Back to top

Francisca Valdivieso

Matrón/a- Liberia
Desde el terreno Francisca Valdivieso
-A A +A

María Francisca Valdivieso es chilena, vive en Santiago y comenzó a trabajar con nuestra organización en 2005. Su primera misión fue en el proyecto de MSF en Monrovia, capital de Liberia, entre abril y noviembre de ese año. Se trataba de un contexto de posguerra inmediata, después de la tercera guerra civil que azotó al país durante 15 años.

Ahora, desde la distancia, Francisca recuerda cuáles fueron sus sensaciones en aquella primera experiencia y cómo hizo para adaptarse a un contexto semejante.

"Mi sueño como médico siempre fue trabajar en una organización humanitaria. Cuando conocí a Médicos Sin Fronteras (MSF), me pareció que era el lugar indicado para poder desarrollar eso y decidí trabajar con la organización. Llegué a Liberia en abril de 2005. Era mi primera misión con MSF y el país había terminado recientemente su tercera guerra civil consecutiva en 15 años. Las necesidades en un contexto de posguerra inmediata como ese son enormes: las personas no cuentan siquiera con lo más básico (luz, agua, cloacas) y el país estaba destruido económicamente. Como ginecóloga, mi trabajo se concentraba en tratar de disminuir la tasa de mortalidad materna, y frenar las muertes relacionadas con el embarazo y el parto. Sin embargo, una de las cosas que más me costó en esos primeros momentos fue aceptar que uno no es capaz de resolver todas las necesidades existentes, sino que estamos allí para atender el “aquí y ahora”. El trabajo era muy intenso y me costaba creer que fuese capaz de permanecer allí durante un año.

Los primeros días la carga de trabajo era muy extenuante, pero después de un mes logré ir adaptándome. Mi día comenzaba temprano por la mañana: primero pasaba visita en preparto para ver a los pacientes que habían llegado durante la noche y después comenzaba el trabajo de urgencias, cesáreas y otros procedimientos. Una vez a la semana hacía también atención clínica ginecológica.

Fue difícil. En Chile no es habitual que la gente muera por los embarazos y partos, pero en situaciones de alta mortalidad materna como Liberia, es algo que lamentablemente pasa a ser frecuente. Es muy difícil asumir que uno es sólo una persona, que no puede hacer todo y que los recursos y los materiales son limitados. Te cansas y necesitas dormir. Eran días largos y el trabajo era enorme, pero cuando uno siente que ya no puede más, son los propios pacientes los que te motivan a seguir adelante. A veces lo único que uno tiene es una palabra de aliento para esa gente que no tiene nada. Aunque uno sepa que no va a poder arreglar los problemas de salud de fondo que tiene un país como Liberia, cada una de esas mujeres a las que vi, y pude ayudar por medio de la cirugía, hacen que valga la pena el esfuerzo. Es dificil transmitir todo lo que cada una de las pacientes que tuve, me enseñaron. Mucho más de lo que me podría haber imaginado".

Volver a Desde el terreno