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05.07.2013

Chad: “Teníamos dos semanas para vacunar a 100.000 niños”

La enfermera Flora Escourrou acaba de regresar del este de Chad, donde ha participado en una campaña de vacunación contra el sarampión.

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“Era mi primera misión para Médicos Sin Fronteras (MSF). Llegué a la capital, Djamena a mediados de abril. Con los otros cuatro miembros del equipo enviados a Chad, partimos rumbo a Abéché. Tardamos dos días en atravesar el país de oeste a este.

En Abéché se habían reportado casos de sarampión durante varios meses, y en abril la epidemia había alcanzado una dimensión alarmante. El sarampión es una enfermedad bajo control en Europa, pero puede tener serias complicaciones. En el peor de los casos, cuando el acceso a la atención resulta insuficiente, la mortalidad puede alcanzar hasta un 20%. No obstante, las epidemias pueden evitarse, ya que la vacuna es efectiva y económica. La anterior campaña de vacunación en la región de Abéché había tenido lugar en 2009 por lo que, con los nacimientos posteriores, el número de niños sin la debida protección vacunal había ido aumentando poco a poco.

Dos semanas para vacunar


Cuando llegamos a Abéché, ya habían empezado los preparativos, pues MSF trabaja allí desde hace varios años. Las autoridades habían dado la luz verde y habían confirmado la participación de 26 centros de salud del distrito en la campaña; teníamos dos semanas para vacunar a casi 100.000 niños.

La primera tarea fue leer los cientos de currículums que había recibido la organización. Tras llegar a un acuerdo con una escuela de enfermería , contratamos también a un grupo de sus estudiantes. A finales de abril habíamos formado a 14 equipos, que se completaron con miembros de las comunidades locales. Cada equipo tenía que vacunar a una media de 500 niños al día.

El inicio de la operación estaba previsto para el 29 de abril. Cada mañana empezaba el mismo ritual: nos encontrábamos a las cinco  para ultimar los mapas de la ruta a seguir. Después llegaban los 14 supervisores. A continuación comprobábamos que el material, sobre todo las vacunas refrigeradas, había sido cargado adecuadamente en los coches. Por último, todos los equipos emprendíamos la marcha sobre las seis de la mañana.

Horas de coche


Durante las primeras semanas, mi principal papel fue supervisar las operaciones. El viaje en coche a los puntos de vacunación más lejanos podía durar hasta tres horas. A veces había que reorganizar el plan y ,por ejemplo, pedir al jefe de la aldea personal de seguridad adicional para evitar aglomeraciones.

Sólo los niños de edades comprendidas entre los seis meses y los cinco años reciben la inyección, pero las madres no siempre conocen la edad exacta de sus hijos. Por norma, si son lo bastante mayores para tener dientes, se incluyen. Como excepción, los niños de comunidades nómadas se vacunan hasta los 15 años, pues a menudo escapan a los programas de vacunación rutinarios.

Llevar a un niño al hospital puede requerir mucha capacidad de persuasión


La segunda semana, me impliqué más en tratar los casos de sarampión identificados por nuestros equipos. Las madres no siempre llevaban a sus hijos con sarampión al punto de vacunación, por miedo al contagio. No existe un tratamiento específico contra el virus; en su lugar, abordamos los síntomas de la enfermedad con antibióticos, paracetamol para la fiebre y ungüentos para los ojos. A menudo también se necesita apoyo nutricional, pues el sarampión es un factor de riesgo de desnutrición. Todos estos tratamientos pueden administrarse in situ.

Por otra parte, los niños con complicaciones eran trasladados al hospital de Abéché, donde MSF les aseguraba un tratamiento gratuito. Los síntomas más importantes son los trastornos respiratorios y las convulsiones. Cuando los niños tienen estos síntomas, resulta más fácil convencer a los padres de que hay que llevarlos al hospital. Convencer a personas tan pobres como aquellas con las que trabajábamos de que acudan a Abéché y dejen sus hogares durante varios días, puede requerir mucha capacidad de persuasión. Así pues, aunque nos ofrecíamos a trasladar al niño al hospital y a traerlo de vuelta a casa, cada negociación que conseguíamos cerrar con éxito suponía una victoria.

Esta primera misión ha sido una experiencia muy enriquecedora para mí. Me impresionó la capacidad de MSF para organizar una operación de tal magnitud. Gestionar la vacunación de muchos niños en tan poco tiempo crea una tremenda sensación de haber conseguido nuestro objetivo y me ha motivado mucho para trabajar en una nueva misión en el terreno.”

Una vez finalizada la campaña en Abéché, los equipos de MSF pasaron a vacunar a los niños del distrito vecino de Abdi; a finales de junio, trasladaron la campaña a Biltine, en la región de Wadi Fira. Un total de 257.000 niños en estos tres puntos han sido inmunizados contra el sarampión y casi 800 niños enfermos han recibido tratamiento.

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