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14.03.2007

Bangladesh: refugiados de Myanmar atrapados sin ningún sitio a donde ir

Cientos de familias de Myanmar, que viven en un campo cerca de Teknaf en Bangladesh, se ven obligadas a abandonar sus refugios

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Tras huir de la persecución de la que eran objeto en Myanmar y vivir en terribles condiciones durante muchos años en Bangladesh, ahora las autoridades bangladesíes han pedido a cientos de familias que evacuen y se vayan sin proporcionarles ningún lugar alternativo a donde ir.

Esta es la situación a la que deben hacer frente desde el miércoles 7 de marzo las cientos de familias que viven en un campo improvisado cerca de Teknaf. El campo de Tal, como se le denomina normalmente, consiste en pequeños y desvencijados refugios situados entre el río Naf y la carretera que conduce a la ciudad de Cox’s Bazaar. Más de 6.000 hombres, mujeres y niños han buscado refugio en una franja de tierra de 800 metros de largo y 30 de ancho donde la comida y el agua potable son bienes escasos y el acceso a la salud es limitado.

Los refugiados musulmanes, de la etnia rohingya, llevan años huyendo del estado de Rakhine al norte de Myanmar donde explican que eran objeto de graves abusos como trabajos forzados, restricciones de movimiento, y confiscación de tierras. Durante muchos años, han vivido en condiciones extremadamente vulnerables, sin estado dentro de su propio país y privados del estatuto de refugiados en Bangladesh. “Regresar sería como ahogarse en el mar”, declara una mujer en el campo de Tal. “Allí (Mynamar) sufríamos mucho. Si comíamos una vez, no podíamos comer las próximas siete veces”.

Una evaluación realizada por Médicos Sin Fronteras (MSF) en abril de 2006 reveló unos indicadores sanitarios preocupantes entre la población del campo como resultado de las míseras condiciones de vida: refugios construidos muy cerca los unos de los otros sin espacio para huertos donde plantar sus cultivos, durante la estación de lluvias el 79% de estos refugios se inundan y durante el resto del año el 10% de ellos se ven afectados por el agua que entra cuando la marea crece. Estas condiciones causan diarrea, infecciones respiratorias y desnutrición, entre otros problemas sanitarios. Al poco tiempo, MSF abrió una clínica y un centro de nutrición terapéutica (CNT) cerca del campo. Ambas estructuras están abiertas a todo el mundo en el campo así como a las personas que viven en sus alrededores. No obstante, la desnutrición y las enfermedades afectan de forma desproporcionada a las personas que viven en el campo. Cada día se realizan más de 100 consultas, y en el CNT reciben asistencia nutricional una media diaria de más de 40 niños.

En una operación de limpieza de las principales carreteras del país, el gobierno de Bangladesh ha exigido que también se limpien las partes del campo situadas cerca de las mismas. Además, las autoridades están obligando a algunas familias que no aparecen en los listados de residentes a que se marchen. Tras verse obligados a desplazarse y a reasentarse o a buscar refugio durante casi 15 años, un número significativo de ocupantes del campo tendrán que volverse a trasladar. “Cuando todavía no está claro lo que va a ocurrir a las personas que se ven obligadas a abandonar el campo de Tal”, explica Frido Herinckx, jefe de misión de MSF, “ya va siendo hora que las autoridades de Bangladesh junto con los miembros de la comunidad internacional se ocupen de un problema que ya dura 15 años y que no va a desaparecer expulsando a esta gente de donde están. Deben ofrecerse alternativas o negociar, esta gente tiene que poder ir a alguna otra parte. No debería permitirse que nadie viviese en estas condiciones”.

Si no se encuentran soluciones duraderas para mejorar sus condiciones de vida y el acceso a servicios, miles de rohingya probablemente continuarán estando expuestos a la enfermedad y la desnutrición, tras haber sufrido el desplazamiento, la explotación y abusos a lo largo de toda su vida, tanto en Bangladesh como en Myanmar.

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