RCA desde hace años. Esta vez ha afectado a algunas regiones concretas, por donde la población ha huido por miedo a los combates y a las posibles represalias. Algunos ataques se han producido incluso en los lugares donde la población se había refugiado, lejos de los combates. El periodo en el cual se han producido los desplazamientos ha sido crítico: al inicio de la estación de lluvias,  en el pico anual de paludismo y en el periodo de siembra. Todos esos factores han hecho especialmente duras las condiciones de vida en los campos y los bosques donde se han refugiado, y amenazan la precaria seguridad alimentaria de la zona al impedir el desarrollo normal de los trabajos agrícolas.   

¿Qué estamos haciendo para atender a esas necesidades? ¿Cuales son las dificultades con las que nos encontramos?
Trabajar en un lugar de conflicto siempre es complicado. Que la asistencia llegue sin poner en riesgo la vida de los pacientes o de los equipos es un reto constante. Pero en RCA además se da la circunstancia de que las personas que MSF debe asistir durante los episodios de emergencia se hallan lejos, en lugares a los que es difícil llegar y tienen miedo, mucho miedo. Las necesidades por cubrir son siempre las más básicas porque vivir desplazado y en el bosque, sin la menor infraestructura, te hace muy vulnerable. Los propios desplazados y sus autoridades tradicionales requirieron de las escasas organizaciones presentes en la región atención primaria de salud, abrigo, utensilios de cocina y comida. MSF ha podido asistir negociando con los grupos armados que actúan en la zona y coordinando acciones con otras organizaciones. La garantía de un acceso independiente a los desplazados y en condiciones de seguridad para todos hay que negociarlo día por día.    

¿Cuál es nuestra intervención actualmente?
El proyecto de MSF en Kabo está pensado en dos componentes. Uno estable, con un hospital de alrededor de 100 camas y un amplio catalogo de servicios disponibles para la gente: consultas externas, hospitalización, cirugía de urgencia, programas de enfermedades como VIH/sida y tuberculosis y salud materno-infantil. El segundo componente consiste en atender rápidamente las urgencias o crisis que sufre periódicamente la región siendo reactivos e intentando que las personas afectadas directamente por la violencia, una epidemia o el desplazamiento reciban asistencia adecuada en salud o abrigo. Durante los acontecimientos de los últimos meses, los dos componentes han estado en funcionamiento. Los hospitales no han cerrado un solo día, los equipos mantenían abiertos los servicios y el acceso a las estructuras de salud estaba garantizado. Lo que pasa es que una parte de la población no podía llegar libremente al hospital a causa del miedo, los combates o el desplazamiento, y por ello ha sido MSF quien ha debido salir a los caminos y los campamentos para hacer consultas, distribuir material de supervivencia o asistir a las personas que no podían llegar normalmente a los centros de salud.      

¿Cómo se ha hecho?
Los desplazados se han ido más lejos de las carreteras que nunca ya que eran atacados incluso dentro del bosque. Esto ha provocado muchas dificultades para asistirles e incluso para comunicarnos con ellos. Por ello, MSF ha tenido que poner en práctica nuevos tipos de clínicas móviles con bicicletas y andando para llegar hasta 12 kilómetros dentro del bosque. 
  
¿Estamos viendo problemas de salud mental entre la población?¿hay planes para intervenir?
Es evidente que tras años de violencia las personas acumulan traumas, miedo, problemas de comportamiento. Algunos desplazados nos contaban que habían tenido que huir tres veces en año y medio y están muy cansados de esta inestabilidad constante. El miedo está siempre presente en las conversaciones con ellos: el miedo a la violencia física y el miedo a que quemen y saqueen sus casas. Hemos podido constatar un aumento considerable de los cuadros de estrés y de otros diagnósticos inespecíficos que podrían estar ligados a ello: ansiedad o insomnio, por ejemplo. 

MSF en RCA tiene una enorme experiencia en la atención a pacientes afectados directamente por la violencia, como los heridos o contusionados, o en el manejo sanitario de situaciones de desplazamiento. Sin embargo, todavía tenemos que mejorar en el tratamiento de las secuelas psíquicas del conflicto y en el apoyo psicosocial a  las victimas. El paquete de servicios que MSF ofrece en contextos de violencia es integral, y durante los combates del pasado mes hemos intentado desarrollar también el componente psicosocial.       

¿Qué dificultades hay para trabajar con la enfermedad del sueño en un entorno de conflicto? Si la gente  es víctima de la violencia y se ve forzada a desplazarse, ¿es difícil mantener el tratamiento en un contexto tan volátil?
Se ha avanzado mucho en la adherencia al tratamiento y la casi totalidad de los pacientes lo culminan. También hemos mejorado la detección de enfermos haciendo búsqueda activa en todos los barrios de Batangafo y las aldeas de alrededor. El problema, sin embargo, es que tenemos que ir mas allá en esa búsqueda adentrándonos en zonas tradicionalmente inseguras pero con muy probables altas tasas de prevalencia. Hay que tener en cuenta que el foco de tripanosomiasis humana africana del norte de RCA es uno de los más activos del mundo en este momento. 

En cuanto a los desplazamientos de población, el mayor impacto no lo tiene sobre el desarrollo de los tratamientos sino en el seguimiento posterior y la realización de los controles. Con ellos podríamos detectar las recaídas y seguir los procesos de curación, pero en Batangafo todo ello no ha sido posible todavía debido al contexto. 

¿Tenemos problemas para acceder a las zonas periféricas? ¿Cuáles son los retos de la búsqueda activa de casos?
Los equipos han podido diagnosticar a más de 30.000 personas y tratar a más de 1.000 desde 2006.  La participación de la gente es masiva y supera el 80% sobre el total de habitantes. El problema ahora es poder trasladar esta estrategia, que funciona y que MSF ha podido poner en práctica en otros lugares, a zonas tradicionalmente inseguras o donde, debido a la nula presencia del Estado, la población no tiene un mínimo acceso a la salud . El objetivo ahora es crecer en capacidad de diagnostico y tratamiento sin poner en riesgo el programa y adentrándose en pueblos que han estado desatendidos todos estos años a causa de la violencia.