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Crisis de refugiados en Sudán del Sur

02.07.2012
© Shannon Jensen

Decenas de miles de personas huyen de la violencia del estado del Nilo Azul. Algunos llevan más de dos semanas andando, cargando consigo todas las pertenencias que pueden.
Los campos de refugiados ya estaban super poblados con 70.000 personas a quienes proporcionar agua.

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La última ola de refugiados de 35.000 hombres, mujeres y niños cruzaron la frontera del estado del Nilo Azul durante tres semanas desde finales de mayo hasta mediados de junio, poniendo aún más a prueba los pocos recursos existentes.

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Los recién llegados se quedaron inicialmente en un emplazamiento temporal,  Km43, pero el agua se acabó. Unos 8.000 refugiados fueron realojados en camión a un nuevo alojamiento llamado Km18, el lugar más cercano con agua.

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Los 22.000 refugiados que quedan en Km43 caminaron en masa los 25km de camino hasta Km18.

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Miles de refugiados que quedaban en Km18  están ahora en un lugar temporal hasta ser realojados de manera permanente a Batil camp.

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Miles de refugiados esperan ser realojados de manera permanente a Batil camp. La doctora de MSF Erna Rijnierse examina a los refugiados cuando llegan.

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Majda Al Mak Doka fue ingresada en la clínica de MSF el 12 de junio. Majda fue localizada en Km43 y fue trasladada a Km18.

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De ahí fue referida al hospital de Jamam, probablemente tiene tuberculosis.

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Naha Ayop es de Jam y está embarazada. Fue diagnosticada con malaria por MSF varios días antes de ser transferida al hospital de MSF en Jamam, donde descubrieron que ya estaba de parto y en pocas horas dio a luz a una niña sana. La comadrona de MSF junto a Naha y su madre en la maternidad.

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Naha con su bebe recién nacido.

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Tras caminar 12 días, Maka Jakalu ha tenido a su segundo hijo en la cuneta de la carretera con la asistencia de sus familiares. Su familia se quedó junto a ella durante tres días para que pudiera descansar tras el parto.

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Las condiciones de vida en Jamam y Batil se han visto afectadas por las lluvias, que han inundado ambos campos, sus letrinas y han dañado las tiendas que había. Con la temporada de lluvias, la salud de los refugiados puede verse afectada aún más.
Los niños tienen que caminar por el agua y el barro.

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Khamisa Nasir recoge agua de la región inundada de Jamam. Tras sólo una noche de lluvia, la mayoría del campo se ha inundado, lo que plantea dudas sobre la viabilidad de su futuro como emplazamiento.