El pueblo Afar, con más de 2.000 años de presencia en el Cuerno de África, habita una de las regiones desérticas más inhóspitas del planeta donde elevadas temperaturas, tormentas violentas, sequías recurrentes y volcanes activos hacen extremas las condiciones de vida.
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Afar: Alambradas en el desierto
Las sucesivas guerras del pasado siglo fracturaron el territorio de los Afar en tres países distintos (Etiopía, Eritrea y Djibouti) con gobiernos contrarios a su independencia. En estos lugares, se han consolidado movimientos políticos y armados que persiguen la reunificación del pueblo Afar.
Pueblo nómada de pastores, los Afar poseen una larga tradición guerrera, incluso entre sus distintas tribus, viviendo en conflicto permanente con los vecinos Issa del sur para extender su dominio sobre las fuentes de agua y las tierras de pasto.
El difícil acceso junto a la fama de hostil de la población han llevado al extremo aislamiento de las zonas rurales. Ahí, la cobertura sanitaria y la escolarización son muy deficientes o inexistentes.
En el verano del 2008, tras el repunte de una sequía que ya llevaba cinco años, gran parte del ganado murió. La población, cada vez más dependiente de la ayuda alimentaria, había agotado todas sus estrategias para obtener recursos. Todo ello, coincidiendo con la subida del precio de los cereales en el mercado internacional, produjo una crisis alimentaria sin precedentes.
Muchas familias se vieron obligadas a migrar a otras zonas. Aquellos que se quedaron vieron como, uno de cada diez niños menores de 5 años caía en malnutrición aguda severa (el equipo de MSF observó una tasa de malnutrición Aguda Severa del 9,7%, cuando se considera que el umbral de la emergencia está en el 2%) Las cifras de mortalidad infantil se dispararon.
En este contexto el equipo de emergencia de MSF empezó en agosto de 2008 una intervención nutricional en el distrito de Teru. Una escuela destruida se habilitó como Centro de Estabilización para aquellos malnutridos que necesitaran terapia y seguimiento intensivos. Además, un equipo móvil visitaba semanalmente siete emplazamientos distintos donde se realizaba el tratamiento nutricional de forma ambulatoria.
El equipo tuvo que afrontar grandes retos: colaborar con una población reticente a la presencia extranjera, compartir objetivos con líderes tribales, garantizar el acceso y la seguridad de los equipos a lugares aislados y habilitar las infraestructuras necesarias.
En la sociedad Afar el diálogo es el único puente para ganarse la confianza, pero el enorme orgullo y autonomía que goza cada individuo puede llevarles, en ausencia de su líder, a erigirse en representantes o querer imponer su voluntad. Siendo ley entre los Afar que todo hombre que pueda permitírselo posea un arma, desencuentros puntuales degeneraban a menudo en amenazas o violencia.
Largas negociaciones se realizaban periódicamente con los jefes tradicionales de los kebeles (municipios) o con los responsables del distrito para transmitir los principios de MSF y los objetivos y funcionamiento del programa.
A lo largo de la intervención, se llevaron a cabo evaluaciones periódicas, tanto nutricionales como de seguridad alimentaria, para evaluar el impacto del proyecto y adaptar mejor nuestra estrategia en este contexto tan complejo.
A pesar de las numerosas reuniones con los líderes locales y la participación de jóvenes afar en el proyecto, la ceptación de MSF fue lenta y progresiva. Al final, fueron las madres con hijos beneficiarios en el programa quienes más se identificaron con nuestra metodología y objetivos. A los 4 meses, 818 niños malnutridos severos habían sido admitidos en el programa.
En noviembre de 2008, en medio de la estación seca, unas lluvias inesperadas cambiaron por completo la evolución de la crisis: la mayor calidad del agua disminuyó de forma drástica el número de diarreas (primera patología en mortalidad infantil) y con el aumento de las zonas de pasto se aseguró la capacidad productora de leche del ganado (una de las principales fuentes de alimentación).
En medio de esta mejora llegó un incidente: un coche MSF fue víctima de una mina colocada en la ruta a uno de los asentamientos donde actuaba el equipo de nutrición ambulatorio. Una enfermera expatriada resultó herida y tuvo que ser evacuada fuera del país.
La población manifestó su rechazo organizando grupos de voluntarios armados para buscar a los culpables, apoyando a las fuerzas armadas del gobierno.
MSF tuvo que suspender las actividades temporalmente y evacuó la base por completo, al mismo tiempo que se iniciaban las investigaciones.
Con todo, el duro trabajo realizado por los equipos de terreno junto a las distribuciones alimentarias y las lluvias inesperadas de noviembre, fueron suficientes para cambiar las cosas.
Una evaluación rápida nutricional realizada en enero 2009 demostró la caída de la Malnutrición Aguda Severa del 9,7% identificado en el mes de agosto, al principio de la intervención, a menos de un 2%. Esto, y el aumento de la inseguridad, llevaron al cierre del proyecto.
Tras todo este tiempo y las dificultades vividas, permanece el agradecimiento silencioso en las miradas de las madres.
