ENTREVISTAS

19.04.2007

RCA: miles de desplazados tienen demasiado miedo para regresar a casa

Entrevista con Akke Boere, coordinador de terreno de MSF en Birao, en la provincia de Vakaga en el noreste de República Centroafricana (RCA).

© MSF

Cuando la capital de la provincia de Vakaga se convirtió en el foco de fuertes luchas entre el ejército y los rebeldes, el 3 y 4 de marzo, MSF tuvo que suspender sus programas de asistencia médica y evacuar su personal. Ahora, la organización ha reanudado las actividades y el coordinador del proyecto, Akke Boere, describe la situación actual.

El equipo volvió a la provincia de Vakaga el 20 de marzo, aproximadamente dos semanas después del ataque. ¿Cómo era la situación cuando llegasteis?
Nos encontramos con una ciudad que todavía estaba en su mayor parte vacía, ya que la mayoría de la población había huido al bosque o a las aldeas de los alrededores. También nos encontramos que dos tercios de la casas habían sido incendiadas. A pesar de que la gente está empezando a volver, parte de la población de Birao (que según estimaciones del Gobierno era de unas 6.000 personas antes del ataque) aún está desplazada. Y no es la primera vez que esto pasa: un ataque anterior en octubre del año pasado también obligó a la población de Birao a huir de sus casas. Así que en marzo, la gente fue desplazada por segunda vez en cinco meses.

¿Cuál es la situación actual en Birao?
Aunque existe un mercado y unas escuelas que han reabierto, la situación está lejos de ser normal. Habitualmente 350 estudiantes van a la escuela, pero ahora solo entre 70 y 80 niños están yendo a clase. Esto muestra que mucha gente no ha vuelto o que no se siente cómoda de volver a reprender sus actividades cotidianas en la ciudad. En este momento hay una fuerte presencia militar en Birao y aunque actualmente la situación está calmada, es difícil predecir qué es lo próximo que puede pasar y la gente sigue teniendo miedo.

¿Puedes describir cómo es la situación humanitaria en la provincia de Vakaga en general?

En el área de Ouandja, los enfrentamientos entre los grupos armados han llevado a que se saqueen y se quemen pueblos enteros. Hasta 15.000 desplazados todavía están escondidos en el monte donde intentan sobrevivir en las más primitivas condiciones de vida. La mayoría de la población de la provincia –estimada entre 35.000 y 55.000 personas– no tiene ningún acceso a la salud. Los puestos de salud han sido abandonados, muchos de los pocos sanitarios han huido del área y los suministros médicos no han llegado a muchas partes de la provincia desde que empezaron los enfrentamientos.
Y hay que tener presente que la población de esta región ya vivía una situación de crisis desde antes de los recientes ataques a Birao. Los incidentes agravaron la situación pero en toda la provincia la gente ha sufrido la violencia desde el pasado octubre.

¿Cómo imaginas que es la vida en el monte?
Es muy difícil imaginar cómo es la vida en el monte. Hay gente que vive literalmente debajo de los árboles. Han construido refugios temporales en el bosque e intentan cavar agujeros para conseguir agua para poder sobrevivir. Aunque todavía no hemos podido entrar en el monte recientemente para ver exactamente cómo está viviendo esta gente, puedo decir que las condiciones son muy, muy básicas.

¿Qué está haciendo MSF para asistir a esta población?
Tenemos dos equipos médicos en Birao y Gordil, que proporcionan asistencia médica en la clínica local dos veces a la semana. Durante el resto de la semana, los dos equipos visitan varios pueblos en los alrededores de Birao y Gordal. En estos casos, el equipo móvil, que está formado por cuatro o seis personas, llega a un pueblo en coche, con un importante stock de medicamentos y pasa consulta semanalmente. El equipo es capaz de visitar hasta 150 pacientes diarios por clínica. La mayoría de los paciente vienen del bosque para visitarse en nuestra clínica y vuelven a esconderse después. Creo que esto muestra muy bien su miedo.

¿Qué impacto tienen las condiciones de vida en el bosque en la salud de la población?
Los principales problemas de salud están estrechamente relacionados con la falta de un refugio adecuado y con las necesidades básicas como el agua potable o la comida. Las enfermedades más comunes que tratamos son enfermedades prevenibles como la malaria, diarrea, infecciones respiratorias y enfermedades de la piel.

¿También estáis proporcionando material de primera necesidad para la gente desplazada?

En el pasado, después de los primeros brotes de violencia en Vakaga en octubre, suministramos material de refugio, mantas y jabones. En este momento estamos enviando el material. Ésta es un área donde es muy difícil la logística pero esperamos reanudar la distribución de material de ayuda lo más pronto posible.

¿Cuáles son las restricciones más importantes para MSF en este momento?
La seguridad es una preocupación. Ahora mismo, la situación está tranquila pero estamos constantemente monitoreando para poder decidir cada día si podemos ir por carretera y hacer nuestro trabajo. También la falta de personal local sanitario cualificado. La mayoría de ellos han huido por los enfrentamientos recientes y de hecho no hay médicos ni enfermeros en las estructuras de salud locales, esto claramente limita nuestra capacidad, y la del gobierno, de dar atención sanitaria.

Además, las condiciones en las que se encuentran las carreteras son muy malas; se incrementa el tiempo que se pasa conduciendo y a su vez se reduce el tiempo que los equipo pueden estar con los pacientes. Esto irá a peor durante la estación de lluvias que está llegando, sin embargo confiamos en poder continuar llevando a cabo la atención sanitaria durante este período. Hasta ahora, MSF es la única organización humanitaria internacional que da asistencia en la provincia de Vakaga y esperamos que más actores vengan a esta región olvidada.

¿Cuál es la principal necesidad de la población en Vakaga?
A parte de refugios, agua limpia, saneamiento, utensilios domésticos básicos y atención sanitaria, la población necesita desesperadamente seguridad. Los residentes en el área de Ouandja y Birao están literalmente atrapados en medio del conflicto. Sólo cuando se empiecen a sentir a salvo, los desplazados podrán volver a sus casas y a sus vidas normales.