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20.10.2008

Cólera en Kampala

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Llega la época de lluvias a Kampala. De hecho, en estos ocho meses que estoy por aquí, parece que nunca se fue, porque tenemos lluvia muy a menudo. La parte buena, es que la mayor parte de las descargas suelen ser por la noche, así que tampoco afectan mucho al día a día.

La gran cantidad de lluvia permite que esta zona del país tenga, en general, buenas cosechas a lo largo de todo el año, limpia el ambiente, refresca las temperaturas y para el visitante ofrece la posibilidad de disfrutar de la salvaje mezcla del verde de la vegetación con el rojo intenso de la tierra. Sin embargo, desgraciadamente, la llegada de las lluvias también suele acarrear, en esta época del año, los primeros casos de cólera.

El cólera es una enfermedad intestinal, de origen bacteriano, que se transmite por vía fecal-oral, es decir cuando alguien entra en contacto con las heces de una persona infectada. Este contacto, que probablemente a nosotros pueda sernos casi difícil de imaginar, se convierte en un riesgo muy evidente en zonas con mala canalización de agua, falta de acceso a letrinas y pobres hábitos de higiene.

El efecto de la lluvia hace que las heces que no se han canalizado correctamente se esparzan por la zona, contaminando el agua que después será utilizada por la comunidad para beber, cocinar, lavar, etcétera... con lo que si no hay unas buenas medidas de higiene, fácilmente hará que muchas personas de la zona entren en contacto con la bacteria.

Los síntomas del cólera son fuertes diarreas y vómitos. Tratada a tiempo, la enfermedad no tiene porque tener mayores consecuencias. El paciente debe recibir suero por vía oral o venosa según el nivel de deshidratación, hasta que expulse la bacteria y recupere su condición. El problema es que si no se identifica y trata a tiempo, la persona puede morir en pocas horas.

Sobre las 12 de la mañana me llama Fran, nuestro coordinador médico, para comentarme que le han contactado desde la oficina de Salud del distrito, que había habido una muerte por cólera en el barrio marginal de Kireka. Él ha estado a primera hora de la mañana en la zona, y me comenta que ahora debe volver para conseguir más información, a la vez que recoger el cadáver, llevarlo a la morgue del hospital y desinfectar la casa y alrededores para eliminar la bacteria. Me propone ir con ellos.

En el coche nos acompaña el Oficial de Salud del distrito, la enfermera a cargo del Centro de Tratamiento de Cólera (CTC) del hospital Mulago (principal hospital público de la ciudad) y un ayudante de la enfermera para poder realizar la fumigación.

El barrio donde vivía el paciente está situado al este de Kampala y es uno de los muchos asentamientos marginales que hay alrededor de la ciudad. Las condiciones de vida en estas "favelas" son, sin duda, muy básicas. Se trata de una gran extensión, situada en la ladera de la montaña, con calles sin asfaltar, casas de ladrillo con techo de metal, algunas de madera, y unas condiciones de agua y saneamiento muy precarias.

En el asentamiento viven entre 2.000 y 3.000 personas, con solo dos letrinas disponibles en la zona donde vivía el fallecido. Además, por razones de seguridad, las letrinas se cierran cuando llega la noche, así que lo más normal es que la gente haga sus necesidades en cualquier rincón de la zona y con la llegada de las lluvias estas heces pueden extenderse a cualquier sitio.

Parecida es la situación para el aprovisionamiento de agua. No hay agua corriente en el barrio, así que la gente debe cargarla desde la única fuente que existe en la zona, en grandes bidones hasta la casa.

Todas estas condiciones hacen que con la llegada de las lluvias, las posibilidades de contaminación sean enormes, así como el riesgo de propagación de la enfermedad una vez se introduce en la zona. Miro alrededor y veo niños jugando, mayores limpiando los coches en un gran charco que se ha creado por la lluvia, puestos de comida a pie de la carretera, gente cargando agua en la encharcada fuente... todos en contacto con agua y barro potencialmente contaminados.

Llegamos a la casa del fallecido y nos informan que la familia se ha llevado el cuerpo a su aldea de origen para poder ofrecerle un funeral tradicional y que han cerrado la casa. Hablamos con el LC1, representante político de la zona, y nos comenta que no podemos entrar en la casa, así que les dejamos todo el material y acordamos que ellos se encargarán de la desinfección más tarde.

La enfermera aprovecha para dar una charla de sensibilización a la gente sobre los síntomas de la enfermedad, las precauciones a tomar y la necesidad de llevar al hospital a cualquier persona sospechosa de cólera. Igualmente distribuimos sobres de suero oral para que la gente pueda tener en casa en caso de tener que empezar a tratar a algún enfermo.

Luego pasamos por el Mulago para ver el Centro de Tratamiento de Cólera que montó Médicos Sin Fronteras (MSF) el año pasado y que ahora lo lleva el personal del hospital. En el camino, el Oficial de Salud nos comenta que por el momento sólo se han dado unos 30 casos de cólera en Kampala, con el resultado de cuatro muertes. Se ha montado un equipo de seguimiento que se reunirá de forma semanal para ver cómo evoluciona la situación.

La enfermera comenta que el barrio de Kireka siempre está entre las zonas afectadas por cólera en Kampala. Por más que han trabajado en sensibilizar parece que no ha servido de demasiado. Además, ahora está preocupada por el cadáver de la persona fallecida. Esta es una peligrosa fuente de contaminación.

Lo más probable es que la familia no tome las precauciones necesarias para aislar al cuerpo, y luego los entierros suelen ser otra práctica de riesgo, pues el cuerpo contaminado está rodeado de grandes concentraciones de gente, en contacto unos con otros, compartiendo comida, etcétera...

Por el momento, desde MSF no vamos a intervenir. Según nos ha comentado el Oficial de Salud, ellos pueden hacer frente a los casos actuales con los recursos disponibles. Nuestra participación se va a limitar a prestar una pequeña ayuda en el hospital mejorando alguna de las instalaciones como el tanque de agua y a participar en las reuniones de seguimiento. Esperemos que la situación no se desborde y no debamos hacer frente a una epidemia de cólera en la ciudad.

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