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Desde el 17 de octubre un equipo MSF tiene su base en Kaghan, un pueblo de montaña situado en la provincia de la Frontera Noroeste de Pakistán. Un logista se encarga de la distribución de tiendas para los habitantes que perdieron su casa. Se ha abierto un dispensario para tratar a los heridos por el terremoto y a las personas afectadas por otras enfermedades comunes. Lunes 14 de noviembre. Tres vehículos todoterreno avanzan lentamente hacia Kaghan. La carretera fue devastada por el terremoto del 8 de octubre y tardó un mes en volver a abrirse. Aún así, muy a menudo los desmoronamientos bloquean el paso hasta que intervienen las excavadoras. Tras siete horas de un trayecto vertiginoso desde Mansehra, por fin llegamos a Kaghan, donde uno de nuestros equipos trabaja desde el 17 de octubre.
Bruno, el responsable de nuestras actividades aquí, recibe al convoy cargado con 850 tiendas familiares y preparadas para soportar las bajas temperaturas del invierno. Bruno explica que "aproximadamente la mitad de los edificios de los pueblos que se encuentran a unos 30 kilómetros alrededor de Kaghan, están destruidos. Por eso hemos hecho una previsión de entre 1.000 y 1.500 tiendas". Las primeras 50 llegaron por helicóptero, que en esa época era el único medio de transporte capaz de llegar a Kaghan. Sin embargo, esta primera distribución salió mal. "La gente estaba desesperada y se precipitaba sobre el helicóptero para conseguir lo que podía, aun corriendo el riesgo de herirse gravemente con las hélices", recuerda Bruno muy afectado por esta escena de hacimaniento. Para evitar tales situaciones límite, que ponen en peligro a la población y al equipo, se ha tomado la decisión de proceder a las distribuciones desde el helipuerto con la ayuda del ejército paquistaní. Así que los camiones se dirigen allí para descargar.
Tiendas para las familias que perdieron su casa
En los pueblos más afectados de la zona, las familias cuya casa fue derruida han recibido un bono MSF para poder recibir una tienda. Un centenar de personas esperan. Además de las tiendas proporcionadas por MSF, el ejército distribuye otras donaciones recibidas, más o menos adaptadas: comida, prendas de vestir de abrigo y mantas, pero también un traje de baño, zapatillas para escalar, pequeñas tiendas concebidas más para la playa que para la montaña... "He visto como algunas personas se llevaban la comida pero rechazaban estas tiendas que no les iban a servir para nada", apunta Bruno, irritado por esta ayuda inadecuada. Aquí, hacia las tres de la tarde el sol desaparece detrás la montaña y la temperatura desciende varios grados de golpe. Por la noche empieza a helar. Las tiendas de MSF, con alfombras integradas y de gran tamaño, son muy preciadas. "Muchas familias dicen que quieren bajar al valle durante el mes de diciembre, cuando empiecen a caer las primeras nieves, pero de momento, nuestras tiendas mejoran sus condiciones de alojamiento”, explica Bruno. Y añade: “También les servirán para cuando vuelvan, al inicio de la primavera, a reconstruir sus casas”. En el dispensario, los heridos del seísmo y los afectados por enfermedades comunes
En un edificio agrietado pero aún en pie del departamento de agricultura, Sarah, médico, y Claude, enfermero, gestionan un dispensario. Una tienda instalada en el jardín sirve de sala de espera para las mujeres y los niños, mientras que los hombres aguardan afuera. Se realizan alrededor de 60 consultas médicas diarias. Sarah examina a los pacientes y define la prescripción médica, Claude da los medicamentos, explica a los enfermos cómo tomarlos y se ocupa de los vendajes. "Al principio, atendíamos a pacientes con lesiones provocadas por el seísmo, heridas, fracturas", cuenta Claude. Para los casos más graves se organizaron 22 evacuaciones médicas por helicóptero hacia los hospitales de Mansehra o de Abbottabad. "Pero la atención primaria para patologías comunes sin relación con la catástrofe (dolores musculares, males de espalda, anginas, etc.) constituyeron rápidamente la actividad principal del dispensario", prosigue Claude. Algunos pacientes sufren también infecciones respiratorias debidas a las malas condiciones de alojamiento, con el agravante de que las temperaturas bajan con la llegada del invierno. 5.000 niños vacunados contra el sarampión
Tras la aparición de algunos casos de sarampión, se lanzó una campaña de vacunación en la zona para niños de entre seis meses y 15 años. Coralie, Catherine y Claude, enfermeros, se fueron turnando, a veces acompañados de Ayub o Sara, médicos. "Organizamos sesiones de vacunación para cubrir la zona de Kaghan y los pueblos de alrededor", explica Coralie.
Martes 15 de noviembre por mañana. Claude se ha instalado en el borde de la carretera. Hasta las 12.30 han ido llegando en grupos 180 niños del pueblo de Pottan, a una hora y media a pie por la ladera opuesta de la montaña. Durante estas horas, algunas familias con sus rebaños pasan por su lado, se dirigen a Balakot, Mansehra o Abbottabad para pasar el invierno. Por la tarde, en la plaza del pueblo de Parlagram, entre la montaña nevada y un campo de manzanos, Claude vacuna a 120 niños más. Después de ponerles la inyección, reciben también una comprimido de vitamina A, jabón y galletas proteínicas para los más necesitados. En Kaghan y en el distrito, más de 4.500 niños han sido vacunados contra el sarampión por el equipo MSF. El ritmo disminuye ahora y pronto se alcanzará un índice de cobertura satisfactorio (cerca del 85%). De ahora en adelante, la actividad del dispensario ya casi no tiene relación con el seísmo y refleja más la situación de una zona montañosa donde la infraestructura médica es limitada. Por su parte, Bruno termina la distribución de las 1.213 tiendas que llegaron a Kaghan. "Después de una ayuda puntual muy necesaria para la población, el equipo MSF debería irse de Kaghan en breve", prevé Nick, jefe de misión en Pakistán.
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