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Siria

Para finales de 2020, más de 11 millones de personas necesitaban asistencia humanitaria en Siria. Y un año más, miles de personas murieron o resultaron heridas en una guerra que sigue abierta tras una década.

Mapa de proyectos MSF Siria
416.700 
consultas externas
177.300 
vacunaciones de rutina
31.100  
hospitalizaciones
10.600 
partos asistidos, incluyendo 2.220 cesáreas
16.900  
cirugías
1.080 
consultas individuales de salud mental
18.600 
familias recibieron artículos de primera necesidad
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Médicos Sin Fronteras continuó trabajando en Siria, pero nuestras actividades están limitadas por la inseguridad y las restricciones de acceso. En las zonas en las que pudimos negociar la entrada de nuestros equipos, dirigimos o dimos apoyo a hospitales y centros de salud; también brindamos atención médica en campos de personas desplazadas. Donde no fue posible nuestra presencia, mantuvimos nuestro apoyo a distancia, que consistió en donaciones de medicamentos, equipamiento médico y artículos de primera necesidad, formaciones del personal médico, asesoramiento médico técnico y apoyo económico para cubrir los costes de funcionamiento de las estructuras sanitarias.

 

Noroeste de Siria

La enorme ofensiva militar en el noroeste del Gobierno sirio y sus aliados en el noroeste del país continuó hasta 2020, causando el desplazamiento de casi un millón de personas, muchas de las cuales ya estaban lejos de sus hogares, por haber huido del conflicto anteriormente en múltiples ocasiones. Nuestros equipos aumentaron rápidamente la distribución de artículos esenciales (como jabón, utensilios de cocina, mantas y material para calefacción) y el suministro de agua en los campos donde estas personas se habían refugiado.

En varias ocasiones, los equipos médicos que se encontraban en hospitales apoyados por MSF recibieron víctimas en masa, con hasta diez o más heridos llegando en el mismo momento. Algunos de estos hospitales fueron dañados por los bombardeos, mientras que otros tuvieron que reducir sus servicios por temor a ser atacados. Aunque la intensidad de los combates disminuyó (tras la firma del último alto el fuego en marzo), más de la mitad de la población de la región seguía desplazada y viviendo en condiciones precarias.

Las ya enormes necesidades en el noroeste de Siria se vieron exacerbadas por la pandemia de COVID-19. Desde su inicio, nuestra prioridad fue continuar con nuestras actividades habituales y garantizar al mismo tiempo la seguridad de pacientes, personal e instalaciones. Para ayudar en la respuesta, donamos equipos de protección individual (EPI), establecimos sistemas de priorización en los hospitales (tanto en aquellos a los que dábamos apoyo como en aquellos que cogestionábamos) y administramos centros de tratamiento y aislamiento de personas con COVID-19.

La prevención fue otro foco de actividades, especialmente en los campos de personas desplazadas, donde la distancia física no era posible y la disponibilidad de agua y jabón eta limitada. Distribuimos kits de higiene y difundimos mensajes de sensibilización sobre la COVID-19 y, a medida que se acercaba el invierno, distribuimos a miles de familias desplazadas kits con ropa de abrigo, lonas, colchones, material para calefacción, mantas y tiendas de campaña; también habilitamos letrinas y distribuimos agua potable.

Además de nuestras actividades relacionadas con la COVID-19, mantuvimos nuestro apoyo a la atención médica básica y especializada en varios hospitales y clínicas en todo el noroeste. También aumentamos la cobertura de vacunación, apoyando u organizando campañas en los campos y sus alrededores. En Idlib, proporcionamos medicamentos vitales y seguimiento a casi 100 pacientes con trasplante de riñón; también mantuvimos funcionando nuestra unidad especializada en quemados en Atme.

 

Noreste de Siria

La intervención del Ejército turco y sus aliados de la oposición siria armada tuvieron un impacto grave en la población del noreste de Siria. Muchas personas murieron, resultaron heridas o fueron desplazadas por esta escalada de violencia, y MSF tuvo que evacuar a sus equipos de varios proyectos.

Muchas estructuras de salud dejaron de funcionar y los que permanecieron abiertos no pudieron responder a todas las necesidades. En julio, el cierre del paso fronterizo de Al Yarubiya (parte del mecanismo de ayuda transfronteriza de la ONU) agravó aún más la ya grave situación de la atención médica, ya que impidió que una ayuda tan vital llegara desde Irak.

Se estima que más de 700.000 personas están desplazadas en el noreste de Siria. La mayoría de ellas dependen en gran medida de la ayuda humanitaria y viven en condiciones de hacinamiento e inseguridad, con condiciones de agua y saneamiento deficientes y baja cobertura de vacunación.

A principios de 2020, traspasamos nuestros programas en la clínica médica de Til Kocher a las autoridades de salud locales. En el campo de Al Hol, seguimos dirigiendo nuestro hospital de nutrición, así como el programa de curas de heridas que desarrollamos en una tienda de campaña. Según la ONU, este campo superpoblado ahora alberga a unas 62.000 personas, sirias, iraquíes o de terceros países, que permanecen recluidas en el asentamiento por las fuerzas de seguridad locales. El 80% son mujeres y niños y la mayoría habían huido del último bastión del grupo Estado Islámico en la gobernación de Deir ez Zor.

En julio, abrimos otra clínica en el campo, para brindar atención médica general; este centro cuenta con una sala de estabilización para casos de emergencia. Además, realizamos actividades de promoción de la higiene y la salud, y trabajamos para mejorar el agua y el saneamiento.

MSF también dio apoyo al hospital nacional de Raqa y al centro médico Mishlab, con suministros médicos e incentivos salariales; también ayudamos a las autoridades sanitarias locales con vacunaciones de rutina en doce emplazamientos de Kobane (Ain al Arab). En los fríos meses de invierno, nuestros equipos distribuyeron mantas, colchones y esteras a 2.300 familias desplazadas.

Desde el comienzo de la pandemia de COVID-19, MSF se integró en la célula humanitaria coordinada por las autoridades sanitarias del noreste de Siria. Brindamos apoyo al hospital de Hasaka: implantamos medidas de vigilancia, mejoramos la identificación y tratamiento de pacientes con COVID-19, configuramos los flujos de pacientes, los procesos de triaje y las medidas de prevención y control de infecciones, y capacitamos sobre el uso de los EPI. También habilitamos un servicio de aislamiento de 48 camas. Más tarde, en 2020, traspasamos estas actividades a las autoridades sanitarias y comenzamos a dar apoyo a otro centro de tratamiento de la COVID-19, en Washokani, a las afueras de Hasaka. Mientras tanto, nuestros equipos en el campo de Al Hol identificaron y ayudaron a implantar medidas de protección frente a la COVID-19 para 1.900 personas, que eran particularmente vulnerables al virus, como pacientes con diabetes, hipertensión, asma o afecciones cardíacas.

A lo largo del año, en respuesta a los continuos problemas con el suministro de agua en la provincia de Hasaka, MSF transportó agua en camiones a Al Hol y a otros campos para personas desplazadas, así como a nueve barrios de la ciudad.

A finales de año, continuamos realizando evaluaciones en la región, analizando las necesidades médicas y humanitarias de las personas que viven en áreas remotas, social y económicamente excluidas, asentamientos informales y campos.

 

1 Cifra según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA).

 

Este artículo ofrece una visión general de nuestro trabajo en este país entre enero y diciembre de 2020; es un resumen que no puede considerarse exhaustivo. En 2020, contábamos con 547 profesionales,* entre personal nacional e internacional, y gastamos 32 millones de euros en nuestras actividades médico-humanitarias. Trabajamos por primera vez en este país en 2009.

En 2020, MSF España era una de las secciones de MSF con actividades en el país. Si quieres conocer más en profundidad nuestro trabajo allí, consulta nuestro ‘Informe de Misiones’.

* La cifra de personal equivale al total de puestos a tiempo completo o FTE (del inglés full-time equivalent). Por ejemplo, dos personas a media jornada equivalen a un FTE.