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04.08.2008

"El acceso a la prevención materno-infantil y al tratamiento preventivo hacen la diferencia"

Entrevista con Elena Alonso, técnico responsable de los programas de VIH/sida y tuberculosis de MSF España:

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¿A qué se debe la enorme diferencia entre el porcentaje de niños que nacen con la infección en los países desarrollados y los del África subsahariana?
En primer lugar, en muchos de los contextos subsaharianos las mamás no tienen acceso a la atención prenatal. Por lo tanto, muchas de ellas no se hacen la prueba, y al no conocer si son seropositivas, no se les puede facilitar tratamiento que disminuya el riesgo de transmisión.

En el mejor de los casos, cuándo se les da tratamiento preventivo con antiretrovirales a las madres, en qué medida se evita que el bebé nazca con el virus.
En los países occidentales el porcentaje de la transmisión materno-infantil es menor al 1%. Sin acceso a tratamiento la transmisión se dispara hasta el 40% de los casos. Es evidente que el acceso a la atención prenatal y al tratamiento preventivo hace la diferencia.

Cuando no se ha podido evitar la transmisión materno-infantil, ¿qué solución hay para los niños?
La solución sería el diagnóstico precoz a través de PCR (reacción de la cadena de polimerasa) para poder comenzar el tratamiento antes de que el sistema inmunitario del niño se deteriore y desarrolle enfermedades oportunistas, en muchos casos irreversibles, como la encefalopatía, o pero aún, la muerte antes de los dos años que afecta al 60% de los niños que nacen seropositivos.

Entonces, cuando se hace la prueba y el niño resulta positivo, ¿cuándo se debe iniciar el tratamiento?
Tan pronto como se sepa el diagnóstico positivo. Ésta es la ventaja de poder hacer la prueba a un niño con PCR a las seis semanas de haber nacido. De otro modo, con los diagnósticos rápidos, sólo se puede tener el diagnóstico definitivo a partir de los 18 meses de edad. Desafortunadamente, no en todos los países se pueden encontrar laboratorios con la capacidad técnica y tecnológica de realizar la prueba del PCR.

Recientemente, en mayo, la OMS ha revisado los protocolos pediátricos, aconsejando que no se espere a que el niño presente síntomas para iniciar su tratamiento. Esto significa una mejora muy importante de la calidad de vida del niño y supone un mejor pronóstico.

La investigación y desarrollo de nuevos tratamientos pediátricos sufre un retraso en relación con la que beneficia a los adultos. ¿Ha habido avances destacados en los últimos tiempos?
A mediados de 2007 salieron al mercado las primeras DFC (dosis fijas combinadas) pediátricas en forma de pastillas, que aunque han tenido mucha dificultad a la hora de implementarse en el terreno, son un primer paso para facilitar la correcta dosificación del tratamiento de los niños. Las presentaciones en jarabe dificultan este aspecto tan importante para el tratamiento y aumentan el riesgo de resistencias, si las mamás o cuidadores de los niños no son capaces de dosificar correctamente. Hay que resaltar que estas primeras dosis fijas combinadas provienen de laboratorios genéricos. Para los adultos hay mucha más variedad. Es como si los niños de los países en desarrollo no hubiesen interesado al mercado farmacéutico. Además faltan más estudios de fármacos en niños. Apenas contamos con investigaciones que permitan albergar la posibilidad de que los medicamentos nuevos vengan en formulaciones pediátricas. Cuanto tienes pacientes de edades que se cuentan en semanas, es crucial disponer de dosificaciones adecuadas.

Si existen aún grandes deficiencias en la lucha contra la infección del VIH/sida en los niños, ¿ocurre lo mismo en cuanto a las enfermedades oportunistas que afectan a los más pequeños?
En el caso de la tuberculosis es especialmente relevante la deficiencia que apuntas. El mayor reto al que nos enfrentamos en este aspecto es el diagnóstico de la tuberculosis ya que los niños no son capaces producir muestras válidas (de esputo) para el diagnóstico por microscopio que es el que se usa habitualmente. A esto se suma que el diagnóstico por esputo en los pacientes seropositivos, independientemente de la edad, son poco sensibles. Esto obliga a que muchos de los diagnósticos se basen en sospechas clínicas, especialmente en la mayoría de los contextos del África subsahariana.

¿Sin embargo, MSF tiene experiencias positivas en contextos que presentan dificultades humanas y materiales. Cómo se puede llevar a cabo un programa de VIH/sida pediátrico que incluya tratamiento antiretroviral con buenos resultados?
El ejemplo más significativo está en el programa que el Ministerio de Salud de Zimbabue y MSF llevan a cabo en la clínica pediátrica de Bulawayo donde casi 2.000 niños están en tratamiento ARV. El contexto actual de Zimbabue en el que predomina una fuerte crisis económica y una falta de recursos humanos importante, la voluntad para poner en marcha una estrategia simplificada sin que ello merme la calidad de la atención, ha sido clave para garantizar el acceso de los niños al programa. La atención sanitaria y psico social, así como el enfoque de acceso a tratamiento familiar, también influyen en que funcione en gran medida la adherencia al tratamiento de estos niños.

¿Por lo tanto, existen motivos para esperar mejoras significativas en la lucha contra el sida pediátrico?
Entre los 100.000 pacientes de SIDA que MSF trata en unos 20 países, se encuentran más de 10.000 niños. Cada uno de estos pequeños, como los que se tratan con éxito en Zimbabue son una buena razón para esperar que la situación de acceso a diagnóstico y tratamiento precoz mejore cuanto antes.

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