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21.08.2012

“Comenzó a llegar gente herida de todas partes”

La cirujana Anna Nowak lleva más de veinte misiones con MSF. Regresa de Siria, donde ha colaborado en establecer el proyecto.

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¿Como se consigue llevar a cabo esta misión de emergencia cuando no se dispone de autorización por parte del gobierno sirio?
Con el apoyo de un grupo de médicos sirios, fuimos capaces de identificar el lugar desde el que se podían realizar operaciones. Tras una visita inicial, breve, decidimos situarnos en una casa abandonada. De hecho, estaba todavía en construcción, con dos plantas y ocho habitaciones. No teníamos mucha elección. Durante seis días trabajamos de forma frenética para transformar el edificio en un hospital quirúrgico con doce camas, una habitación para esterilizaciones, un quirófano, una sala de reanimación para emergencias y una sala de recuperación. Además de las dificultades para contratar a personal médico local, tuvimos que solventar problemas de suministro, a sabiendas de que es arriesgado ahora mismo importar o comprar suministros médicos en Siria.

¿En qué condiciones comenzásteis a operar?
Los primeros pacientes llegaron el 22 de junio, el día después de abrir el hospital. Primero admitimos heridos que ya habían sido operados. Tuvimos que hacerlo a pesar de que las condiciones de higiene no eran óptimas, lo que supone un riesgo más elevado de infecciones. A medida que los enfrentamientos se sucedieron, el hospital llegó enseguida a su límite. Tras unos pocos días estábamos atendiendo a seis heridos a la vez, un número modesto pero elevado si tenemos en cuenta nuestros recursos y la capacidad de tratamiento. Entonces comenzó a llegar gente herida de todas partes. Tuvimos que organizarnos para acomodar a la gente, incluso con camas en la terraza. A veces los heridos no llegaban durante el día, por causa del conflicto, porque las carreteras estaban cortadas o porque viajar al hospital era muy arriesgado. A veces llegaban por la noche o al amanecer. Era muy cansado, aunque siempre se podía contar con la gente que traía a los heridos. Su disponibilidad y voluntad de ayuda fue algo muy emotivo.

¿Qué tipo de heridas habéis visto?
La mayoría eran heridos de bala, mortero o artillería. La mayoría estaban afectados en las piernas, el estómago o entre el cuello y el abdomen. Aunque la mayoría de los pacientes eran hombres, también han estado llegando niños y mujeres, muchas veces demasiado tarde. Por el momento el conflicto bélico se desarrolla a diez kilómetros del hospital. Pero nuestros pacientes llegan de más lejos, lo que complica sus heridas o lo que puede suponer la muerte. Eso te hace suponer las dificultades en las que la gente se encuentra para obtener cuidado médico de calidad en Siria hoy, incluidos aquellos cuyas heridas no guardan relación ccon el conflicto, gente que, por ejemplo, ha padecido un accidente de tráfico.

¿Cuáles son las dificultades que implica una intervención así?
Para limitar los riesgos, el personal de los hospitales está trabajando de forma muy discreta y prudente y muchos de los hospitales de campaña desaparecen tan pronto como han aparecido.

En este contexto, la existencia de un centro como el nuestro es muy importante para la gente herida, pero también es una situación muy delicada. Los condicionantes de seguridad limitan nuestros recursos y nuestra capacidad. Una herida de guerra típica requiere una media de cinco días de hospitalización. A excepción de los casos más graves, tenemos dificultades para mantener a los pacientes más allá de esos días. Los que viven cerca o tienen familia o amigos en la zona, regresan para revisiones o para cambiar los vendajes. Pero pese a la solidaridad de la gente del área que permite que muchos pacientes puedan quedarse temporalmente, algunos dejan el hospital y no volvemos a saber nada más de ellos.

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