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15.04.2021

8 razones por las que la diabetes es una emergencia humanitaria

Más de 450 millones de personas viven con diabetes en todo el mundo. Para más de la mitad, contar a día de hoy con la insulina que tanto necesitan es simplemente un lujo. Analizamos en ocho puntos cuáles son los mitos en torno a esta enfermedad crónica y cómo mejorar el acceso al tratamiento para los pacientes.

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Para muchas personas, la diabetes es una enfermedad crónica común. De hecho, la mayoría de nosotros conoce al menos a una persona diabética. Es posible también que hayas oído hablar de la insulina: un fármaco simple pero que salva vidas.

Sin embargo, cuando el conflicto, el desplazamiento o incluso las prácticas de las compañías farmacéuticas dejan a un paciente con diabetes aislado de la atención, esta afección cotidiana puede volverse rápidamente complicada y potencialmente mortal.

¿Por qué trabajamos con la diabetes?

La diabetes es una enfermedad crónica que tiene lugar cuando el cuerpo no puede producir suficiente insulina, una hormona que regula los niveles de glucosa (azúcar) en nuestra sangre. Sin un tratamiento regular, con tabletas orales o inyecciones de insulina, estos niveles más altos de azúcar en la sangre pueden eventualmente provocar enfermedades cardíacas e insuficiencia renal, así como daño a los nervios y ceguera.

Se estima que 463 millones de personas padecen diabetes en todo el mundo, una cifra que casi se ha duplicado en los últimos 30 años. Es preocupante que los casos estén aumentando mucho más rápido en los países de ingresos bajos y medios, incluidas las regiones donde las personas atraviesan situaciones de inseguridad u otras crisis de atención médica.

Así, en estos casos, el acceso a la insulina es un desafío. Esto significa que en innumerables comunidades, las personas que viven con diabetes y requieren insulina enfrentan obstáculos para recibir los medicamentos y la atención que necesitan para mantenerse sanas y saludables.



Una emergencia humanitaria

Aquí hay ocho razones por las que, en muchos lugares, la diabetes es una emergencia sanitaria:

1 – Una enfermedad invisible
A pesar de que la diabetes es un problema creciente en todo el mundo, las tasas de diagnóstico entre las personas que atraviesan crisis humanitarias son en realidad muy bajas. Por lo tanto, si se tiene en cuenta que los casos de diabetes están aumentando más rápidamente en los países de bajos ingresos, la cantidad de personas que viven con una afección completamente sin tratar podría ser enorme.


2 – Viajar puede ser (muy) peligroso
Para las personas que viven con diabetes en zonas de conflicto o regiones que sufren de inseguridad, realizar viajes regulares a los centros de salud para recolectar insulina o recibir tratamiento puede ser extremadamente peligroso, especialmente cuando muchos pacientes pueden no tener acceso al transporte.


3 – La insulina no siempre está disponible
En lugares remotos y rurales, o regiones con acceso limitado a los recursos, un centro médico en sí mismo puede no tener un suministro de insulina garantizado, lo que significa que algunos pacientes terminan racionando su suministro o incluso prescindiendo de él, arriesgando consecuencias para su salud o incluso la muerte.


4 – Altos precios del tratamiento
Solo tres empresas -Novo Nordisk, Eli Lilly y Sanofi- controlan el 90% de todo el mercado de la insulina. Estas corporaciones farmacéuticas establecen precios altos que impactan significativamente a los pacientes y las organizaciones de salud en todo el mundo. Sin embargo, hay varias empresas que trabajan con la Organización Mundial de la Salud para producir versiones genéricas de insulina que podrían ser mucho más baratas y estar mucho más disponibles.

5 – Inseguridad alimentaria
Una parte fundamental del manejo de la diabetes es también el manejo de la dieta y, por tanto, del azúcar en sangre. Sin embargo, cuando la comida puede escasear o eventos como los conflictos han provocado un aumento en el precio de los alimentos básicos cotidianos -por ejemplo, en Yemen- mantener horarios de comida regulares y porciones confiables puede volverse increíblemente difícil.


6 – Agujas, jeringas y residuos
Junto con el acceso a la insulina en sí, el problema de encontrar y proporcionar el conjunto de herramientas necesarias, como agujas, jeringas y dispositivos de control, puede ser un desafío. Incluso con un suministro confiable, mantener limpios estos artículos vitales y desecharlos de manera segura también es difícil, especialmente para los pacientes que se han visto obligados a abandonar sus hogares o que ahora viven en campamentos de refugiados o de personas desplazadas.

7 – El mito de la nevera
En muchos lugares, las temperaturas diarias pueden superar con creces el rango de almacenamiento recomendado para la insulina. Normalmente, la insulina se almacena en un refrigerador, pero esto es un problema cuando una persona no tiene uno, ya sea debido a la pobreza, la energía limitada o porque se han visto obligados a abandonar su hogar. En cambio, los pacientes a menudo realizarán varios viajes al día para llegar a una clínica de atención médica, lo que les cuesta tiempo, dinero y potencialmente su seguridad. Sin embargo, por experiencia, sabemos que las soluciones de almacenamiento alternativas simples (como vasijas de barro básicas) pueden proporcionar una forma de mantener temperaturas frescas y estables para almacenar la insulina durante un cierto tiempo.

8 – El ciclo de complicaciones
Cuando una persona que atraviesa una crisis humanitaria no puede controlar su diabetes, el riesgo a largo plazo de complicaciones graves, como insuficiencia renal, enfermedades cardíacas y pérdida de la visión, aumenta significativamente. Y, cuando tales afecciones llegan al punto de necesitar atención médica urgente, es posible que no sea fácil disponer de atención especializada y de emergencia. Dejar la diabetes sin tratar se convierte en un círculo vicioso, lo que resulta en condiciones más complicadas que necesitan tratamientos más avanzados, incluso probablemente menos disponibles en medio de una crisis humanitaria.