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10.11.2011La falta de acceso, principal obstáculo para la acción humanitaria en Somalia
Bloqueos a los equipos médicos por parte de los actores en el conflicto bélico somalí, rivalidades entre clanes, la ausencia de un gobierno efectivo y una inseguridad generalizada que se mantiene hasta en la propia capital, Mogadiscio –en la que se han refugiado en los últimos meses más de 150.000 personas– es el escenario al que se enfrentan aquellos que pretenden hacer llegar ayuda humanitaria a la población somalí más afectada por la sequía y el hambre.
El reportaje, grabado en inglés, se abre con el testimonio de Fatuma, de 26 años. Explica que es madre de cinco hijos, el menor de los cuales, llamado Muawiya, tiene 2 años. Proceden de la región del Bajo Shabelle, pero ahora viven en un campo de refugiados en Mogadiscio. Fatuma dice que Muawiya llevaba ocho días con vómitos y diarrea cuando fue detectado por la unidad móvil de Médicos Sin Fronteras (MSF), que la conminó a llevarlo al centro de salud. El niño está mejor, “le alimentan bien”, dice Fatuma. Pese a las buenas noticias, ella no es optimista respecto a la posibilidad de regresar pronto a su tierra: “¿Qué puedes hacer con un trozo de tierra yerma?, ¿comértela?”.
La sequía, las malas cosechas, la muerte del ganado y la subida de los precios de los alimentos han tenido un impacto mayor en Somalia que en otros países vecinos: la población ya era muy vulnerable a crisis sanitarias, dado que años de conflicto han destruido el sistema de salud y las infraestructuras del país, y han restringido la capacidad de las organizaciones humanitarias para dispensar servicios. La población debe arreglárselas como puede, aislada en medio de un brutal conflicto entre el Gobierno Federal de Transición –con el apoyo de los poderes occidentales y de las tropas de la Unión Africana– y los grupos armados de la oposición, especialmente Al Shabab.
A pesar de los muchos retos, los equipos de MSF actualmente gestionan 13 programas médico-nutricionales en todo el sur y centro de Somalia, proporcionando alimentos terapéuticos a más de 10.000 niños desnutridos. Recientemente, MSF ha podido ampliar sus actividades en la zona de Mogadiscio.
Joachim Delville, coordinador general de MSF en Somalia, explica la situación para la organización, que lleva trabajando en Somalia desde 1979: “Preocupa el hecho de que solo podamos llegar a bolsas de población en campos de desplazados dentro de Mogadiscio. Carecemos de una visión general para saber dónde están todos los asentamientos de desplazados y seguramente no estamos prestando ayuda a personas en situación crítica. Hay zonas a las que quisiéramos acceder pero, tras analizar en profundidad la situación de seguridad, hemos llegado a la conclusión de que no podemos ir”.
El Dr. Unni Karkunakara, presidente internacional de Médicos Sin Fronteras, abunda en esta idea: “Sabemos que muchas de las personas en esta zona no han podido llegar a nosotros quizá porque están demasiado débiles o quizá porque no les queda otra opción que quedarse donde están. El mayor problema hoy es el acceso, la capacidad de las organizaciones de entrar y realizar evaluaciones independientes de las necesidades para luego prestar los servicios adecuados en base a ellas. Esto es fundamental si queremos hacer frente a la crisis y es lo que no ocurre en la actualidad”.
De la falta de acceso se culpa, por lo general, a los grupos armados en la oposición. Pero parte del problema también radica en la agenda de la comunidad internacional. A falta de un gobierno efectivo en el país, en los últimos años la asistencia humanitaria ha sido proporcionada por agencias con intereses políticos y ha sido condicionada a la seguridad y a la “lucha contra el terrorismo”. Dicha asistencia se ha canalizado hacia zonas bajo el control de una de las partes en el conflicto, pero fuera del alcance de la población en zonas controladas por otra de las partes en la guerra. “De esta forma todos los agentes humanitarios se vuelven sospechosos”, afirma Karkunakara.
Aún así y pese a que los grupos armados en la oposición puedan recelar de principios como independencia, neutralidad y imparcialidad, estos siguen siendo imprescindibles para la acción humanitaria de MSF, que no recibe fondos públicos para financiar sus proyectos en Somalia. Según Karkunakara, los ciudadanos están siendo muy generosos en la crisis somalí, pero es precisamente por ello que se les debe honestidad: “Carecemos de acceso a grandes partes del país y la gente tiene que saberlo: no porque den dinero significa que de repente toda la gente en Somalia va a comer bien y va a poder superar la crisis en un corto plazo de tiempo. El público en general se merece la honestidad de las organizaciones internacionales en cuanto a lo que es posible y lo que simplemente no es viable en Somalia en estos momentos”.
