Hace tres días Alfred Lokot, de tres años, vino al centro de salud gestionado por Médicos Sin Fronteras (MSF) en el campo para personas desplazadas de Lalogi. Tenía fiebre muy alta y mucha tos. Padecía malaria pero ahora se encuentra mucho mejor. "Aquí le dieron la ayuda que necesitaba", explica su madre Jennifer Lokot.
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Uganda: ayuda tras el retorno a la paz
Al alba ya hay pacientes esperando delante de consultas externas en el centro de salud. Durante décadas, el norte de Uganda se vio devastado por enfrentamientos entre los rebeldes del Ejército de Resistencia del Señor (Lord's Resistance Army o LRA) y las fuerzas gubernamentales. Ahora finalmente vuelve a haber paz. Hasta el día de hoy MSF ha estado presente en Lalogi y muchas personas del campo y sus alrededores todavía acuden aquí en busca de ayuda.
La médico española Cristina Hernando y su colega ugandés Maxwell Lakony preguntan qué les pasa a los pacientes que esperan y echan un vistazo a sus historias clínicas. Los que están más graves son tratados primero: ésta es la única forma de asegurar que todo el mundo obtiene la ayuda que necesita, pese al gran número de personas.
La sala de mujeres y niños cuenta con ocho camas. Las camas suelen estar ocupadas por dos o incluso tres pacientes a la vez.
La pequeña Patience Ageho-Rwot se cayó en una hoguera la semana pasada y padece quemaduras de consideración.
Cada día necesita que le cambien los vendajes. A parte de su padre y la enfermera Regina Apio no deja que nadie más se acerque a ella durante su doloroso proceso de tratamiento.
Los familiares cuidan de los pacientes mientras reciben tratamiento médico en la sala. Lavan la ropa y cocinan lentejas, mandioca y arroz que han traído consigo en un pequeño fuego fuera de la clínica. Por la noche duermen en los pasillos o en el suelo bajo el porche.
Los pacientes que están lo bastante bien para levantarse de la cama pueden comer fuera con sus familiares.
Zebasil Lemma, un médico alemán de origen etíope, es responsable de la sala de VIH en el centro de salud. El pequeño Simon está infectado con el VIH al igual que su madre. "Muchos niños VIH positivos ya no tiene padres, porque suelen ser los primeros miembros de la familia que contraen la infección", explica Lemma.
Visitas en la sala de VIH: los médicos y trabajadores sociales tienen que cooperar estrechamente aquí porque los pacientes VIH positivos necesitan asesoramiento intensivo e información. Muchos de ellos no saben ni leer ni escribir pero tienen que entender que deben tomar su medicación a diario.
Las mujeres embarazadas acuden al centro de salud hasta cuatro veces para controles prenatales. Además de los controles prenatales reciben mosquiteras para ayudarles a protegerse de la malaria. También es importante para ellas someterse a los análisis del VIH a fin de impedir cualquier posible transmisión del virus a sus bebés.
Este pequeño se ha fracturado las dos piernas y necesita rayos X. Cuando los pacientes requieren ser intervenidos quirúrgicamente con urgencia o si no es posible diagnosticarles en Lalogi, los conductores de MSF les llevan al hospital de la ciudad más cercana.
Como la situación humanitaria ya no es aguda, MSF está en situación de traspasar el centro de salud de Lalogi a las autoridades de salud locales este año. MSF está construyendo una unidad adicional en el centro de salud, que ayudará a las autoridades de salud gubernamentales a seguir proporcionando un buen nivel de asistencia al gran número de pacientes que acuden a Lalogi.
El retorno de la paz también significa un retorno a la normalidad. La gente puede trabajar en sus campos de nuevo, construir casas y dejar el campo de refugiados para marcharse a sus lugares de origen.
