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21.09.2007

"Con el aumento del control y el cierre total de la frontera, ha aumentado la presión y eso ha tocado la salud mental"

Amal el Oualji lleva trabajando con MSF en Marruecos casi tres años como asistente social. En esta entrevista nos explica cuál es la situación actual de los inmigrantes subsaharianos que viven en el país y el trabajo que hace MSF.

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¿Cuál es tu trabajo en la misión de Marruecos?
Trabajo en el proyecto de Oujda y hago de intermediaria entre los subsaharianos y los servicios de salud del país. Les acompaño a las estructuras de salud, les presento y les explico a los responsables de salud lo que les pasa. Sobretodo tienen el problema de la lengua. También hago salud preventiva a la población vulnerable (mujeres y niños) como, por ejemplo, vacunación para los bebés y evaluación de las necesidades para la distribución del material de abrigo.

¿Por qué estamos en Oujda?
Oujda es una ciudad en la frontera con Argelia. Es el lugar donde están todos los subsaharianos ya que es la puerta de entrada a Marruecos. También es el lugar donde llevan a los subsaharianos que para la policía. Y los llevan allí porque Oujda es considerada la puerta de la frontera y la policía sabe que entran por ahí. Les expulsan a esta frontera porque así les incitan a volver a su país y a retomar la ruta que han hecho para entrar.

¿Qué hacemos actualmente en nuestro proyecto?

El proyecto ha pasado por muchos cambios por que la situación no para de cambiar y nosotros nos hemos visto obligados a hacerlo también. En la zona de la frontera, primero trabajábamos en la ciudad de Nador, en la frontera con Melilla. Había una concentración de entre 500 y 600 personas en un bosque al lado de Melilla, desde donde intentan pasar la valla para ir al otro lado. Llegó un momento en que las autoridades españolas y marroquíes querían alejar a los inmigrantes, sobre todo después de los asaltos a la valla de Melilla. Todos fueron expulsados a la ciudad de Oujda. Como el contexto había cambiado nosotros también nos fuimos a Oujda, donde estaban las necesidades médicas. Tuvimos que establecer los contactos con la población vulnerable, con los enfermos. Después, los subsaharianos decidieron volver a la ciudad para organizar el pasaje por otro lugar, ya que estaba bloqueado por Melilla. Y es por ello que ahora la mayoría se concentra en las dos capitales, Rabat y Casablanca, donde hay un gran número de inmigrantes que viven en la precariedad. Existe la necesidad de asistirlos. En este nuevo periodo, estamos en el proceso de hacer una expansión hacia las zonas urbanas y ver cuáles son las necesidades de esta gente.

¿Por qué van los subsaharianos a las zonas urbanas, a Rabat y Casablanca?
El bloqueo que se ha hecho en la valla de Melilla ha dado más poder a los mafiosos y a los que ayudan a los inmigrantes a cruzar, que hacen negocio con esta situación. Están concentrados en Rabat y Casablanca porque viven en Marruecos y para cruzar han de pasar por ellos para discutir sobre el dinero y cuáles son las posibilidades. Cuando vuelven a la ciudad es el momento de descansar. No viven en el bosque porque es más difícil para ellos, sobre todo en el periodo de frío, cuando hay muchas dificultades. Prefieren ir a estas ciudades y preparar su salida hacia otra puerta y no a la de Melilla.

¿Cuáles son las necesidades de esta población?

En cuanto a necesidades médicas, son víctimas de la violencia. Hay diferentes maneras de violencia: hay violencia sexual sobre las mujeres, hay violencia corporal sobre los hombres y también está la violencia psicológica sobre todos. Además de las necesidades médicas, les falta material de abrigo. Necesitan mantas, plástico y materiales de higiene porque son gente que viven sin acceso al agua. Los que viven en el bosque necesitan los materiales para hacer las tiendas.
Y por último, falta ayuda a nivel social, pero MSF no puede hacer todo ya que es la única organización en el terreno que da asistencia a esta gente. Las asociaciones que podrían hacer algo no lo hacen ya que la inmigración es un tema político y por tanto es difícil meterse en este contexto, hay muchas dificultades. Incluso el gobierno puede poner trabas al trabajo que quieres hacer con esta población.

¿Cómo está la salud mental de esta población?
Sobre todo se hace necesario en este periodo de cambio. Hay una situación que cambia: los que están bloqueados y no tienen la posibilidad de pasar gratuitamente como antes, los vulnerables financieramente, tienen aún la esperanza de pasar al otro lado pero no tienen el dinero. Piensan que si no pueden pasar ahora en unos años tendrán los medios financieros. Pero, sin embargo, con el aumento del control y el cierre total de la frontera, ha aumentado la presión y eso ha tocado la salud mental. Hay muchas depresiones y están muy desesperados.

¿Cómo se establece la relación con una población que se mueve tanto?
Somos un equipo móvil, no tenemos una estructura que acoge a los inmigrantes si no que nos desplazamos. Ellos nos llaman por teléfono ya que saben que cualquiera que nos necesite nos puede llamar y que somos accesibles en cualquier momento. Si hay alguien que pide nuestra ayuda vamos donde está y por ello nuestra relación se basa en la confianza. Esta confianza es relativa y tiene limites. Hay gente que confía en ti; se ponen en tus manos y saben que vas a velar por ellos. Pero hay otras personas que se fían pero no te dan la confianza total. Es entendible porque estamos en un país que a cada rato les paran, les llevan a la frontera e incluso se les expulsa del país.

¿Se ayudan entre ellos?
Se agrupan sobre todo por nacionalidades. También por regiones, por ejemplo, los de África del oeste son una unidad. Algunas comunidades se ayudan, pero otras no. Todo está basado en el interés. Te ayudo y en contra partida tú me das algo, pero no se ayudan gratuitamente.

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