Brasil
En los días posteriores, un equipo de MSF se encontró a miles de personas refugiadas en iglesias, escuelas y otros edificios públicos. “En una escuela, casi 1.000 personas compartían seis baños”, recuerda Cristina Sutter, una de las primeras psicólogas de MSF que llegaron. “La situación era caótica en los refugios colectivos más grandes. Había un fuerte olor a orines y una enorme falta de higiene”.
Se habían construido grandes refugios temporales y, para mejorar las condiciones de vida, los equipos de MSF instalaron grifos, duchas y letrinas allí donde más se necesitaban. También distribuyeron kits de higiene con artículos como baldes de plástico, toallas, jabón y cepillos de dientes.
Tras perderlo todo en las inundaciones, mucha gente sufría ansiedad y depresión. En los pueblos de Branquinha y Murici, MSF realizó 300 consultas psicológicas.
“El apoyo de salud mental es esencial, ya que evita que los problemas mentales y psicológicos se hagan crónicos. Ayuda a las personas a reestructurar y empezar su vida de nuevo de manera más sana y equilibrada”, explica Sutter.
La fase de emergencia se dio por concluida al cabo de dos meses. MSF traspasó sus actividades a las autoridades locales y otras organizaciones a finales de agosto. En el marco de este proceso, se formó a más de 200 médicos locales para garantizar la continuidad de la atención psicológica y ayudar a las organizaciones locales a mejorar su respuesta de emergencia.

