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23.08.2007

Darfur, RCA y Chad: una región sumida en la violencia

"La situación de desplazamiento, aislamiento y desasistencia de tantos cientos de miles de personas es inaceptable", afirma el director general de MSF

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23 de agosto de 2007.- La región sudanesa de Darfur y sus vecinos República Centroafricana y Chad son escenario de una espiral de violencia, desplazamiento de población y emergencia humanitaria que han convertido este área del centro de África en un triángulo crítico en el que la comunidad internacional se ha mostrado incapaz de frenar los abusos contra una población civil atrapada entre ejércitos, milicias y bandidos.

Aunque no se puede hablar de un solo conflicto ya que los enfrentamientos en cada país tienen raíces propias, sí se puede hablar de crisis interconectadas y de situaciones humanitarias muy similares. El clima de violencia imperante en la región ha empujado a cientos de miles de personas a huir de sus hogares y a estar en constante movimiento dentro de sus países o cruzando las fronteras, a veces escondiéndose en los bosques o quedando aisladas en zonas de difícil acceso por culpa de la inseguridad. Gran parte de estas poblaciones de desplazados y refugiados tienen un acceso reducido o nulo a servicios tan básicos como la alimentación, el agua, el cobijo o la salud.

Tras cuatro años de conflicto en Darfur, los últimos movimientos políticos a nivel internacional han vuelto a poner en el mapa a una región en la que se perpetúa una de las mayores tragedias humanas del mundo. Pero la crisis está lejos de solucionarse en este escenario de tremenda complejidad en el que las últimas iniciativas políticas no han supuesto cambio alguno para las poblaciones civiles.

“La crisis de Darfur se ha estancado, empezando por los campos de desplazados internos, donde la violencia sigue muy presente en el día a día”, explica el Director General de Médicos Sin Fronteras, Aitor Zabalgogeazkoa. “La situación médica en los campos es más o menos estable, dentro del drama que supone para cualquier persona vivir en estas terribles condiciones, dependiendo al cien por cien de la ayuda externa –explicó-. Pero además hay una cifra indeterminada de población fuera de estos emplazamientos a la que no tenemos acceso y de la que no sabemos nada”.

Por su parte, República Centroafricana (RCA) y Chad, eclipsadas a menudo por la crisis de Darfur, comparten sin embargo con la región sudanesa un grave balance de inseguridad, movimientos de población y falta de acceso. En el caso de Chad, en sus orígenes la crisis se relacionaba con la llegada de refugiados procedentes del vecino Darfur y con la acción interfronteriza de las milicias, “pero actualmente la situación ha evolucionado hacia problemas locales que la agravan todavía más”, explica Francis Coteur, jefe de misión de MSF en el país.

Sólo en el este de Chad, se cuentan 160.000 desplazados internos, 200.000 refugiados procedentes de Darfur y cerca de 40.000 más procedentes de República Centroafricana. De hecho, el movimiento constante de desplazados y refugiados en la región es el síntoma más evidente de la gravedad de una crisis regional que apenas se hace hueco en las agendas políticas y mediáticas. En Darfur, la cifra de desplazados alcanza los 2 millones de personas, y se les suman 30.000 refugiados chadianos, mientras que en RCA se cuentan 220.000 desplazados internos, 15.000 refugiados chadianos y unos 2.600 darfurianos llegados en el último mes.

“Si hay una crisis completamente olvidada, esa es la de República Centroafricana -apunta en este sentido el jefe de misión en el país Alfonso Verdú-. La violencia continuada es la principal causa de la crisis médico-humanitaria y al mismo tiempo impide el acceso a las poblaciones, y a estas alturas los desplazados internos están agotando sus mecanismos de supervivencia”.

Precisamente la situación de los desplazados internos en esta región es una de las fuentes de principal preocupación actualmente dada la indefinición de sus estatus legal, un vacío que se traduce en una vulnerabilidad y desprotección aún mayor si cabe. En Chad y RCA, estas poblaciones reciben muy poca ayuda y sobreviven en condiciones extremadamente precarias. En el caso de Chad, una reciente encuesta nutricional realizada por MSF ha puesto de relieve tasas de desnutrición que superan el umbral de emergencia.

Por otra parte, en las tres regiones, la creciente inseguridad está dificultando el trabajo de las organizaciones humanitarias. Uno de los deterioros más claros se manifiesta en República Centroafricana, donde desde 2005 ha aumentado el número de incidentes. De hecho parte de las actividades de MSF en el país han permanecido suspendidas durante dos meses tras el asesinato en junio de 2007 de una de sus expatriadas, Elsa Serfass.

Este mismo obstáculo sigue impidiendo el acceso a las poblaciones más aisladas en Darfur, donde el acoso constante -desde principios de año han sido robados más de cincuenta vehículos- ha llevado a las organizaciones humanitarias a suspender gran parte de las actividades de clínicas móviles.

“La situación de desplazamiento, aislamiento y desasistencia de tantos cientos de miles de personas es inaceptable, incomprensible, y el estancamiento de estas crisis y la evidente dejación de responsabilidades a nivel político no nos permiten ningún optimismo –apunta Zabalgogeazkoa-. De hecho consideramos que la de Darfur, República Centroafricana y Chad es una de las crisis con mayor potencial de deterioro en los próximos meses”.


Médicos Sin Fronteras trabaja en Darfur desde 2004, en República Centroafricana desde 1997 y en Chad desde 1981.

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