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Chad: la población civil atrapada en el conflicto

15.09.2009
© Aloïs Hug

Los combates que azotaron Yamena, la capital de Chad, a principios de febrero fueron de una violencia sin precedentes. Durante dos días, fuerzas rebeldes y el ejército se enfrentaron por el control de la ciudad mientras la población quedaba atrapada entre el fuego cruzado. El balance de víctimas fue muy duro: más de 270 muertos y cerca de 1.000 heridos, muchos de las cuales no pudieron acceder a los hospitales hasta que cesaran los combates. En el hospital Bon Samaritain, un equipo quirúrgico de MSF trató a más de 110 heridos en una semana.

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Jean, un herido tratado en el hospital Bon Samaritain:
"Era sábado, sobre las seis de la tarde. Me encontraba delante de mi casa cuando, de repente, hubo un ataque en el puente. Nos dijeron que huyéramos del barrio, pero no tenía adónde ir. A final, nos refugiamos en una cabina telefónica. Cayó un proyectil y me alcanzó un fragmento. Otras tres personas murieron. Vi sangre; no me podía mover. Alguien fue a buscar un carro para llevarme al hospital pero todos estaban cerrados. Al final nos volvimos a casa. Ahí me pusieron un vendaje y el lunes, cuando cesaron los combates, me llevaron al hospital".

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El Hospital Central se encontró en el centro de los combates. Los pocos médicos y enfermeros que se quedaron tuvieron que atender a más de 250 heridos. Sólo el día que cesaron las hostilidades un equipo de MSF pudo acceder al hospital para prestar apoyo. "El hospital se encontraba demasiado cerca de los combates, tuvieron que atender lo más urgente: muchas veces no pudieron operar a los heridos, sólo parar la hemorragia, aplicar un vendaje y mandarlos de vuelta a casa", explica Meinhard Kritzinger, un médico anestesista de MSF. "Por eso vimos muchos pacientes volver la semana siguiente con heridas de varios días".

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Miles de personas huyeron al vecino Camerún, al otro lado del río Logone. Los refugiados se desperdigaron por la ciudad de Kuseri, cerca de la frontera. Muchas familias se instalaron debajo de los árboles o en las escuelas, con los pocos bienes que pudieron llevar en su huida. Rápidamente se hizo sentir la falta de agua, alimentos y abrigo.

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Los equipos de MSF fueron de los primeros en intervenir en Camerún. Se abrieron varias clínicas en los lugares donde se habían reagrupado los refugiados. En las consultas, los equipos médicos observaron muchos casos de diarreas y de infecciones respiratorias, unas patologías típicas en las condiciones de precariedad en las que vivían los refugiados.

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En Madana, el principal centro de reagrupamiento de refugiados, MSF instaló puntos de distribución de agua y distribuyó bienes de primera necesidad: mantas, bidones, mosquiteras y lonas de plástico.

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Para evitar posibles epidemias, MSF también llevó a cabo una campaña de vacunación masiva para la población refugiada y residente. En dos días, más de 5.600 niños fueron vacunados contra el sarampión.

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Dos semanas después del fin de los combates, muchas personas ya habían vuelto a Yamena. Cada día se podían ver decenas de familias emprender el viaje de vuelta. La actividad en la capital chadiana volvió poco a poco a una cierta normalidad, primero en los barrios periféricos y luego en el centro.

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Muchos, sin embargo, no quisieron regresar a Yamena. Por temor a nuevos combates y por miedo a las represalias del ejército contra los que apoyaron a los rebeldes y contra los saqueadores. "No puedo regresar donde hay balas perdidas", contaba Fátima, una viuda que se había refugiado en Camerún. "Ya estoy harta de todo esto; es la cuarta vez que vivo este tipo de enfrentamientos. Ya he perdido a mi marido y mi hermano mayor. Cada vez somos nosotros los pobres los que morimos".

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Los que no querían o no podían volver a Yamena, la ONU los trasladó a un campo a unos 30 kilómetros en el interior de Camerún. Un lugar inhóspito, pero más seguro ya que está más alejado de la frontera. Allí todos recibieron una tienda y alimentos.

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Mientras la situación se normalizaba en Yamena, saltó la alarma en el este de Chad. Miles de refugiados habían llegado del vecino Darfur después de una ofensiva del ejército sudanés en la región de Jebel Moon. Huyendo de los bombardeos y de los ataques de milicianos, muchas familias se fueron con lo puesto. Se instalaron en la zona de Birak, en Chad, donde sobreviven en condiciones muy precarias.

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Más de 30 heridos llegaron al centro de salud de Birak, una zona aislada e inestable del este de Chad donde MSF lleva un año trabajando. Los casos más graves fueron trasladados de inmediato al hospital de Guéréda, a unas tres horas de carretera. "Los muertos los dejamos atrás, incluso tuvimos que dejar a algunos heridos. Nos fuimos sin darnos la vuelta", explicaba una refugiada a su llegada a Birak.