Y Kanda está también recuperado. Nos enseña orgulloso su juguete favorito: una vieja rueda de bicicleta que según nos cuenta él es en realidad una moto. “Las píldoras para la malaria saben un poco amargas”, se queja, pero también sabe que gracias a ellas ahora está mejor. “Cuando sea mayor, quiero una moto de verdad”, nos dice entre risas. Medio segundo más tarde sale corriendo de la casa para ir a jugar de nuevo con sus amigos.
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