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06.09.2010

¿Cuántos Mozarts están muriendo de desnutrición? (por Anne Connelly)

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La carretera de salida de Boda estaba bien acondicionada y era plana… durante unos dos kilómetros. Rápidamente caímos en un camino que parecía más bien preparado para una carrera de 4x4s o de motocross. A veces la hierba era tan alta que tapaba las ruedas del todoterreno. Los agujeros de la carretera de Bangui, de los que hablé el primer día, eran agua pasada: aquí, en algunas zonas, había desniveles de más de 60 centímetros entre ambos costados de la carretera. En otras, había tanta arena suelta que era como conducir por una pista de nieve. Pero a pesar de todo, el paisaje era precioso: en un momento dado, llegamos a la orilla de un río y tuvimos que esperar a que una barcaza metálica cruzara desde el otro lado. En el agua había niños jugando, mientras sus madres lavaban ropa, con sus hijos más pequeños apaciblemente dormidos a su espalda.

Tras una larga travesía a pleno sol, llegamos a una ciudad pequeña, en la que había unos pocos comercios y algo de movimiento en la calle principal. La localidad no parecía tener más de 300 metros de largo. "Bien… así que esto es Djomo”, pensé. “Es pequeño, pero parece que al menos hay sitio para darse una vuelta”, me dije. “Bienvenida a Guen, la ciudad más grande de esta región. Djomo está sólo a un par de kilómetros de aquí”, me corrigieron de inmediato…

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