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15.02.2007

El caso Novartis. Múltiples ofensivas contra los medicamentos genéricos

El caso de Novartis contra la ley india no es algo excepcional. Los ataques por parte de las grandes compañías farmacéuticas y los países del norte a fin de reducir el acceso a medicamentos genéricos en los países en desarrollo van en aumento. Así lo explica la farmacéutica Sophie-Marie Scouflaire.

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¿Qué implican los ataques contra los medicamentos genéricos?
Se están persiguiendo varias estrategias para ralentizar la producción y venta de medicamentos genéricos.
Algunos países han creado mecanismos para proteger datos de ensayos clínicos a fin de demorar el registro de los genéricos. Los fabricantes de genéricos suelen referirse a estos datos para obtener autorización y poder así comercializar sus productos. Si existe un mecanismo de protección de datos, los fabricantes de versiones genéricas ya no tendrán acceso a ellos y no podrán obtener permiso para comercializar sus productos durante el periodo de protección de los datos en cuestión.

Los acuerdos bilaterales y regionales constituyen otra técnica. Estados Unidos ha firmado algunos de estos acuerdos con países en desarrollo como Marruecos, requiriéndoles que extiendan sus patentes más allá de los 20 años estipulados por el acuerdo ADPIC de la OMC.

Otros países están sujetos a una intensa presión cuando intentan modificar sus leyes de propiedad intelectual para reflejar la flexibilidad que proporciona el acuerdo ADPIC. En 2001, en Kenia, grupos de la sociedad civil y líderes políticos locales se movilizaron para agilizar la aprobación de una ley que reflejase todas las flexibilidades incluidas en el acuerdo ADPIC. Y el año pasado, las mismas organizaciones y responsables ayudaron a impedir que los legisladores adoptasen una enmienda que aboliese todas las salvaguardas aprobadas tres años antes. La presión de las grandes compañías farmacéuticas es continua.

A pesar de ello, ¿Tailandia acaba de autorizar la fabricación de una versión genérica de Kaletra, que todavía está patentada?
Tailandia es uno de los primeros países que ha desarrollado la producción local de antirretrovirales (ARV) genéricos para promover el tratamiento de los pacientes con SIDA. El 26 de enero, el Ministerio de Salud tailandés emitió una licencia obligatoria autorizando a su industria local a ignorar la patente actual para Kaletra a fin de producir una versión genérica del medicamento. Esta decisión es la clave para que este antirretroviral de segunda línea sea accesible a precios asequibles.

No obstante, como Tailandia es un país orientado a la exportación, sobre todo dirigida al mercado de EEUU, nos preocupa mucho que al gobierno se le impongan sanciones comerciales por este motivo. Incluso más sorprendente y preocupante es el hecho que Margaret Chan, la nueva directora de la Organización Mundial de la Salud, haya criticado la decisión de Tailandia. En lugar de ponerse del lado de las compañías farmacéuticas, la Sra. Chan debería defender a los países que se mueven a fin de promover el acceso a medicamentos, tal como autorizan los acuerdos internacionales.

Hace varios años, Tailandia quería fabricar una versión genérica del Didanosine, un antirretroviral patentado. Presionada, la industria farmacéutica local finalmente produjo Didanosine en polvo que no está patentado pero que es de más difícil administración.

Volviendo a la cuestión del pleito de Novartis, ¿cuáles son los impactos más probables de impugnar el Artículo 3 de la ley india para una organización médica como MSF?
Si la impugnación del Artículo 3 sale adelante, podríamos acabar en la misma situación a la que tuvimos que enfrentarnos hace seis años, cuando empezamos a tratar a pacientes con SIDA en nuestros proyectos. Los genéricos no existían entonces. Las grandes compañías farmacéuticas no registraban sus ARV en todos los países porque el mercado no era prometedor. Además, los precios de estas compañías variaban en función de ciertas condiciones (incluyendo el nivel de desarrollo de esos países y la incidencia del SIDA), lo que nos imposibilitaba centralizar nuestras compras. Era un verdadero dolor de cabeza, pero cuando aparecieron los genéricos, el problema quedó resuelto puesto que éstos se distribuían al mismo precio en todos lo países en los que trabajamos.

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