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08.03.2014

Día Internacional de la Mujer: Pakistán

Con motivo del Día Internacional de la Mujer lanzamos seis historias contadas por mujeres desde seis países en los que MSF trabaja.

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Médicos Sin Fronteras (MSF) trabaja en Pakistán desde principios de la década de los 80 y hoy sigue proporcionando atención médica urgente a las poblaciones vulnerables, incluidos refugiados afganos y personas desplazadas.

Sarah Dina, responsable de salud mental de MSF en Pakistán: “Para muchas personas, contar su historia supone parte de su curación. No podemos eliminar por completo su dolor, pero podemos estar a su lado; acompañarles en su tristeza, su culpa y su miedo.

Imagina tener que tomar la decisión de abandonar tu casa, tu lugar de nacimiento, tu infancia, tu gente, tu tierra… Imagina tener que cerrar tu casa y dejar todas tus pertenencias dentro, cajas y maletas, todas aquellas cosas que no puedes llevarte contigo. Y no las puedes llevar contigo porque huyes a pie. No se puede viajar por las montañas en coche. Imagina que te vas porque tienes miedo. Miedo de que te maten. Miedo de que violen a tu hermana o acaben con la vida de tu hermano de un disparo.

Imagina que, antes de irte, viste los cadáveres de muchos de tus familiares. Hazte a la idea de que esos cuerpos no estaban completos. Estaban destrozados. Una pierna, a metros de distancia del cuerpo al que pertenece; un brazo en otra dirección. Imagina el miedo que sentirías si tuvieses que quedarte. Imagina la culpa que sientes al marcharte. Imagina viajar a pie durante todo un mes por las montañas en busca de seguridad sin apenas agua ni comida. Con ampollas en los pies casi desde el mismo momento en el que te pusiste en marcha; y cortes de tanto andar descalzo al final. Imagina caminar por la nieve, subiendo cuestas, escondiéndote en la maleza cuando escuchas una explosión. Solo por un segundo imagina que en tu camino ves a un niño que ha sido abandonado por sus padres porque era imposible acarrear con él durante más tiempo por un terreno tan difícil y en unas condiciones tan duras. Intenté imaginar cómo se sentían esos pacientes, pero no pude. Es demasiado doloroso pensar en su sufrimiento.”



 

Cuatro años después del terremoto, decenas de miles de haitianos siguen viviendo en inseguros e improvisados campos en torno a Puerto Príncipe. Las adolescentes están especialmente expuestas a la violencia sexual.

 

Mildrène, de 14 años: “Mi familia vivía en Solino antes del seísmo. No vivíamos bien pero teníamos un techo y dormíamos sin miedo. El 12 de enero de 2010, nuestra casa quedó destruida. Solo tuvimos tiempo de salir corriendo y, más tarde, conseguimos recuperar lo que pudimos de entre los escombros. Mis padres no tenían dinero para alquilar otra vivienda. Después de esa noche, nos fuimos a vivir a un campo de desplazados llamado Accra.

 

Un día salimos a comprar comida para mi padre. Por el camino un hombre me preguntó dónde iba y me dio dinero para que le comprara comida también. Cuando regresé, me agarró la mano y me dijo que mataría a mis padres si no hacía lo que me pedía. Sabía que uno de sus amigos ya había asesinado a un hombre en el campo y tuve mucho miedo. Entonces me violó.

 

Regresé a casa llena de vergüenza y miedo. No dije nada a mis padres, pensando que debía protegerles. Unos días más tarde, el mismo hombre me llamó para que fuese a su casa, pero me negué a que me volviera a hacer lo mismo. Por la noche, él y su amigo vinieron a mi casa y amenazaron a mi familia. Tuve que contarle a mi madre lo que había ocurrido. Nadie acusó al hombre pero, finalmente, nos fuimos del campo y no le he vuelto a ver.

 

Unos meses más tarde no me sentía bien y mi madre me llevó al hospital. Al principio, el médico no sabía cómo decírnoslo, pero al final nos explicó que yo estaba embarazada de cinco meses. Sufrí mucho durante el embarazo hasta que di a luz poco antes de salir de cuentas.

 

Mi madre vende pastillas de jabón y mi padre no tiene trabajo. Están intentando cuidar de mí y de mi bebé pero las cosas no van bien. Me gustaría volver a la escuela pero es imposible. De todas formas, tengo suerte porque estoy viva.”

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