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18.01.2021

En medio de la pandemia de COVID-19, esta sala de maternidad de Bangladesh nos hace sonreír

Hace unos cuatro años, decidimos dejar una huella pintada en una pared por cada niña o niño que sobreviviera. Primero, fueron 12; al año siguiente, 50; y ahora sumamos muchas más. Nos emociona contarte esta pequeña gran historia.

Huellas de los nacidos en la maternidad del hospital de Goyalmara, Bangladesh
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Por Paul Jawor, especialista en agua y saneamiento de MSF. 

En estos días de COVID-19, pánico, miedo y depresión, con restricciones, de máscaras, distancia física y lavado de manos… podemos olvidar que el mundo real sigue girando.

Sí, la COVID-19 es ahora mismo el freno más importante de nuestra era causado por una enfermedad. Sin embargo, me complace anunciaros que la vida continúa. Y la determinación de Médicos Sin Fronteras (MSF) de mantener y mejorar la salud de los menos afortunados sigue siendo clara.

Nuestras misiones en todo el mundo se han adaptado para estar responder a la COVID-19 y, al mismo tiempo, mantener nuestra labor a la hora de hacer frente ante enfermedades y problemas habituales de la población local como el cólera, la malaria y otras enfermedades desatendidas.

Los mensajes positivos de nuestras intervenciones habituales a menudo se pierden en la niebla causada por el pánico a la COVID-19. Por ello, me gustaría explicarte una de estas intervenciones de fondo que a menudo se pueden olvidar: muestra que la gente todavía lucha por la vida en algunas de las zonas más desesperadas del mundo, donde MSF trabajamos, incluso en plena pandemia de COVID-19.

Quiero hablar del hospital de MSF en Goyalmara, en Bangladesh, situado en la linde de Cox Bazar, el campo de refugiados más grande del mundo.

Maternidad en el hospital de Goyalmara

Hace unos tres o 4 años, MSF inició su respuesta a la población recién llegada, construyendo dos hospitales y tres centros de salud, así como otras actividades relacionadas con la salud. Quisimos hacer algo divertido para reconocer el éxito del trabajo de nuestros compañeros del servicio de maternidad del hospital y, por ello, decidimos dejar una huella en una pared del centro por cada niño que sobreviviera a su complicad llegada a este difícil mundo.

Así, se trataría de una huella en la pared por cada niño que sobreviviera.

He estado siguiendo este muro durante algunos años y he enviado fotos actualizadas para mantener a todos actualizados. Al principio, había 12 huellas; al año siguiente, fueron más de 50; y, ahora, años después, las huellas todavía pintan en la pared.

Como puedes ver en esta foto, ahora hay cientos de huellas. Cientos de pies diminutos que muestran el éxito de nuestra sala de maternidad.

Mientras nuestro mundo aún se sumerge en el vórtice de la COVID-19, entre miserias y oportunidades perdidas, merecen especial atención -un pensamiento, una -respiración- estos pequeños supervivientes. Han superado el primer obstáculo de la vida con la ayuda de nuestro dedicado personal en Bangladesh.

Han nacido con éxito, de forma segura.

Cada nueva huella en la pared trae esperanza y felicidad a un mundo que tanto necesitas emociones como estas. Incluso en plena pandemia de COVID-19, podemos celebrar una nueva vida.

Sophie, enfermera MSF, con un recién nacido en el hospital de MSF en Kutupalong.