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Sur de Sudán: superar el trauma

26.01.2011

La atención se centra estos días en el referéndum de secesión del sur de Sudán, cuyos resultados se esperan para el próximo mes de febrero. Mientras, MSF sigue asistiendo a las víctimas de la violencia del grupo rebelde ugandés Ejército de Resistencia del Señor (LRA por sus siglas en inglés) en Yambio, estado de Ecuatoria Central. Fotos de Kate Geraghty.

© Kate Geraghty

En el estado de Ecuatoria Occidental, sur de Sudán, miles de personas viven diariamente con miedo a posibles ataques del grupo rebelde ugandés. A finales de agosto del año pasado, se estima que unas 116.000 personas tuvieron que desplazarse en este estado como resultado de la violencia del LRA.

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Nuestros equipos asisten a personas desplazadas y refugiadas de la República Democrática del Congo (RDC) y de la República Centroafricana (RCA) que han sido víctimas de la violencia, niños que han sido secuestrados y supervivientes de violencia sexual. El objetivo es ayudarles a mejorar sus sistemas de afrontamiento.

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Juliana Bingo fue secuestrada por el LRA y estuvo cautiva tres años hasta que fue rescatada. Dio a luz a su hijo en cautividad. Juliana atiende las sesiones psicosociales en el campo de refugiados de Naakiri, Ecuatoria Occidental, sur de Sudán.

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Justin Bazume, terapeuta de salud mental de MSF, en una sesión psicosocial en el pueblo de Naakiri. “La gente ha sufrido mucho trauma y dolor y están frustrados con la vida. Algunos han sufrido atrocidades contra ellos, otros han sido secuestrados o han perdido a sus seres queridos y sus casas”

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Muchas mujeres han perdido a sus maridos en los ataques. Las viudas participan en sesiones grupales de una hora donde comparten sus experiencias y discuten posibles formas de superar sus problemas y dificultades. Campo de refugiados de Makpandu, Ecuatoria Occidental, sur de Sudán. 

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Ngbitimo Mbula  y Letina Ani Kodie participan en estas sesiones. Las viudas se solidarizan entre ellas y se ayudan. “A veces les sugerimos que hagan algo tan simple como pasear y observar lo bonita que es la naturaleza”, cuenta Justin. “Para que vean un poco de luz y futuro”.

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MSF también visita los pueblos para asistir a la población. En la foto, familiares de víctimas del LRA se reúnen para compartir sus experiencias en Naakiri, Ecuatoria Occidental, sur de Sudán.

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Desplazados internos y refugiados de RDC y RCA hacen cola para una distribución de comida en el campo de Makpandu, Ecuatoria Occidental, sur de Sudán.

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John Takido (izquierda), de 40 años, y Anibati Dieudonne (derecha), de 29, son de Obo (RCA). Tardaron un mes en llegar en bicicleta desde su pueblo de origen, atacado por el LRA, hasta el campo de desplazados de Makpandu, Ecuatoria Occidental, sur de Sudán, donde viven actualmente.

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Los niños también son víctimas. Muchos abandonan la escuela y se vuelven agresivos. Algunos se sienten culpables del sufrimiento de sus familias. MSF organiza juegos, cuenta cuentos y otras actividades para que se olviden de su sufrimiento.

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“No hay que olvidar que es un país que sufre la mayor parte de enfermedades y emergencias médicas. Es bastante probable que, como cada año, veamos brotes de cólera, meningitis y sarampión”, cuenta Terri Morris, coordinadora general de MSF.

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Campo de desplazados de Berezawa en Ecuatoria Occidental, sur de Sudán.

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Debra Ezikie, 24 años y embarazada de su primer hijo, fuera de su cabaña en el campo de desplazados de Berezawa, Ecuatoria Occidental, sur de Sudán. Tuvo que huir de su pueblo tras un ataque del LRA.

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MSF apoya el hospital del Ministerio de la Salud de Yambio. El médico Rodrigo Sarmiento (derecha) y el enfermero sudanés Daniel (izquierda) visitan a un niño enfermo en la sala de pediatría. Yambio, sur de Sudán.

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Justina Animbugbe, de 33 años, con su bebe recién nacido, su sexto hijo, en el hospital de Yambio, sur de Sudán.

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Eunie Abisbia es reanimada por la comadrona Eva Domínguez (centro) tras una hemorragia que sufrió al perder a su bebé en el hospital de Yambio, sur de Sudán.

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“El acceso a la salud de la población de esta zona, como en la mayoría de sur de Sudán, es muy limitado. Esto hace que la presencia de MSF en la zona sea aún más pertinente”, afirma Terri Morris.