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11.03.2008

Chad: los refugiados en Birak hablan de la violencia en Darfur

La violencia en Darfur ha obligado a miles de personas a cruzar la frontera y buscar refugio en Chad. Sin embargo, la situación de estos refugiados sigue siendo crítica

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Acaban de escapar de los bombardeos en Darfur, pero no tienen más elección que regresar para intentar conseguir los suministros más urgentes. Los refugiados sudaneses que recientemente llegaron a la zona de Birak, en Chad, siguen viviendo una situación muy crítica. Sus aldeas fueron reducidas a cenizas, sus pertenencias saqueadas y sus familiares asesinados o heridos. Escaparon y se refugiaron a unos pocos kilómetros de la frontera, con la esperanza de encontrar allí un lugar seguro donde quedarse. No obstante, la asistencia es extremadamente limitada en esta región tan inestable. Hoy, reciben muy pocos recursos y tienen que arriesgar sus vidas para ir en busca de alimentos entre las ruinas de sus aldeas en Darfur.

Los refugiados en Birak describen ataques especialmente cruentos. Primero ataques aéreos, luego la intervención por parte de vehículos del ejército sudanés y milicias a caballo. “Era viernes, fuimos a rezar”, explica Ibrahim, habitante de Seleah. “De repente, aviones Antonovs empezaron a bombardear. Inmediatamente después, pick-ups del ejército y hombres a caballo entraron en la aldea. Empezaron a disparar contra la gente y a saquearlo todo. Nos refugiamos en nuestra habitación pero algunos milicianos nos siguieron y se lo llevaron todo. Cuando intentaron llevarse la manta de mi mujer, ella se negó alegando que era para los niños. Entonces le dispararon y luego se lo llevaron todo incluso nuestro caballo y se fueron”.

Los primeros refugiados llegaron a Chad el 9 de febrero, escapando de los ataques contra Seleah, Abu Shuruj y Sirba. Una segunda oleada de refugiados llegó del Jebel Moon el 20 de febrero, contando la misma historia. “Los bombardeos empezaron el martes con Antonovs y helicópteros”, explica Zara, una muchacha de 26 años de una aldea al pie del Jebel Moon. “Nos refugiamos en la montaña pero las milicias nos siguieron y mataron a muchas personas. Me escondí en una cueva. Uno de ellos entró a mirar. Cuando me vio, disparó y recibí un balazo en la pierna y otro en el brazo. Mi hijo, colgado a mi espalda, murió. Tenía 18 meses”.

Se fueron sin nada
En la situación de pánico que siguió, varias familias se separaron. “Dejamos atrás a los muertos y también a algunos de los heridos. Cada uno de nosotros escapó solo. Podías considerarte afortunado si tenías suficiente tiempo de llevarte a tu hijo contigo. Nos fuimos sin mirar atrás”, recuerda Fatima, una mujer de 60 años que llegó a Birak el viernes 20. Gradualmente, las familias se van reuniendo nada más cruzar la frontera con Chad. Pero una semana después de los ataques, algunos padres todavía están buscando a sus hijos. Las familias afirman que muchos ancianos que no podían desplazarse tuvieron que quedarse en Darfur.

La mayoría de los refugiados no pudieron llevarse nada consigo cuando huyeron. Una vez en Chad, se concentraron en diferentes zonas a lo largo de la frontera. Como están dispersos en un radio de más de 30 kilómetros, resulta difícil estimar su número. Aproximadamente 10.000, tal vez más. Se han instalado debajo de los árboles, en los wadis o detrás de unas ramas. Algunos de ellos reciben asistencia de la población local y de las organizaciones presentes allí, entre ellas MSF, pero la mayoría de los refugiados todavía sobrevive en condiciones muy precarias. Su situación por desgracia no va a mejorar mientras estén tan cerca de la frontera, puesto que la provisión de ayuda a esta zona tan aislada e inestable resulta extremadamente difícil.

Regreso a Darfur
Sin ninguna otra elección, varias personas han decidido regresar a su aldea en Sudán en busca de comida, a menudo arriesgando su vida, debido a las milicias que todavía se encuentran allí. Generalmente, son las mujeres quienes regresan porque los hombres alegan que si lo hacen ellos corren el riesgo de ser asesinados. Entran en las aldeas durante la noche para evitar a los hombres armados, pero aún así este viaje resulta muy peligroso. “Los milicianos nos azotaron”, cuentan Hawa y Fatima que hace poco regresaron a Gosmino. “Si sólo te llevas un pequeño saco de mijo entonces te dejan ir pero si intentas llevarte uno grande o algo más, se lo quedan. Algunas mujeres han sufrido mucho”. Durante la última semana de febrero, el equipo de MSF que trabaja en el centro de salud de Birak trató a un hombre que fue alcanzado por un disparo cuando intentaba conseguir alimentos en Seleah. “Normalmente las mujeres van allí porque es menos peligroso para ellas”, explica su tío. “Sin embargo, a él no le quedaba otra elección pues su mujer está enferma y ya no tenía nada que llevarse a la boca”.

A pesar de sus precarias condiciones de vida, el estado de salud de los refugiados sigue siendo estable. No obstante, podría deteriorarse bastante rápido si no reciben asistencia. “De momento, padecemos resfriados y dolores de estómago, nada serio. Pero en un par de días podría haber serios problemas”, resume Abdallah, un hombre procedente del Jebel Moon con 13 hijos que sobrevive hasta la fecha gracias a la ayuda de familiares y la población local.

Una situación en punto muerto

Atrapados en esta zona tapón, la situación de los refugiados parece haber alcanzado un punto muerto. Muchos de ellos ven su traslado a un campo de refugiados en una zona más segura como la solución. “No podemos regresar a Sudán debido a la inseguridad. No podemos quedarnos aquí porque no tenemos comida ni agua. Si algunas organizaciones nos trasladan a un campo, iremos”, afirma un refugiado asentado cerca de la aldea de Figuera. Sin embargo, no todos ellos comparten esta misma opinión, particularmente algunos sheiks (líderes comunitarios) que prefieren permanecer cerca de la frontera a fin de poder regresar a Sudán tan pronto como la situación lo permita.

Para muchos de ellos, cansados de esta interminable guerra, regresar a casa por ahora es totalmente imposible. Para la gran mayoría de los refugiados que recientemente llegaron a Chad, desgraciadamente éste no es el primer ataque que padecen. Casi todos ellos alegan haber tenido que desplazarse en 2003 o 2004 después de ataques por parte de las milicias, “Darfur me trae recuerdos demasiado amargos, no quiero regresar. Antes vivía en mi aldea, pero en 2004 las milicias nos obligaron a irnos a un campo. Y ahora, lo han vuelto a hacer. No quiero tener que irme de nuevo”, declare Fatima, la anciana que llegó a Birak hace un par de días.

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