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11.04.2007

"Cuando accedemos a la población nuestro impacto es muy significativo"

Entrevista con Marta Cañas, coordinadora general en Darfur, Sudán

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Cuatro años después del inicio del conflicto, la crisis de Darfur parece encontrarse en una vía muerta. Más de dos millones de personas siguen malviviendo en campos de desplazados y, debido a la violencia, las organizaciones humanitarias tienen cada día menos acceso a las poblaciones afectadas. Un panorama que empieza a causar desaliento en la comunidad internacional. Marta Cañas, coordinadora general de MSF en Darfur, asegura sin embargo que si hay un lugar donde MSF debe estar presente, donde nuestro trabajo puede marcar la diferencia, éste es Darfur. El reto para MSF, asegura Cañas, es explorar nuevas vías para que la ayuda siga llegando.

Estuviste en Darfur durante los primeros seis meses de 2006 y ahora acabas de estar otro mes. ¿Cómo ha evolucionado la situación en este periodo?
Después del acuerdo de paz de mayo de 2006, que sólo uno de los grupos rebeldes y el Gobierno firmaron, la situación general de la región ha empeorado. Los combates se han intensificado y las condiciones de vida de la población se han deteriorado. Por otro lado, ha aumentado el número de incidentes de seguridad que sufren las organizaciones humanitarias, lo cual ha generado una reducción de las operaciones de ayuda en la mayor parte de Darfur. De una manera muy simplista, hay una población que cada vez sufre más y a la que cada vez se ayuda menos.

Hoy, ¿cuáles son los principales riesgos para la población y sus necesidades más urgentes?
La población de Darfur es víctima del conflicto en muchos aspectos. Sufren la violencia directa, la precariedad en las condiciones de vida que implica un desplazamiento, violaciones flagrantes de sus derechos fundamentales, viven con miedo, etc. Las necesidades más urgentes que observamos son aquellas asociadas al conflicto y al desplazamiento: el cobijo, el agua, la comida y los servicios de salud. Pero además, desconocemos la situación de una gran parte de la población debido a la falta de acceso; no podemos llegar a ellos. Muchas ONG han tenido que cerrar o por lo menos suspender sus proyectos debido a la falta de garantías de seguridad. Desgraciadamente, la población que dependía de estas organizaciones ahora ve los servicios a los que tenía acceso, como la comida, el agua, la salud o la protección, enormemente reducidos.

Últimamente, se ha hablado mucho de la incapacidad de las agencias humanitarias para trabajar en Darfur debido a la violencia. Algunas organizaciones han incluso salido del país. ¿Cuál es la posición de MSF?
MSF permanece comprometido a asistir a la población de Darfur. Mientras la integridad y la dignidad de ese pueblo sigan siendo vulneradas, MSF continuará trabajando para contribuir a aliviar su sufrimiento. A pesar de las dificultades para acceder a la población, MSF tiene y puede seguir teniendo un espacio de actuación para asistir a las víctimas de este horrible conflicto. La búsqueda de maneras creativas para llegar a la población debe ser constante. Lo podemos ver por ejemplo en nuestro proyecto de Shangil Tobaya, donde asistimos a más de 25.000 personas desplazadas. Tuvimos que evacuar a nuestro equipo internacional a principios de año por razones de seguridad, pero acabamos de regresar. Estuvimos hablando varios meses con todas las partes para poder regresar con garantías de seguridad. Y mientras el equipo estuvo evacuado, nuestra estructura de salud en Shangil Tobaya siguió funcionando gracias a nuestro personal sudanés. Además, intentamos ser más flexibles y reforzar nuestra capacidad de reacción para responder a emergencias y nuevas necesidades. En los últimos meses, hemos llevado a cabo un par de misiones exploratorias en el norte de Darfur para evaluar la situación de poblaciones recientemente afectadas por el conflicto.

En los proyectos en los que has estado, ¿cómo los equipos de MSF consiguen trabajar? ¿Qué tipo de asistencia pueden ofrecer?
La situación de seguridad no siempre permite a MSF trabajar normalmente, pero hacemos todo lo posible para que la ayuda siga llegando a las poblaciones afectadas. Unos proyectos estuvieron funcionando por control remoto, con el personal sudanés haciéndose cargo del funcionamiento de las clínicas y el equipo internacional yendo de forma regular para prestar apoyo y evaluar la situación de seguridad. Tal fue el caso durante unos meses en Shangil Tobaya, donde acabamos de relanzar un programa completo. Nuestra presencia en esta zona es fundamental ya que somos los únicos que ofrecen servicios de salud a esta población de más de 25.000 personas. Tenemos otro programa en el Jebel Marra, una zona muy aislada, donde ofrecemos asistencia sanitaria primaria a la población afectada por el conflicto. De momento, este programa también funciona por control remoto. Por otro lado, el equipo tiene la capacidad para responder a necesidades agudas puntuales de emergencia.

Personalmente, como trabajadora humanitaria, ¿te resulta difícil trabajar en estas condiciones, viendo que la situación general no mejora mientras el espacio humanitario se va reduciendo?
Todo lo contrario. Es una satisfacción personal el formar parte de un programa tan relevante. En ocasiones no es sencillo tener que lidiar con la frustración que produce el no poder acceder a la población que necesita asistencia. Sin embargo a mí esto me motiva para continuar la lucha para ganar ese acceso, porque estoy convencida de que cuando lo conseguimos nuestro impacto es muy significativo.

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