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Dadaab, Kenia: los refugiados somalíes luchan por su supervivencia
Refugiados somalíes que huyen de la sequía y la violencia llevan a sus hijos enfermos y desnutridos a un centro nutricional de MSF en la periferia de uno de los campos de Dadaab, en Kenia. El 21 de julio había 10.000 personas registradas en el programa nutricional de MSF.
Refugiados esperando en el centro de acogida de Dagahaley, uno de los tres campos en el complejo de Dadaab, al norte de Kenia. El registro de los recién llegados puede tardar hasta dos meses, lo que significa importantes retrasos a la hora de recibir unas muy necesarias raciones de alimentos.
Una refugiada utiliza ramas y trozos de tela para construir una choza para su familia. No hay espacio para la mayoría de los recién llegados a los campos de Dadaab, por lo que los miles de personas que llegan cada semana tienen que hacerse un sitio en el desierto de los alrededores. MSF estima que a finales de 2011 habrá 500.000 refugiados en estos campos que inicialmente fueron construidos para albergar a 90.000 personas.
Refugiados somalíes esperan para ser registrados oficialmente y recibir una cartilla de racionamiento de alimentos. Como pueden tardar hasta dos meses en conseguir su primera ración de comida, muchos refugiados ya asentados en el campo comparten su comida con los recién llegados.
La Dra. Luana Lima atiende a pacientes en el hospital de MSF en Dagahaley. Los equipos de la organización están viendo un número muy elevado de niños desnutridos, especialmente los que viven en la periferia del campo.
Esta madre de seis hijos viajó a pie desde Somalia hasta Dadaab. Su hijo menor está desnutrido y recibe tratamiento en el hospital de MSF en Dagahaley. El personal de MSF no sólo está viendo a niños que han llegado desnutridos al campo, sino también a otros que han caído en la desnutrición durante su estancia en el mismo.
Un niño desnutrido descansa con su madre en el hospital de MSF en Dagahaley. Decenas de miles de refugiados somalíes han llegado a los abarrotados campos huyendo de la incesante violencia en su país y de una devastadora sequía que ha provocado escasez de alimentos y la subida de sus precios. Muchos, especialmente los niños, llegan desnutridos.
Una bala fracturó el brazo de este pequeño cuando quedó atrapado en un tiroteo en Somalia. Antes de huir a Kenia con su familia, fue atendido por los médicos del hospital de MSF en Marere, en la región somalí del Bajo Juba, el único centro hospitalario de la zona.
Un médico de MSF examina a la madre de un niño desnutrido en el centro de nutrición terapéutica del hospital de MSF en Dagahaley (Dadaab). Actualmente, MSF está tratando a más de 2.400 niños con desnutrición aguda en su programa de nutrición terapéutica ambulatorio, 130 casos graves están hospitalizados y más de 5.000 con desnutrición moderada están registrados en el programa de nutrición suplementaria.
Jóvenes refugiados somalíes esperan a ser vacunados por el personal sanitario de MSF.
Un niño con desnutrición severa es alimentado con una sonda nasogástrica en el hospital de MSF en el campo de Dagahaley (Dadaab). En una evaluación nutricional realizada en las afueras de uno de los campos, MSF detectó que el 37,7% de los niños entre 6 meses y 5 años sufrían desnutrición aguda, y que el 43,3% de los niños entre 5 y 10 años estaban desnutridos.
Una ambulancia de MSF llega al centro de acogida de Dadaab para recoger a personas que necesitan atención médica urgente. Muchos refugiados somalíes, especialmente los niños, llegan al campo en un grave estado de desnutrición. Algunos no logran sobrevivir al viaje.
Hombres cavando una tumba para una mujer somalí de 35 años, madre de cinco hijos. Hacía dos meses que habían llegado a Dadaab, en Kenia, tras un viaje de 289 kilómetros desde el distrito de Sakow, al sur de Somalia. Todos sus hijos sobrevivieron.
Tumbas recientes en Dagahaley, dentro del complejo de campos de refugiados de Dadaab. Muchas personas llegan al campo desnutridas y débiles tras un penoso viaje huyendo de la sequía y el conflicto en Somalia; algunas no sobreviven.
Una madre y su hijo han encontrado refugio en la periferia de los campos de Dadaab.
Un pequeño refugiado somalí ante el refugio que su familia hecho con ramas y cualquier material que han podido encontrar en el linde del complejo de Dadaab. Para las personas asentadas fuera de los límites oficiales de los campos resulta más difícil acceder a comida y a agua limpia.
Un grupo de refugiados somalíes recién llegados espera en el centro de recepción oficial de Dadaab. Mientras miles de personas llegan cada semana a Dadaab huyendo de la crisis nutricional en Somalia, otras muchas se dirigen a la capital somalí, Mogadiscio, y a Etiopía en busca de asistencia.
Una escuálida vaca pasa por delante de un refugio en el campo de refugiados de Dadaab. La sequía ha diezmado el ganado de muchas familias en el Cuerno de África, dejándolas sin ninguna fuente de alimentos ni de ingresos.
Refugiados somalíes se refugian en la periferia del campo de Dadaab. Miles más llegan cada semana y tienen que asentarse fuera de los límites del campo oficial, donde no reciben asistencia adecuada, y sufren retrasos para registrarse y poder acceder a comida, agua y cobijo.

