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Cada vez más personas acuden para recibir tratamiento al Centro Simelela, pero todavía queda mucho por hacer para mejorar el proceso legal y cambiar la actitud comunitaria ante la violación.
Suráfrica tiene una de las incidencias más elevadas de violaciones del mundo. Se estima que cada 26 segundos se produce una violación*. En Khayelitsha, un municipio de cerca de 500.000 habitantes cerca de Ciudad del Cabo, la incidencia de violaciones es una de las más altas del país.
Khayelitsha nunca había tenido un centro destinado exclusivamente a atender a víctimas de violaciones que ofreciese asistencia urgente y seguimiento. Antes, estas personas tenían que recorrer 20 kilómetros hasta una comunidad vecina para ser atendidas de urgencia y someterse a un examen forense. La distancia a la clínica y el coste para llegar hasta allí suponían un obstáculo insalvable.
En agosto de 2005, Médicos Sin Fronteras (MSF), junto a otros actores que se ocupan de esta problemática, abrió Simelela como un centro de primeros auxilios para supervivientes de violaciones en el corazón del municipio. Simelela ofrece servicios integrales las 24 horas del día a víctimas de violaciones, incluyendo atención médica urgente, seguimiento, apoyo social y psicológico, examen forense y apoyo legal, así como asistencia específica para niños. A la prestación de servicios se le suma un potente activismo comunitario de condena de los abusos sexuales.
Más y más víctimas acuden al centro para recibir asistencia médica
En los últimos 12 meses, 743 nuevas víctimas de violación han recibido atención y se ha realizado el seguimiento de 858 personas más en el centro. Esto supone un aumento significativo del número de supervivientes en Khayelitsha que buscan atención médica, y demuestra la importancia de la proximidad a la hora de solicitar ayuda. Aunque ésta es una señal clara de la aceptación y necesidad del servicio por parte de la comunidad, también destaca la incidencia extremadamente elevada de las violaciones en el municipio.
La violación presenta una serie de riesgos médicos, tanto de heridas físicas y mentales como de transmisión de enfermedades infecciosas.
En el contexto de Suráfrica, que tiene la tasa de prevalencia del VIH/sida más elevada del mundo, la mayor amenaza para la salud es el riesgo de contraer esta enfermedad.
El centro ofrece tratamiento con antirretrovirales durante 28 días para prevenir la transmisión del VIH a las personas que acuden a la clínica lo bastante pronto (dentro de las primeras 72 horas de haberse producido la agresión). Las víctimas de violaciones que descubren que son VIH-positivas son referidas para tratamiento continuado, incluyendo tratamiento antirretroviral en caso necesario. En el centro también se ofrece atención y profilaxis para otras enfermedades de transmisión sexual.
La anticoncepción de emergencia ha conseguido prevenir con éxito embarazos no deseados en todas las víctimas que eligen someterse al tratamiento y llegan a la clínica dentro de los primeros cinco días de haberse producido la violación. Para las que ya es demasiado tarde, el centro les informa de sus opciones. “En caso necesario, también podemos realizar una prueba de embarazo y referir a la paciente a una clínica u hospital secundario para someterse a una interrupción del embarazo si lo desea”, explica Genine Josias, coordinadora médica del centro.
También se ofrecen servicios de asesoramiento psicológico para ayudar a las personas a hacer frente a la violación. Una superviviente explica: “El asesor escucha. Y te ayuda a entender que no es tu culpa, que no pediste ser violada... Gracias al servicio de asesoramiento, estoy aprendiendo a respetarme a mí misma de nuevo”.
Ayudar a las víctimas a denunciar la violación.
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El centro ayuda a las víctimas a poner denuncias presentando un informe forense. “Realizamos un examen de la cabeza a los pies, y tomamos diferentes muestras en función de la historia del paciente”, añade Genine Josias. “Los demandantes pueden presentar entonces las muestras de ADN en los tribunales”.
Las víctimas de violaciones también tienen la oportunidad de poner denuncias en el mismo centro. En realidad, se destinan dos pequeñas salas para uso exclusivo de la policía, de forma que se puedan hacer constar las denuncias in situ. La mayoría de supervivientes que buscan tratamiento médico presentaron denuncias (un 82%) aunque unos pocos (la mayoría, niños) finalmente no presentaron cargos.
“Antes de que se crease el Centro Simelela, las víctimas de violaciones tenían que ir a la comisaría de policía y poner una denuncia, pero tenían que esperar mucho tiempo en la sala de espera y explicar por qué habían ido delante de todo el mundo”, cuenta la hermana Ntwana, la enfermera responsable del centro. “En Simelela, la gente se siente libre de ir e informar porque saben que encontrarán a la policía allí mismo”.
Pero sólo una tercera parte de los violadores han sido arrestados, e incluso menos han sido juzgados. Los obstáculos reportados se deben a que las investigaciones que se llevan a cabo son insuficientes, no se consigue arrestar a los sospechosos, los demandantes no reciben ningún tipo de protección contra intimidaciones, y el ambiente en los tribunales es cuanto menos duro, creándose un clima de impunidad que anima a que la violencia sexual se perpetúe.
Tal como explica una superviviente de una violación: “En los casos como el mío, en los que sería sólo mi palabra contra la suya, a quien se juzga es a la víctima de la violación y no al violador. Sé que duraría años, por eso no quise pasar por todo esto”.
Casi la mitad de las víctimas son menores de 14 años. De éstas, dos terceras partes conocen al agresor [+]
Quizá la cifra más impactante es que el 41% de las víctimas de violaciones son menores de 14 años. De éstas, un 66% conoce al agresor. Estas espeluznantes cifras no hacen más que reforzar la idea de que la actitud de la comunidad ante la violación debe cambiar, por lo que un componente esencial de Simelela es el activismo comunitario.
“La prevención es una parte esencial de la respuesta y sólo desafiando a las comunidades a revisar las actitudes y supuestos que perpetúan la violencia, podemos esperar reducir el número de casos que continúa llegando al Centro Simelela cada día”, explica la hermana Ntwana.
La Treatment Action Campaign (TAC) lleva a cabo actividades comunitarias a fin de promover la condena pública de los abusos sexuales. Por su parte, la hermana Ntwana habla cada martes por la mañana sobre la violación en la emisora de radio local de Khayelitsha, con el fin de disipar los muchos mitos existentes en torno al abuso sexual y de animar a la gente que haya sido violada a buscar asistencia en Simelela. El centro también tiene un programa para escuelas en el que utiliza representaciones teatrales para ayudar a los estudiantes a entender que el abuso sexual es algo malo y que Simelela les ofrece servicios si son víctimas de abusos.
Aunque los primeros resultados recogidos por el centro sobre la utilización de los servicios ofrecidos son alentadores, todavía queda mucho por hacer para normalizar estos servicios, cambiar actitudes en la comunidad y conseguir que la gente perciba la violación como lo que es: una plaga para la sociedad.
* People Opposing Women Abuse (POWA). Información en inglés.
Las organizaciones implicadas en el Centro Simelela son: Médicos Sin Fronteras (MSF), Rape Crisis, Departamento de Servicios Sociales y Alivio de la Pobreza, Nonceba, Servicios de la Policía Surafricana, Departamento de Servicios Correccionales, Fiscalía Nacional, Departamento de Salud, Treatment Action Campaign (TAC)
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