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Tegucigalpa: la ciudad del humo

02.09.2010

Los casos por infección de dengue se disparan en Honduras

© Juan Carlos Tomasi
© Juan Carlos Tomasi

El dengue, endémico en América Central, es una enfermedad viral transmitida por los mosquitos del género Aedes, cuyos síntomas clásicos muchas veces son similares a los de un estado gripal, y que pueden incluir dolor de cabeza, picos febriles, náuseas, dolores abdominales y erupciones cutáneas. La forma más grave en la que se manifiesta la enfermedad es el dengue hemorrágico, que produce sangrados y puede generar un shock irreversible, causando la muerte.

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En Honduras, el dengue clásico registró en 2010 un aumento significativo en comparación con 2009, con más de 50.000 casos en lo que va del año. Sin embargo, la característica más preocupante de este brote es la prevalencia del dengue hemorrágico, con más de 1.500 casos y 160 muertes, un incremento del 1850% en comparación con 2009.

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“Yo conocía el dengue anterior”, explica doña Herminia Moncada, habitante de una de las casas inspeccionadas por MSF y cuyo hijo estuvo recientemente internado a causa de la enfermedad. “Pero éste es distinto. Este dengue mata.”

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Con el objetivo de apoyar al sistema de salud local frente a un brote epidémico de dengue, Médicos Sin Fronteras (MSF) realiza una intervención de emergencia en Tegucigalpa, la capital de Honduras, donde se ha constatado el índice más alto de afectados.

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MSF ha centrado su actividad en tres ejes: atención médica, control vectorial y educación comunitaria, en un tipo de intervención relativamente nuevo para la organización, que pocas veces trabaja con la problemática del dengue en un proyecto de este tipo.

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Angelina, de 4 años, permanecía acostada, llorando cada vez que un integrante del equipo médico se acercaba. Sólo su madre podía darle el suero necesario. A los dos  días de tratamiento en la sala de MSF, Angelina ya está sentada en su cama, sonriendo y dibujando.

Por lo general, los padres no cuentan con nadie que los releve, y a veces pasan muchos días sin dormir, atendiendo a sus hijos. Por esta razón, el soporte emocional a los padres es un componente más de la intervención.

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Para contribuir a descongestionar los hospitales desbordados, MSF reacondicionó una sala de emergencia en el Hospital San Felipe, en los suburbios de Tegucigalpa, que brinda atención a niños menores de 15 años que presentan síntomas de la enfermedad.

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Durante su estadía en la sala, el tratamiento para los niños consiste en hidratación y reposo. No existe una vacuna o medicamento específico contra el virus del dengue; el personal médico sólo puede controlar los síntomas y tratar las consecuencias, esperando que el propio cuerpo se estabilice.

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Ithian Asael Morgan, de 5 meses, estuvo ocho días internado, y ya se prepara para recibir el alta. “Sólo la mamá podía quedarse, porque tenía que darle el pecho”, explica su abuela.

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Anthony, que también lleva varios días internado en el Hospital San Felipe, tuvo una recaída luego de una leve mejoría. “Estoy preocupado porque le han vuelto a bajar las plaquetas. Le suben, le bajan y así es. Hay que esperar”, explica su padre, Víctor Manuel Amador, que no se separa de su lado.

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Lucía Isammar Elvir, de 5 años, ya está lista para ser dada de alta. Luego de 5 días de internación, espera impaciente la llegada del médico con su bolso preparado, y pide: “Quiero estar en mi casa para jugar; quiero pintar y dibujar”.

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Si bien el tratamiento suena sencillo, la hidratación oral presenta sus complejidades: el suero debe suministrarse con mucho cuidado para evitar la sobrecarga de líquidos, ya que el dengue altera la permeabilidad de los vasos sanguíneos y se corre el riesgo de que los líquidos terminen alojándose en distintas partes del cuerpo, provocando complicaciones como edemas pulmonares.

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El personal sanitario de MSF también trabaja en la educación de los acompañantes de los niños internados, tomándose el tiempo para explicarles cómo administrar los líquidos de forma regular a sus hijos. “Yo atribuyo mucho del éxito de la intervención médica a la colaboración de los padres”, señala la doctora Elisabeth Bragança, a cargo de la sala de emergencia pediátrica de MSF.

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Además de brindar atención médica, MSF interviene para hacer frente a esta emergencia a través del control vectorial, para evitar la propagación del mosquito transmisor de la enfermedad. De forma coordinada con la Secretaría de Salud, los equipos de MSF se encuentran trabajando a través de brigadas móviles en la colonia Manchen, en un barrio periférico de Tegucigalpa.

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Los mosquitos que transmiten el dengue se crían en agua estancada, por lo que el manejo adecuado de ésta en las viviendas es central. Para concientizar y educar a la población sobre cómo mantener el agua almacenada libre de larvas y evitar la acumulación de basura donde se deposite agua, un equipo de educadores de MSF recorre el barrio, identificando los posibles focos infecciosos y explicando a sus habitantes cómo evitar la propagación del vector.

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El hincapié está puesto en modificar los hábitos y costumbres sociales, involucrando a las personas en la lucha contra el dengue, haciéndolos participar y colaborar en la limpieza de su propia casa.

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Las mismas brigadas se encargan de la abatización, un proceso mediante el cual se trata con un producto químico el agua para evitar que las larvas puedan reproducirse.

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La acumulación de basura es otro aspecto preocupante. Al tratarse de familias de escasos recursos, el tratamiento de los residuos presenta sus dificultades. María Mercedes Suazo Bustillo, de 89 años, cuenta que, desde que una habitación al fondo de su vivienda se desmoronó, no ha podido deshacerse de todos los escombros y muebles inutilizables. “Yo soy pobre y nos cobran mucho dinero por tirar todo esto, por eso no puedo hacerlo.”

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Las visitas de los educadores permiten generar en las familias la confianza necesaria para que luego los equipos de fumigación de MSF puedan entrar a las viviendas. El objetivo de esta segunda etapa es interrumpir la reproducción del mosquito, a través de dos ciclos de rociado sobre cada casa, con un intervalo de siete días.

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Hasta el momento, MSF lleva 700 viviendas abatizadas y 400 fumigadas, y planea rociar 4000 casas antes de la finalización de la intervención.