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14.11.2007

Armenia: primer paciente de MSF que completa con éxito el tratamiento de TB resistente

“Hoy se considera que he completado el tratamiento”, explica N.L. “Para mí significa que ya no tengo fiebre ni tos y que puedo relacionarme libremente con la gente”

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En septiembre de 2005, Médicos Sin Fronteras (MSF) y el Ministerio de Salud de Armenia abrieron el primer y único programa de tratamiento de la tuberculosis resistente a medicamentos en la capital del país, Eriván. Ahora, el primer paciente de MSF ha completado el tratamiento que dura casi dos años. “Al principio, no podía imaginar las dificultades”, afirma N.L. “Sólo quería que me tratasen y regresar a casa con mi familia. Pero ha sido un proceso largo y lento”.

N.L. había estado bajo tratamiento de forma discontinua durante casi 15 años. Tras años de intentos frustrados para cumplir con un régimen de medicación riguroso y agotador, los bacilos de la TB desarrollaron resistencia a los medicamentos. Por temor a infectar a su esposa y a su hijo, vivía separado de ellos. El terrible estigma asociado a la TB le disuadió de explicar a sus vecinos su enfermedad. Mientras, su estado fue de mal en peor.

Hasta hace dos años, no existía tratamiento para este tipo de cepas de la TB en Armenia debido a la complejidad de la terapia. El tratamiento dura por lo menos dos años incluyendo varios meses de hospitalización. Los medicamentos de segunda línea no sólo son caros sino que a menudo provocan graves efectos secundarios. Además, los índices de curación se sitúan entre el 60 y el 70% incluso con el tratamiento adecuado. Aún así, N.L. fue una de las pocas personas afortunadas que consiguió iniciar el tratamiento en octubre de 2005.

El tratamiento, en la unidad especial de TB resistente a medicamentos a las afueras de Eriván, supone tomar hasta 20 píldoras cada día, a menudo junto a dolorosas inyecciones por la mañana. “Cuando llevaba tres meses en el hospital recibiendo tratamiento, empecé a padecer efectos secundarios”, explica N.L. “Sensación de debilidad, mareos, fatiga, nauseas, cambios de humor, falta de aliento... Era tan insoportable que sólo ver los medicamentos me provocaba nauseas”.

Faltaban casi 20 meses de tratamiento y N.L. padecía un sufrimiento constante. Su lucha diaria empezó a eclipsar cualquier beneficio eventual del tratamiento. “La visita principal de N.L. era su hijo, que le ayudó mucho a sobrellevar la sensación de aislamiento en el hospital”, explica Robert Parker, coordinador general de MSF en Armenia. “Nuestro equipo –trabajadores sociales, psicólogos, médico y enfermera– le animó siempre que pudo”.

Durante la fase inicial del tratamiento de la TB resistente a medicamentos, se necesita hospitalizar al paciente no sólo para controlar su respuesta al tratamiento, sino también para evitar que otras personas se contagien durante el periodo infeccioso de la enfermedad.

N.L. recibió el alta del hospital cuando sus muestras de esputo dieron negativo tras siete meses de hospitalización. Todavía no estaba curado, pero podía regresar a casa y continuar el tratamiento ambulatorio en la policlínica de Eriván.

“Uno de los momentos cruciales en el tratamiento de la TB con resistencia a medicamentos es la transición del tratamiento hospitalario al ambulatorio”, explica Parker. “El paciente ya no es infeccioso y puede regresar a su vida normal, pero a menudo el dolor y el sufrimiento que provocan los efectos secundarios constituye una carga adicional a las dificultades y a la angustia que la propia enfermedad conlleva”.

N.L. no era una excepción. Empezó el tratamiento ambulatorio con gran dificultad. “Me sentía feliz de poder salir del hospital y reunirme con mi familia, pero además de los efectos secundarios, ir a la policlínica a diario durante muchos meses –en el caluroso verano y en el duro invierno– no fue nada fácil. Pensé que nunca sería capaz de conseguirlo”.

“Fue en esta fase cuando intentamos implicar a su hijo en el tratamiento tanto como pudimos”, declara el Dr. Oleg Sheyanenko, un médico de MSF. “El hijo había sido un apoyo emocional tremendo y N.L. no quería decepcionarle, tuvo una influencia significativa en el tratamiento, y la mayoría de las veces N.L. le hacía más caso que a nosotros”. Mientras, el equipo de MSF continuó animándole a seguir el tratamiento y enfatizó la importancia de la adherencia al mismo con la ayuda de su hijo. Frecuentemente, el equipo ofrecía apoyo psicosocial que consistía en: paquetes de comida para asegurar una dieta equilibrada, ayuda para el transporte y así facilitar su desplazamiento diario a la policlínica, leña para ayudarle a pasar los meses más fríos del invierno, y asesoramiento psicológico siempre que lo necesitó.

Tras meses de agotadores esfuerzos por ambas partes, N.L. empezó a creer en la eficacia y los beneficios del tratamiento. Su actitud cambió con el tiempo. “Quería acabar el tratamiento con todas mis fuerzas así que continué tomando la medicación regularmente. Si quieres vivir, tienes que completar todo el régimen”. "Hasta el final del tratamiento, N.L. visitó la policlínica cada día y nunca dejó de tomar una sola dosis.

“El tratamiento de N.L. ha terminado, pero técnicamente hablando sólo estará ‘completamente curado’ si no padece ninguna recaída en cinco año”, aclara Parker. “Pero esto sin lugar a dudas ha abierto una puerta a la esperanza para otros pacientes y para nuestro equipo. Por primera vez en dos años, nuestro trabajo en Armenia ha tenido resultados visibles”.

“Ni que decir tiene que el tratamiento de la tuberculosis resistente supone una carga considerable para el paciente. Pero también emocionalmente ha supuesto un desafío para nuestro equipo y ha provocado cierta frustración, dado que a menudo nos hemos sentido culpables de no estar haciendo las cosas bien. Ahora podemos responder con toda honestidad a las preguntas que nuestros pacientes no dejan de repetir: ‘Este tratamiento, ¿funciona? ¿Se ha curado alguna vez alguien con este tratamiento?’”, añade Parker.

“Hoy, se considera que he completado el tratamiento. Pero ¿qué significa para mí?”, concluye N.L, “significa que ya no tengo fiebre ni tos y que puedo relacionarme libremente con la gente. No tenemos que perder la esperanza, tenemos que continuar siendo fuertes, pacientes y llegar al final del tratamiento”.

Falta de herramientas para diagnosticar y tratar la TB con resistencia a los medicamentos
Debido a la percepción de que la tuberculosis es una enfermedad del pasado y de los pobres, la comunidad internacional no ha considerado la TB como un mercado digno de investigación y desarrollo durante los últimos 50 años. Mientras tanto, esta enfermedad es cada vez más difícil de tratar debido a la rápida propagación de la TB con resistencia a medicamentos. A pesar de la limitada eficacia del tratamiento para la TB resistente y de su inaceptable duración y efectos secundarios, la insuficiente producción global de medicamentos de segunda línea hace que su precio no sea asequible para la mayoría de pacientes que lo necesitan. En Armenia, donde el gasto total en salud sigue siendo el más bajo de los países de la antigua Unión Soviética, MSF cubre todo el coste del tratamiento y sólo la medicación de segunda línea cuesta más de 9.000 euros por paciente con TB resistente. Actualmente, MSF está tratando a 55 pacientes con TB resistente a los medicamentos en dos distritos de Eriván, Armenia; 25 de los cuales están hospitalizados en la unidad de tratamiento especial a las afueras de la ciudad, y 30 reciben tratamiento ambulatorio en dos policlínicas de la capital.

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