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11.03.2009

Darfur: 100.000 desplazados sin asistencia médica en Kalma

La mitad de los equipos que trabajaban en Darfur fueron expulsados por el gobierno de Sudán la semana pasada. Lydia Geirsdottir fue coordinadora de terreno de MSF en el campo de Kalma durante nueve meses y acaba de regresar. A continuación describe como la expulsión de MSF afectará a miles de personas en uno de los campos de desplazados más grandes del mundo.

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¿Cómo es el campo de Kalma?
Lo que es más impactante acerca de Kalma es la capacidad de resistencia de la gente, su fortaleza y su actitud: “no miraremos hacia atrás, sólo miramos hacia delante”.

El campo de Kalma cubre una superficie de unos seis kilómetros cuadrados en el que viven entre 90.000 y 100.000 personas. Las casas estás hechas de bambú, plástico, ladrillos de fabricación local o cualquier cosa que la gente encuentra para cubrir las paredes. Es un campo superpoblado con muchas chozas juntas las unas a las otras.

¿Qué hace MSF en el campo de Kalma?
Solíamos llamar a la clínica ‘Paradise’, ¡un paraíso dentro del campo! Es un bonito conjunto de chozas de paja con un techo relativamente alto que te permite ponerte derecho dentro. Gestionábamos una clínica de atención básica de salud, una unidad de salud de la mujer y un departamento móvil. El año pasado también teníamos un departamento de salud mental pero las autoridades nos mandaron cerrarlo. Cada día veíamos de 200 a 300 pacientes en consultas externas y 200 mujeres en la unidad de salud de la mujer. Siempre había mucho trabajo, pero como la clínica funcionaba desde 2004 también estaba muy bien organizada. Y el personal además está tan bien formado que a pesar del número de pacientes que pasaban por allí, nunca parecía estar demasiado estresado. El triaje de los pacientes y su tratamiento se llevaban a cabo de forma muy ordenada.

La mayoría de nuestro personal es sudanés desplazado que huyendo de los combates y de la violencia se refugió en Kalma. También teníamos un equipo médico más cualificado que se desplazaba diariamente al campo de la ciudad de Nyala, cerca de allí, compuesto por personal internacional y sudanés de otras partes del país. Entre ellos había médicos, enfermeros, enfermeros consultores y comadronas.

Nuestro equipo médico iba a la clínica del campo cada día. Treinta de nosotros salíamos de Nyala a las ocho cada mañana en un convoy de coches Landcruisers. Teníamos que cruzar dos controles militares en el trayecto a Kalma, quienes a diario decidían si se permitía pasar a MSF o no. Trabajábamos allí todo el día hasta las cuatro de la tarde, cuando el ‘equipo de Nyala’ tenía que recoger sus bártulos y regresar en convoy. Esto se debe a que Kalma se considera un campo relativamente volátil y no es seguro pasar la noche para los que veníamos de fuera. En realidad, sólo se nos permitía ir al campo, no a las aldeas de los alrededores debido al peligro de potenciales ataques o a que nos robasen el vehículo.

¿Cuál será el efecto de la expulsión de MSF?
Yo diría que es un desastre total y absoluto. No sólo expulsan a MSF, sino que también expulsan a la otra ONG que ofrecía atención sanitaria del campo.

Nuestro personal sudanés en Kalma todavía sigue allí pero únicamente quedan dos profesionales sanitarios formados por MSF capaces de tratar problemas básicos de salud y pronto se quedarán sin suministros. La clase de patologías que tratábamos antes ahora nadie las tratará, desde simples afecciones hasta enfermedades graves como infecciones respiratorias, neumonías, partos obstruidos, malaria y meningitis. Solíamos referir los casos más complicados al hospital de Nyala, a 12 kilómetros de allí, y ayudábamos en el traslado de los pacientes, pero ahora no sabemos cómo podrán desplazarse pues se trata de un viaje peligroso.

¿Cuál será la consecuencia médica más importante?
Justo ahora hay un brote de meningitis en el campo que constituye una emergencia médica grave. Hace cuatro semanas empezamos a recibir a los primeros pacientes de meningitis en nuestra clínica. Hicimos todos los análisis estándar y los enviamos al laboratorio en el Ministerio de Salud (antes de poder empezar a vacunar hay que tener la confirmación del Ministerio de Salud). Habíamos empezado a prepararnos para lanzar una campaña masiva de vacunación que iba a cubrir a unas 80.000 personas. El Ministerio de Salud, sin embargo, confirmó que se trataba de meningitis sólo un día antes de nuestra expulsión. Por lo que justo ahora no hay tratamiento disponible en el campo, nadie que pueda referir a los pacientes al hospital de Nyala, y ninguna campaña de vacunación. Significa que la gente puede morir.

¿Qué otra cosa te preocupa acerca de la gente en el campo?
Aunque el número de casos de violencia sexual y violación que veíamos en la clínica había disminuido con el tiempo, todavía veíamos hasta seis pacientes al mes. Solíamos oír a la comunidad hablar de más casos de los que en realidad veíamos en la clínica pero muchas mujeres tenían miedo de venir. Todavía se produce violencia sexual en Kalma de forma regular. Ocurre cuando las mujeres intentan salir del campo en busca de leña o a ocuparse de las tierras en torno al campo.

Pero si la gente no sale del campo a recoger leña o a cultivar, significa que no comen. Una mujer me dijo que si su marido salía del campo a recoger leña corría peligro de muerte, pero que en cambio si era ella la que salía sólo corría el peligro de ser violada. Ésta es la vida para las mujeres de Kalma. Es una dura realidad.

Cada día practicábamos algún parto complicado o nacían niños con complicaciones que hacían peligrar sus vidas – y cada día en la clínica el personal hacía pequeños milagros. No practicábamos cirugía en el campo, pero si era necesario referíamos las urgencias al hospital de Nyala, donde un médico de MSF seguía el caso. Ahora MSF se ha ido, las mujeres de alguna forma tendrán que arreglárselas para llegar al hospital de Nyala, y eso es realmente peligroso. Temo que ahora que ya no estamos allí estas mujeres y estos niños sufran.

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