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10.02.2021

Camerún: la atención médica comunitaria, un salvavidas para las personas desplazadas por la violencia

Unas 700.000 personas han tenido que huir en cuatro años debido a la violencia armada en Noroeste y Suroeste. Asistimos a la población en zonas remotas y complicadas a través de nuestro modelo de atención centrado en la comunidad. Voluntarios como Esua son el puente entre nuestros centros médicos y los pacientes.

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En torno a una decena de adultos y niños esperan pacientemente en la consulta. Sentado junto a una pequeña mesa, Etienne Esua escucha a los pacientes, venda heridas y realiza pruebas rápidas de malaria mediante un pequeño pinchazo en un dedo.

“Si la prueba de malaria da positivo y los síntomas del paciente no son graves, lo trato con medicamentos”, explica.

Las consultas se llevan a cabo en el porche de una casa en una aldea de la región de Suroeste, en Camerún. Esua no es un profesional médico, sino un voluntario comunitario que hemos capacitado para ofrecer atención médica primaria a algunas de las comunidades más vulnerables y de difícil acceso de la región.

Durante los últimos cuatro años, las regiones de Noroeste y Suroeste de Camerún se han visto sacudidas por la violencia armada entre fuerzas gubernamentales y grupos armados rebeldes, que ha desplazado a más de 700.000 personas.

Las necesidades humanitarias son enormes. Las comunidades desplazadas tienen muchas dificultades para acceder a servicios básicos, incluida la atención médica. La crisis ha afectado gravemente al sistema de salud pública. Muchos centros de salud han cerrado o no funcionan, los trabajadores y centros médicos están siendo un blanco directo de la violencia y la inseguridad obstaculiza el suministro de medicamentos y equipos médicos.

Dado el alto nivel de inseguridad, las organizaciones humanitarias sufren muchos problemas para llegar a las comunidades desplazadas, que a menudo buscan refugio en zonas boscosas y remotas.

Para ofrecer asistencia médica en estas regiones en condiciones tan complicadas, hemos puesto en marcha un modelo de atención en el que es precisamente la propia comunidad, a través de voluntarios como Esua, la encargada de asistir a su comunidad.

“Los voluntarios de salud comunitaria son el puente entre las estructuras de salud que apoyamos y las comunidades vulnerables que no tienen acceso a los centros de salud, ya sea porque están desplazadas, porque las estructuras de salud están cerradas o porque no pueden pagar los servicios médicos”, afirma nuestra coordinadora, Yilma Werkagegnehu.

Actualmente, trabajamos con 106 voluntarios comunitarios en varios distritos de salud cercanos a las localidades de Mamfe y Kumba en la región de Suroeste. Hasta diciembre de 2020 se llevaban a cabo actividades similares en la región de Noroeste, pero estas se han parado tras la decisión de las autoridades de suspender nuestras actividades en la zona.

Los voluntarios de salud comunitaria son recomendados y elegidos por los líderes comunitarios y MSF los formamos para detectar y tratar enfermedades simples como casos no complicados de malaria e infecciones del tracto respiratorio, desnutrición y diarrea.

Esua Ettiene, trabajador de salud comunitario, pasa consulta a un paciente en su casa, en un pueblo de la región Suroeste de Camerún

También aprenden a realizar actividades de promoción de la salud para evitar que las personas se enfermen y a estar atentos a muestras de abuso sexual y aflicción psicológica. Aunque es posible que no sean profesionales médicos, los voluntarios han sido instruidos para adherirse a la ética médica y para tratar a los necesitados, independientemente de su formación.

En 2020, estos voluntarios realizaron más de 150.000 consultas médicas gratuitas en las regiones de Suroeste y del Noroeste.

Los voluntarios de salud comunitaria reciben incentivos económicos por su trabajo. Se les entrega una mochila con medicamentos esenciales y son convocados a reuniones periódicas con nuestros supervisores para discutir su trabajo, recibir consejos y compartir datos médicos. Sus mochilas se vuelven a llenar antes de volver a visitar comunidades remotas, para lo cual a menudo caminan durante varias horas al día.

Si las necesidades médicas de un paciente exceden el conocimiento y capacidad del voluntario, este debe derivarlo a instalaciones de salud que apoyamos donde pueda recibir tratamiento adecuado. Este es el caso por ejemplo de niños con malaria severa, mujeres con embarazos complicados, supervivientes de violencia sexual o pacientes que han sufrido otros tipos de violencia.

Uno de los pacientes referidos es una niña de 7 años llamada Dorcas. Está sentada en un banco junto a su madre fuera del Hospital General Presbiteriano que apoyamos en Kumba, en la región de Suroeste. Tiene la pierna izquierda escayolada.

“La niña resultó herida en un accidente de tráfico y fue remitida al hospital por uno de los voluntarios de nuestra comunidad”, dice la doctora Guisilla Dedino. “Le hicieron un reconocimiento médico en la sala de urgencias y se le diagnosticó una fractura abierta de la pierna izquierda. Un cirujano de MSF la operó. Está progresando, y la fractura muestra signos positivos de estar curándose”.

Viajar desde aldeas remotas hasta los centros de salud es un gran desafío para muchas personas debido a la inseguridad, las malas condiciones de las carreteras y la falta de transporte. Ofrecemos un servicio de ambulancia gratuito durante las 24 horas del día y siete días por semana. Las ambulancias recogen a los pacientes que se ajustan al criterio en determinados puntos y los transportan a los centros de salud y hospitales que apoyamos.

Cuando no podemos llegar, se proporciona dinero para que los pacientes utilicen transporte público y se desplacen a las estructuras de salud o puntos de recogida. Gestionar este modelo de atención y servicio de ambulancias no es fácil en un entorno tan inseguro.

“Los voluntarios de nuestra comunidad a veces son acosados ​​por hombres armados”, explica nuestro coordinador de emergencias para la región de Suroeste, Paulo Milanesio. “Estamos en constante diálogo con diferentes grupos para garantizar su seguridad. Necesitamos que todos comprendan que los voluntarios de la comunidad y las ambulancias son un salvavidas muy necesario para las comunidades vulnerables que de otro modo se verían privadas de atención médica”.