Resumen del año 2010
Por Aitor Zabalgogeazkoa
Director General de MSF España
En enero de 2010 estábamos preparados para un año intenso y lleno de retos. La devastación del terremoto en Haití tuvo el efecto de trastocar casi todas nuestras previsiones. La reacción extraordinaria, el trabajo incansable de los equipos y la convicción de todos los que componemos Médicos Sin Fronteras (MSF) de que estábamos ante una tragedia que nos exigía ir un paso más allá, hizo de la respuesta al terremoto y la posterior epidemia de cólera en Haití un ejemplo de intervención. Supuso aumentar masivamente la dinámica de emergencias en entornos urbanos volátiles, la atención hospitalaria y quirúrgica, y las actividades contra el cólera. A pesar de que fue el terremoto lo que originó la intervención masiva en Haití, muy pronto los equipos empezaron a atender a víctimas de violencia urbana, así como las constantes emergencias obstétricas que el debilitado sistema de salud, tanto público como privado, había dejado de atender. Esta intervención se tradujo en la mayor intervención de la historia de MSF.


Conflictos, violencia directa y desplazamientos

Además de la intervención en Haití, en 2010, gran parte de nuestro esfuerzo y nuestro compromiso ha estado del lado de las poblaciones afectadas por crisis en África. El 60% de nuestros proyectos continúan estando en este continente. Durante el año, la actividad se ha incrementado en 11 proyectos, así que hemos pasado de 37 proyectos en 2009, a 48 a finales de 2010. El aumento se ha producido en la respuesta a necesidades de poblaciones víctimas de conflictos, violencia directa e indirecta, y en situación de desplazamiento. Haití no fue la única ocasión en que nuestros equipos se esforzaron en llegar a víctimas de epidemias, crisis nutricionales, episodios de violencia aguda o desastres naturales. Los equipos respondieron a 39 emergencias en 2010.

Más de la mitad de nuestra actividad está centrada en responder a las necesidades más inmediatas de víctimas de la violencia. Se han reforzado componentes clave de la asistencia en entornos de conflicto, incorporando la atención a víctimas de violencia sexual, el apoyo de salud mental, la distribución de artículos de primera necesidad y las actividades de agua y saneamiento. El esfuerzo ha sido notable en la expansión de la atención hospitalaria. La cirugía y las urgencias generales y obstétricas fueron reforzadas en Yemen, República Centroafricana (RCA), República Democrática del Congo (RDC), Somalia y el sur de Sudán.


Inseguridad y migraciones

Redoblamos esfuerzos para hacer llegar la atención a comunidades donde las condiciones de seguridad o las dinámicas de la violencia hacían muy difícil identificar un espacio viable de intervención. Hay que resaltar los esfuerzos en Colombia por continuar afinando el equilibrio más eficaz entre la movilidad y la resolución médica. Darfur, Yemen, República Centroafricana (RCA), República Democrática del Congo (RDC) y Somalia son ejemplos de la determinación de nuestros equipos en superar obstáculos. Incrementamos nuestra respuesta, buscando alternativas que permitieran un buen equilibrio entre el impacto de nuestra acción y la exposición de nuestros equipos.

En Marruecos continuamos trabajando no sólo en cubrir las necesidades de las poblaciones migrantes, sino en particular de las víctimas del tráfico de personas y para las que la atención médica tiene un impacto mayor. Ante el aumento de migrantes en la frontera entre Turquía y Grecia, las muy duras condiciones del invierno y la insuficiente reacción de las autoridades griegas y de la Unión Europea, la reacción de nuestros equipos fue responder de forma inmediata a las necesidades médicas agudas y de abrigo de estas personas en tránsito.


Enfermedades endémicas y epidémicas

Nuestra acción no se redujo a la respuesta a la violencia y las consecuencias de los conflictos. La integración del tratamiento de VIH y tuberculosis (TB) continuó siendo un reto, y en RCA y en Zimbabue se obtuvieron los mejores resultados.

En Somalia y en RDC hemos comenzado a tratar la TB, después de intentarlo durante años y a pesar de las difíciles condiciones sobre el terreno. La atención destinada a la prevención de la transmisión del VIH de madre a hijo continuó siendo una prioridad y, a pesar de las muchas dificultades que entraña este componente, se hicieron avances definitivos en Zambia, RCA y Zimbabue.

Los proyectos dedicados al tratamiento de personas con enfermedades olvidadas han avanzado en estrategias adaptadas para llevar diagnósticos y tratamientos al mayor número de pacientes. En India, los equipos continuaron tratando de manera muy efectiva a pacientes de kala azar, con unas tasas éxito terapéutico de más del 95%. Varios proyectos iniciaron el tratamiento de la tripanosomiasis humana africana (THA) con la nueva terapia combinada nifurtimox-eflornitina. Y a los proyectos de Chagas en Bolivia se sumó el proyecto de Boquerón, en el Chaco de Paraguay, donde los equipos trabajan en lugares de alta prevalencia de la enfermedad y se enfrentan a nuevos desafíos para llevar un tratamiento de calidad y viable a los que más lo necesitan. La incidencia política y ciudadana ha sido una herramienta fundamental a la hora de perseguir los objetivos de los proyectos de enfermedades olvidadas y desafiar políticas e intereses que perpetúan la falta de acceso a diagnósticos y tratamientos.


Retos médicos y operacionales

Aumentar el impacto directo de nuestra acción implica reforzar nuestra presencia y acción en el segundo nivel de atención: el hospitalario. Lejos de estar satisfechos, debemos admitir que el resultado del trabajo, la perseverancia, la visión y, en muchos casos, la imaginación de nuestros equipos ha dado resultados remarcables a lo largo del año. Por su volumen y su impacto en las estrategias de prevención de la desnutrición, es importante destacar la distribución de un suplemento nutricional adaptado que se hizo en Níger en 2010.

Los avances en nuestra acción fueron más modestos en otras áreas prioritarias como obstetricia y ginecología, vacunación y enfermedades crónicas. Sin duda, se nos quedaron cosas importantes por el camino. Debemos continuar exigiéndonos un trabajo más organizado y constante de seguimiento de la calidad de nuestra atención, así como de la pertinencia y el impacto de nuestros proyectos. Continuamos encontrando dificultades para responder adecuadamente a las necesidades complejas de las víctimas de violencia sexual y de género. A pesar de los éxitos y los esfuerzos, continuamos estando parcialmente satisfechos de nuestra capacidad de articular estrategias de incidencia que complementen nuestra acción en el terreno y supongan una influencia positiva para las poblaciones con las que trabajamos.

Tenemos que seguir trabajando duro en entornos muy complejos, donde factores como la inseguridad generalizada, las hostilidades y barreras burocráticas, las dificultades de coordinación, las deficiencias del sistema de ayuda, el oportunismo, la ineficiencia o las ambigüedades merman la ayuda. Para ello debemos reforzar nuestra capacidad de incidencia, con la legitimidad que nos confieren nuestros socios y colaboradores, y buscar nuevos elementos de apoyo. Por ejemplo, Latinoamérica está llena de oportunidades para reforzar nuestra respuesta a emergencias, las relaciones con la comunidad científica o temas de comunicación.

Nada de lo que estamos hablando sería posible sin vosotros. La más que generosa aportación de la sociedad tras el terremoto en Haití contrarrestó en cierta medida los efectos esperados de la crisis económica. La campaña de incidencia ciudadana y de captación de fondos, Pastillas contra el dolor ajeno, tuvo una enorme repercusión, tanta que seguiremos con ella en 2011. El aumento de los socios, más de 266.000 en España a finales de 2010, volvió a exceder nuestras expectativas. El sólido respaldo que nos brindáis permitió invertir más esfuerzos y recursos que nunca en la misión social de MSF. En ello estamos. Gracias.





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