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22.12.2005

Banda Aceh: "Durante 15 minutos no paramos de llorar. Luego volvimos al trabajo"

Dos días después del <em>tsunami</em>, MSF empezó a trabajar en Aceh, Indonesia. La enfermera de MSF, Maria Meo, fue una de las primeras en llegar a la ciudad de Banda Aceh, que estaba arrasada. Aquí recuerda su experiencia.

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“Cuando vi la noticia del tsunami el 26 de diciembre pensé: ‘La gente de Aceh no necesita mis lágrimas, necesita mi ayuda’. Entonces hice la maleta y les dije a mi marido y a mis hijos: ‘Me voy a Aceh. MSF va a intervenir y tengo que estar preparada’.

MSF me llamó esa tarde y a la mañana siguiente nos encontramos todos. Afortunadamente, trabajadores de MSF de toda Indonesia habían ido a Yakarta para pasar la Navidad, así que estaba nuestra gente más experimentada. Esto nos permitió actuar rápido y, desde el alba hasta medianoche, preparamos el material para salir al día siguiente.

Llegamos a Banda Aceh la tarde del 28 a bordo de un vuelo charter con 3,5 toneladas de ayuda y ocho miembros de MSF. El aeropuerto era un caos. Cientos de personas se habían reagrupado allí, desesperadas por subir al primer avión. Esa noche dormimos en el aeropuerto mientras dos miembros del equipo iban a ver el centro de la ciudad. Era difícil llegar hasta allí, todo el sistema de transporte estaba colapsado. Cuando regresaron, nos dijeron que las calles estaban llenas de cuerpos de personas y de animales, y que teníamos que prepararnos. No fue fácil dormir esa noche.

MSF empezó por evaluar la situación en los hospitales y en los asentamientos donde la gente se había reagrupado. Luego consultamos a los líderes de los campos para determinar cuáles eran las necesidades más urgentes y cuáles estaban cubiertas por los organismos locales. El hospital principal estaba parcialmente destruido y no funcionaba. En otro hospital privado más pequeño, se atendía a los pacientes, pero sus pasillos estaban abarrotados y las reservas de material estaban casi agotadas. Voluntarios locales hacían lo que podían en los campos, pero les faltaba experiencia y medicamentos. No había otra organización médica presente; éramos los primeros.

Después de tener la garantía de que el hospital no iba a cobrar a los pacientes por los tratamientos, hicimos una donación de medicamentos y material. Luego formamos dos equipos móviles y nos dirigimos a los campos más grandes para tratar a los pacientes.

El primer día atendimos a más de 150 pacientes en nuestra clínica móvil. La mayoría tenía heridas infectadas causadas por las fuertes corrientes o los escombros. Durante las consultas, los pacientes empezaban a contar sus historias. Siempre había un momento en el que se echaban a llorar.

Durante tres días me mantuve fuerte, sabiendo que de lo contrario no podría ayudar a nadie. Pero al cuarto día me derrumbé. Durante 15 minutos, mientras íbamos de un lugar a otro, el médico, la enfermera y yo no paramos de llorar. Luego volvimos al trabajo.

A la segunda semana, todo el esfuerzo de MSF se hizo palpable, con la llegada cada vez más importante de trabajadores y material. Pudimos disponer de helicópteros, lo que nos permitió alcanzar poblaciones aisladas en las costas oeste y este, que hasta entonces no habían recibido ninguna ayuda. Utilizamos el barco de Greenpeace, The Rainbow Warrior, para enviar más material. También llegaron psicólogos que se incorporaron a los equipos móviles de forma que la gente que padecía dolores psicosomáticos –y eran muchos– pudiese ser atendida.

Al final de la tercera semana, las necesidades empezaron a cambiar. La mayor parte de los heridos había recibido tratamiento y empezamos a ver cada vez a más gente con problemas relacionados con sus precarias condiciones de vida y no directamente con el tsunami. Las organizaciones de ayuda llegaban de forma masiva a Banda Aceh, lo que disminuyó un poco la presión sobre nuestros equipos. Ya era tiempo para mí de regresar a casa, a pesar de que quedaba todavía muchísimo trabajo por hacer. Estaba agotada.”

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