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20.02.2008

Chad: historias en primera persona

Los recientes enfrentamientos entre fuerzas rebeldes y gubernamentales en Yamena han sido de una violencia sin precedentes. Durante dos días, la población se vio atrapada entre dos fuegos, a merced de los combates. Muchas de las víctimas son civiles y en muchos casos no pudieron acceder a los hospitales hasta que acabaron las hostilidades. Algunos heridos nos cuentan lo sucedido:

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Jean, 29 años, mecánico

“Era sábado, sobre las seis de la tarde. Yo me encontraba delante de la puerta de mi casa cuando se produjo un ataque en el puente. Nos dijeron que huyéramos del barrio, pero no teníamos a donde ir. Finalmente, nos refugiamos en una cabina telefónica. En ese momento cayó un obús y resulté herido por los efectos de la onda expansiva. Había un pequeño conmigo en la cabina, él también resultó herido. Otras tres personas murieron. Vi sangre. No me podía mover. Alguien fue a buscar una carreta para llevarme a un hospital, pero todos estaban cerrados. Por lo tanto regresamos a casa. Allí mientras tanto me pusieron un vendaje y el lunes, cuando los combates cesaron, me trajeron al hospital.
Espero que se haya acabado, los rebeldes se han retirado. Rogamos a Dios que nos guarde”.


Charlotte y su hija, Karine, 18 años

“Llegó al centro el sábado. Mi hija se encontraba en casa de una amiga cuando empezaron los combates. De pronto, recibió un balazo en el tórax. Se cayó al suelo, estaba paralizada y su vientre empezó a hincharse. No estaba lejos del hospital central, pero no podían llevarla debido a los disparos. Entonces, la trasladaron a casa de mi hermana. Un médico que no es cirujano se ocupó de ella. Pero el domingo mi hermana se fue a Camerún y se quedó sola. Cuando me reuní con ella el lunes estaba casi muerta debido a la hemorragia. Sabía que en el hospital de Walia estaba Médicos Sin Fronteras y que ellos no nos pedirían dinero por el tratamiento, así que vinimos aquí.
La guerra no está bien, lo desbarata todo. Es la tercera vez que vivo este tipo de sucesos. Yo ya soy mayor, qué importa si muero, pero me preocupan los niños”.


Ali Assan, 23 años, y su padre El Hadj Asan Abdulei

“Ocurrió en el centro el domingo por la mañana, hacia las siete y media. Éramos tres. Mis dos hermanos y yo estábamos en casa. Cayó un obús. Perdí un dedo y recibí los impactos de la explosión en la cara y el cuerpo. Uno de mis hermanos perdió una pierna, el otro recibió impactos en la espalda. Todo el mundo huyó, me abandonaron”.
El padre: “Yo estaba en otra casa. Vinieron a informarme que mi hijo había muerto, pero como había pillaje y muchos disparos tuve que esperar. Finalmente, llenándome de coraje me aventuré a salir. Para enterrarle, pensé. Pero gracias a Dios, todavía respiraba. Así que le traje al hospital. El resto de la familia se marchó al pueblo. Regresarán cuando vuelva la paz”.


Gakso, 18 años, y su padre

“Toda la familia nos encontrábamos en casa, en Walia. Una columna armada había avanzado hacía el puente poco antes y se oían disparos. Mi hijo salió a ducharse y recibió una bala perdida en el bajo vientre. Sangraba mucho. Le trajimos en moto al hospital. Ahora está mejor, pero le duele mucho. Tendrá que quedarse tres meses en el hospital. Este año iba a preparar su bachiller, pero va a perder el año”.

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