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Fístula obstétrica en África: la enfermedad de la marginación
Una mujer con fístula descansando en una cama al aire libre en el campo de MSF en Boguila, República Centroafricana (RCA).
Mujeres relajándose en una de las tiendas del campo de fístulas de MSF en Boguila. En seis semanas, el equipo de la organización operó a 65 mujeres en 2010.
Esther Feibouko, de 28 años, ha tenido cuatro embarazos. Uno de los bebés murió al poco de nacer. Ahora tiene tres hijos de 6, 4 y 2 años. Esther desarrolló una fístula durante el parto de su última hija Abigail, que duró 12 horas. “No me sentía bien conmigo misma cuando me di cuenta que tenía este problema. Se me escapaba la orina al caminar y me sentía muy mal. He oído decir que muchos maridos abandonan a sus mujeres por esto. Aunque sé que la operación puede no funcionar, rezo para curarme”. En la foto, Esther y su hija Abigail de 2 años, al fondo.
Esther Feibouko es de la aldea de Ndormboli. Tuvo que recorrer 12 kilómetros en moto tres veces hasta el hospital de Boguila para asegurarse de que estaba en la lista para la operación de fístula. Su marido la acompañó a Boguila para operarse y durante la recuperación. En la imagen, Esther caminando con su hija Abigail.
La comadrona de MSF, Sigrid Kopp, sentada con una paciente de fístula para asegurarse de que bebe suficiente agua. Las pacientes deben beber grandes cantidades de agua antes y después de la operación.
Pacientes de fístula esperan su turno para ser visitadas ante la sala de operaciones del hospital de Boguila.
Una nueva paciente de fístula llega al campo de fístulas de MSF, instalado en las inmediaciones del hospital de Boguila, en RCA.
Mujeres recogiendo agua en el campo de fístulas de MSF en Boguila.
Lo primero que las pacientes de fístula hacen por la mañana es vaciar y enjuagar los cubos en los que recogen la orina. Deben beber grandes cantidades de agua antes y después de operarse para que su orina no se concentre.
Robertine Djoumaze, de 32 años, tiene siete hijos. Hace cuatro años que tiene una fístula, después de estar 24 horas de parto. “Cuando empecé a tener pérdidas de orina, mi marido me abandonó a mí y a mis hijos. A veces viene a verme. En la aldea nadie quiere verme ni venir a casa. Ni siquiera si cocino vienen a visitarme. La gente me rehúye porque huelo mal, me siento más segura y bien acogida en el campo de fístulas”.
Hace tres meses, Zanaba Amidou, de 16 años, se puso de parto. Tras siete días de esfuerzos, su madre alquiló una moto para llevarla a la clínica más cercana. Estuvieron todo el día de viaje. Cuando llegó a la clínica de MSF en Paoua, los médicos le hicieron una cesárea pero el bebé ya estaba muerto. Dos meses después fue trasladada al campo de fístulas de MSF en Boguila. “He sufrido mucho. Mi marido lo sabe y no ha hecho nada por mí. Estoy muy contenta de haberme operado. Cuando me vaya a casa bailaré y cantaré y rezaré cada día. Rezaré y daré gracias a Dios por este médico".
Esta paciente, de 46 años, ha dado a luz dos veces. Su primer hijo murió a los dos meses y su segundo hijo nació muerto. Su segundo parto tuvo lugar en casa y duró cuatro días, lo que causó la fístula. Poco después, su marido la dejó, diciendo que si no podía darle hijos, iba a casarse con otra.
“Soy la única mujer en mi aldea con este problema. Trabajo la tierra todo el día, vivo sola. A veces voy a la iglesia, pero las otras mujeres no quieren estar a mi lado porque huelo mal. Los niños también me insultan y me discriminan. Cuando vine al campo de fístulas en Boguila, todavía me sentía diferente de las demás. No hablaba con otras mujeres ni comía con ellas. Después de la operación, me sentí mejor, y ahora como con las demás. Todavía hay gente que teme venir aquí. Es una gran oportunidad poder operarnos”.
La mesa de operaciones que se utiliza para las intervenciones de fístula tiene 25 años y ya ha sido reparada infinidad de veces.
El anestesista de MSF, Emmanuel Ouazounam, administrando un anestésico que duerme a la paciente de cintura para abajo, ante la mirada atenta del cirujano de MSF, el Dr. Volker Herzog. La paciente, Martine Nambousso, de 45 años, ha tenido 10 embarazos, pero ninguno de sus hijos ha sobrevivido. Tiene una fístula desde hace 20 años.
El cirujano de MSF, el Dr. Volker Herzog, operando a Martine Nambousso con la ayuda de la cirujana Elise Tando.
