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20.12.2013

Conversación en un hospital tras el paso del tifón (por Agus Morales, Comunicación MSF)

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- Nuestra casa en Tacloban quedó totalmente inundada, dice Gilda.

- Desde la primera planta, vi llegar una gran ola -añade su tía Emma-. Luego todo flotaba a nuestro alrededor.

- Diez metros de agua.

- En total, tres grandes olas golpearon la casa. No me acuerdo de nada más, quedé inconsciente.

Son las 10 de la mañana. Gilda Calvara, de 52 años, y su tía Emma Calvara, de 73, se recuperan de sus heridas en el hospital de Burauen, una zona rural a la que llegaron pocos días después del paso del tifón Haiyan el pasado 8 de noviembre.

Las dos vivían en una casa de dos plantas ubicada más al norte, en la ciudad costera de Tacloban. La vivienda estaba preparada para fuertes rachas de viento, pero no para la especie de tsunami que se desencadenó en esta zona.

- Cuando llegó el agua pensé que íbamos a morir -recuerda Gilda-. Empezamos a rezar. Sufrimos heridas porque nos cortamos con cristales y con madera.

- Yo al principio ni siquiera me di cuenta de que tenía heridas. Pensaba que era el fin del mundo, dice Emma.

La casa verde de Gilda y Emma es una de las pocas que aún quedan en pie cerca de la costa, aunque tiene algunas paredes tiradas y severos daños estructurales. Hay álbumes de fotos, libros y adornos navideños desparramados por el suelo.

Sigue leyendo su historia en el blog de 20 Minutos