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Wanawake: ser mujer en Congo
Desde 1998, las poblaciones del este de Congo han sufrido una violencia extrema a manos de diferentes grupos armados en la región que se dedican a violar, saquear y hacer ejecuciones sumarias.
Las casi 600.000 personas que huyeron de esta violencia ahora viven en campos de desplazados, donde el acceso a la atención sanitaria es muy limitado.
Además de la violencia, las pésimas condiciones de las carreteras disuaden a la gente de desplazarse hasta los centros de salud de la región.
Las mujeres y los niños son las principales víctimas de esta situación.
Sin acceso a atención médica de calidad, las complicaciones durante el embarazado ponen en peligro la vida de las madres y sus bebés.
Para responder a las necesidades médicas de la población, en 2007 Médicos Sin Fronteras (MSF) inició un proyecto en el hospital general de Masisi, en Kivu Norte.
En colaboración con las autoridades sanitarias congoleñas, MSF ofrece cirugía, asistencia primaria y secundaria, y apoyo a víctimas de violencia sexual. También se hacen clínicas móviles en campos de desplazados.
Estas visitas permiten referir a las mujeres con embarazos de riesgo al hospital de Masisi.
En el hospital, de 60 a 70 pacientes acuden a las consultas regulares en una aldea de acogida para mujeres, a la que son referidas durante su gestación.
Cada mañana, Mamá Agathe organiza una sesión de sensibilización en la aldea de acogida.
Enfermeras congoleñas en prácticas participan en las consultas diarias organizadas por MSF para perfeccionar su formación.
Gracias a la infraestructura y al personal presente en el hospital, las pacientes tienen una asistencia adaptada a ellas y a sus bebés.
Al nacer, este bebé sufrió asfixia. La actuación de la enfermera le salvará la vida.
Madre e hijo descansan poco después del parto.
Dar a luz en buenas condiciones posibilita salvar vidas e impedir la formación de fístulas, con desastrosas consecuencias para la mujer.
Si no se practica una cesárea cuando hay complicaciones durante el parto, puede formarse una fístula obstétrica, una perforación entre la vejiga y la vagina o entre el recto y la vagina.
Las fístulas causan incontinencia urinaria y/o fecal que a menudo provocan que las mujeres afectadas sean rechazadas por sus familias y comunidades. Aline, de 20 años, tuvo una fístula durante el parto. Ahora una infección le ha paralizado las piernas.
Noela perdió a su primer hijo cuando dio a luz en casa. El parto duró varios días sin una asistencia médica adecuada. A ella también se le produjo una fístula.
A los pocos días, su marido la abandonó.
Desde entonces, Noela se ha vuelto a casar. Su nuevo marido amenaza con abandonarla si no le da un hijo.
Para ayudar a Noela, a Aline y a muchas otras mujeres que sufren el mismo problema, se organizan sesiones especiales para operar las fístulas.
No hay muchos cirujanos especializados en este tipo de intervenciones, pero MSF puede contar con la profesionalidad de varios de ellos.
Noela ha sido operada con éxito, pero tiene que quedarse en observación durante varios días para asegurar que se recupera totalmente.
Curarse de una fístula es recuperar la dignidad. Para muchas mujeres también supone la esperanza de encontrar un nuevo marido y tener hijos.
Cerca de un millón y medio de mujeres en África todavía sufren fístulas obstétricas. La mayoría de ellas son rechazadas por la sociedad.
No todas son rechazas por sus vecinos y abandonadas por sus maridos.
Erradicar la fístula obstétrica es una meta ambiciosa pero realista. Para alcanzarla, es imprescindible mejorar el acceso a la atención sanitaria para las mujeres durante el embarazo y el parto.
Gracias al compromiso de sus equipos en Kivu Norte, MSF está ayudando a conseguirlo.
