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Los primeros casos aislados se registraron el pasado agosto y desde entonces la enfermedad ha ido propagándose poco a poco hasta alcanzar más de 200 nuevos casos por semana a finales de diciembre. Se estima que la epidemia todavía no ha llegado a su pico. La temporada de lluvias –el periodo más propicio para este tipo de enfermedades– ha empezado hace poco y durará hasta abril. De momento más del 90% de los casos –de un total que roza ya el millar, entre ellos 29 muertos– se han producido en Lusaka. Sin embargo, la situación en el resto del país debe quedar bajo vigilancia, puesto que el cólera es considerado una enfermedad endémica en varias regiones.
En Lusaka, una ciudad de 1,5 millones de habitantes, se registraron los primeros casos en Kanyama, un barrio popular que alberga el principal mercado de la capital. La enfermedad se extendió luego a los barrios de Chawama y George. El cólera se transmite principalmente a través de alimentos o agua infectados. Produce fuertes diarreas que pueden llevar en pocos días a una deshidratación severa e incluso a la muerte si el paciente no recibe un tratamiento rápido. Si se atienden a tiempo, la mayoría de los enfermos se pueden tratar con un simple suero oral sin necesidad de una hospitalización. En caso de deshidratación severa, sin embargo, el paciente tiene que ser rehidratado por vía intravenosa.
Un equipo de MSF presente en el país en un proyecto de VIH/SIDA prestó desde el primer momento su apoyo logístico y técnico a las autoridades locales. Ante el fuerte aumento de nuevos casos se decidió en diciembre reforzar la intervención con el envío de un equipo de la unidad de emergencia. Este equipo tiene previsto establecer dos Centros de Tratamiento de Cólera (CTC) en la capital, donde se podrán atender a los casos más severos. Contarán con el apoyo de varias Unidades de Tratamiento de Cólera (CTU), situadas en centros de salud de la ciudad. Entre otras actividades, el equipo de MSF se encarga de implementar los protocolos médicos adecuados, de supervisar el tratamiento de los pacientes, de aplicar medidas de higiene y de saneamiento en los CTC y CTU, de formar al personal local y de asegurar el suministro de material médico y logístico. Pero tratar a los enfermos no es suficiente: para frenar la propagación de la epidemia es imprescindible implementar medidas de higiene en la comunidad y detectar rápidamente a los nuevos casos. En ese sentido, otro de los objetivos de MSF es asegurar el suministro de agua potable en las zonas más afectadas e implementar medidas de desinfección y entierros seguros. Además, se organizan actividades de sensibilización para que la población tome medidas estrictas de higiene, como por ejemplo comer alimentos bien cocidos y lavarse cuidadosamente las manos antes de comer. Finalmente, el equipo de MSF interviene en la vigilancia epidemiológica.
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