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Pablo Grinstein

Enfermero- República Democrática del Congo
Desde el terreno Pablo Grinstein
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Pablo Grinstein es argentino, pero llegó a Médicos Sin Fronteras en 2004, cuando se encontraba viviendo en España. De hecho, comenzó a trabajar en los equipos de sensibilización en vía pública de Médicos Sin Fronteras antes de siquiera recibirse de enfermero. Fue coordinador de los equipos de diálogo directo hasta que decidió estudiar enfermería y más tarde epidemiología y regresar a la organización para trabajar en el terreno.

Hasta julio de 2015, Pablo estuvo en contextos de emergencia en Siria, y lleva más de tres años trabajando en terreno en diferentes misiones como Congo, Etiopía y República Centroafricana.

¿Qué es lo que más y lo que menos te gusta de tu trabajo?

Hay muchas cosas diferentes. Por ejemplo, mi misión anterior (en República Democrática del Congo) fue mi primera experiencia participando en la coordinación de las actividades de todo un país. Te ayuda a ver por qué las cosas son como son, lo cual no quiere decir que deban ser así, pero al verlo uno lo entiende mejor. Es ver el 'backstage' de una misión, y más de una misión como la del Congo, que es grande y compleja. Lo que menos me gusta es que estás en el terreno, pero al mismo tiempo no estás en el terreno. El trabajo está basado en una oficina y no tan cerca de los pacientes como en los proyectos.

También me ha tocado dirigir misiones exploratorias para decidir si es pertinente o no abrir un proyecto y a veces, en algunos lugares, uno se encuentra con necesidades que son inmensas, pero que no tienen que ver necesariamente con aquello a lo que se dedica nuestra organización, por lo que tampoco tendríamos la experiencia necesaria para hacerlo. De todos modos, cuando uno efectivamente identifica esas necesidades médico-humanitarias a las que nos hemos comprometido en responder, resulta muy satisfactorio ver cómo el proceso se realiza con toda rapidez. Ese es el resultado, en parte, de la independencia en la que tanto insiste MSF. Y eso en la práctica lo garantizan, en parte, los fondos que esos donantes anónimos dan a nuestra organización cada mes confiando en que los usará de la mejor manera allí donde más se necesita, y que nos permiten responder con prontitud a las necesidades en el terreno. Pocas organizaciones pueden permitirse eso y quienes en última instancia salen beneficiados son las poblaciones a las que servimos.

¿Cuánto tiempo llevás en MSF y donde habías estado antes de Siria?

Mi inicio en MSF fue en 2004 con el primer equipo de sensibilización en vía pública que se creó en la organización. Luego continué algunos años más coordinando las campañas de vía pública en varia ciudades. Al finalizar esta etapa me fui a Francia a estudiar y allí seguí en contacto con MSF. Con mi formación como enfermero y la posterior especialización en epidermiología volví e hice unas prácticas en el departamento médico en la sede de Barcelona. Y después salí durante los últimos cuatro años al terreno. Estuve en República Centroafricana, Etiopía, Congo y más recientemente en Siria.

¿Qué motivación te lleva a seguir en la organización?

Mi motivación siempre ha sido la propia esencia de MSF, unos principios y un 'modus operand'i con el que me siento identificado. Me sigue gustando lo que hace y cómo lo hace. Me sigue pareciendo una de las pocas organizaciones que en el terreno intenta hacer un buen trabajo, al margen de que no todo siempre sea bonito. Creo que el día que deje MSF, dejaré el mundo humanitario.

Define MSF en tres palabras.
Impacto, independencia y acción médica.

¿Qué te gusta hacer cuando no trabajas para MSF?
Viajar, generalmente. Trabajo con mi pareja, salimos juntos a terreno y entre misión y misión nos solemos tomar algunos meses de descanso. Al ser ella de Canadá y yo de Argentina, ya de por sí nos toca hacer la vuelta al mundo para ver a la familia. Me gusta hacer viajes en bicicleta (el ciclo turismo) y deportes como kitesurf, buceo, tenis, fútbol. Y, por supuesto, descansar, desconectar, y disfrutar de la familia y los amigos.

¿Tienes algún recuerdo que te gustaría compartir?
Una anécdota graciosa me sucedió en mi primera misión en República Centroafricana. El mes antes de salir, ya sabía dónde iba a ir y entonces, trabajando en sede, aprovechaba cada día para hablar con personas que conocían el proyecto. Antes de irme, decidí abrir el correo por si había alguna novedad y encuentro que finalmente no voy al destino inicial sino a otro proyecto distinto en el mismo país, que se llama Kabo. Llegué a la capital y me dijeron que saldría para Kabo pero que existe la posibilidad de que sea provisional ya que se iba abrir un proyecto nuevo y contaban conmigo para que fuera allí. Cuando ya llevaba en Kabo un par de semanas, llegó un día la jefa de misión y, nada más bajar del coche, me dijo muy seria: "“¿Y tú quién eres? ¿qué haces aquí?”". Yo le contesté: “"Mucho gusto, yo soy Pablo, y estoy acá porque me mandaron acá”". Ése fue el primer contacto con la jefa… -¡no muy cariñoso que digamos!-. A pesar de esto, hoy en día es una de las amistades que hice en el terreno y que van más allá del trabajo.

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