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Sur de Sudán: estado de emergencia en vísperas de la independencia

08.07.2011

A finales de mayo de 2011, 100.000 personas llegaron al Sur de Sudán huyendo de los bombardeos y de la violencia en Abyei, en la llamada zona de transición con el Norte.

Por temor a nuevos ataques en la disputada zona entre el Norte y el Sur de Sudán, muchas personas caminaron hasta diez días en busca de refugio.

En junio, unas 6.300 personas exhaustas llegaron a Mayen Pajok y Juong Pajok, dos aldeas de la región de Akon, en el estado de Warrap.

Muchas habían sufrido actos de violencia extrema y pérdidas traumáticas. La mayoría llegaban sólo con lo puesto.

Aiker escapó de la primera oleada de bombardeos de las fuerzas del Norte. Durante su huida, tuvo que esconderse muchas veces de los soldados.

Amel se vio obligada a quedarse más tiempo a pesar del ataque contra Abyei: quería enterrar a sus tres hijos, muertos en los intensos bombardeos.

Los desplazados se ayudan mutuamente como pueden. Los padres de Melit murieron durante los bombardeos de Abyei. La anciana junto a él es Abouk, que perdió a toda su familia cuando huía de la violencia.

Melit y Abouk tardaron seis días en llegar a Juong Pajok. No se conocían antes de huir, y sin embargo ahora cuidan el uno del otro.

Sin saber cuándo o si podrán regresar a Abyei, los desplazados construyen refugios con ramas y cualquier trozo de ropa del que puedan prescindir.

 Este matrimonio se turna para utilizar la única pieza de tela que tienen para protegerse, y a sus pocas pertenencias, del sol y de los asfixiantes 40 grados de temperatura.

Desarraigada de su vida cotidiana, la mayoría de la gente no tiene nada con lo que ocupar su tiempo. La sombra de un árbol es el lugar idóneo para protegerse del intenso calor, intercambiar experiencias y esperar.

El acceso a agua potable es limitado, en especial para quienes están cerca de Juong Pajok. Los desplazados se ven obligados a beber agua de lluvia o de los pantanos.

Beber de fuentes no potables aumenta el riesgo de contraer enfermedades relacionadas con el agua sucia. En particular, ésta es caldo de cultivo de la malaria, endémica en el Sur de Sudán.

Agor tuvo malaria durante tres días. Espera recuperarse pronto puesto que acaba de saber que sus cinco hijos se encuentran con vida en otra aldea. Escaparon juntos de Abyei pero, al cuarto día de viaje, fueron atacados por hombres armados y huyeron en distintas direcciones.

La comida escasea y los precios son cada vez más elevados. Algunos consiguen encontrar trabajo ocasional en aldeas vecinas, lo que les permite ganar algo para comprar arroz o verduras en el mercado. Otros se ven obligados a hervir hojas para poder comer algo.

Esta mujer y su hijo están comiendo Tuk, un fruto de uno de los árboles de la zona. En pleno ‘periodo de escasez’ entre cosechas (el llamado ‘hunger gap’), más desplazados siguen llegando al Sur de Sudán.

Un equipo de MSF está asistiendo a estos 6.300 desplazados. Para finales de junio, MSF había efectuado una vacunación masiva contra el sarampión, distribuido alimentos de emergencia y artículos de primera necesidad, proporcionado atención básica y abierto un programa para niños con desnutrición.

Aunque los enfrentamientos parecen haber terminado en Abyei, la violencia sigue en el vecino Kordofan Sur, forzando la huida de otras 70.000 personas. Desde principios de año, otros episodios de violencia se han estado cobrando vidas y destruyendo medios de subsistencia en todo el Sur de Sudán, entre ellos disputas intercomunitarias o intertribales, robos de ganado y enfrentamientos entre el ejército del Sur y las nuevas milicias.