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14.04.2021

Diabetes: tres peligrosos mitos que dañan a los pacientes

La necesidad de refrigerar la insulina a 25º C, el alto coste de producción del tratamiento, o la percepción de la diabetes como una enfermedad de compleja gestión para el paciente son, sencillamente, informaciones inciertas. Y es que esta enfermedad crónica cuenta con herramientas innovadoras muy eficaces.

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Hace 100 años, en 1921, se logró un gran avance médico sin igual: el descubrimiento de la insulina y su posterior primer uso, unos pocos meses después. Y es que la insulina cambiaría la vida de las personas con diabetes en todo el mundo.

El científico canadiense que lideró el descubrimiento, Frederick Banting, recibió el Premio Nobel de Medicina y finalmente vendió la patente del medicamento a la Universidad de Toronto, en Canadá por solo un dólar, menos de un euro.

“La insulina no me pertenece, pertenece al mundo”, subrayó Banting.

A día de hoy, se estima que 463 millones de personas padecen diabetes en todo el mundo. Sin embargo, a pesar de un siglo de avances médicos, aproximadamente la mitad de las personas que necesitan insulina todavía no tienen acceso a ella.

Muchas de estas personas viven con un diagnóstico pero un tratamiento limitado, debido al acceso deficiente a la atención médica, la pobreza, el desplazamiento o los conflictos.

 

Houssam, de 12 años, durante una consulta en la clínica de MSF en Aarsal, Líbano.

¿Por qué trabajamos con la diabetes?

La diabetes es una enfermedad crónica que ocurre cuando el cuerpo no puede producir suficiente insulina, una hormona que regula los niveles de glucosa (azúcar) en nuestra sangre. Sin un tratamiento regular, como inyecciones de insulina, estos niveles más altos de azúcar en sangre pueden eventualmente provocar enfermedades cardíacas e insuficiencia renal, así como daño a los nervios y ceguera.

Se estima que 463 millones de personas viven con diabetes en todo el mundo, una cifra que casi se ha duplicado en los últimos 30 años. Es preocupante que los casos estén aumentando mucho más rápido en los países de ingresos bajos y medios, incluidas las regiones donde las personas atraviesan situaciones de inseguridad u otras crisis de atención médica.

Esto significa que, en innumerables comunidades, los diabéticos insulinodependientes a menudo tienen acceso limitado a la medicación y el tratamiento que necesitan para mantenerse sanos y saludables.

 

Mitos peligrosos

Al igual que ocurre con muchos problemas sanitarios mundiales, los desafíos que enfrentan las personas diabéticas que atraviesan crisis humanitarias son evitables. De hecho, a menudo son las políticas impulsadas por las ganancias las que obstaculizan el acceso al tratamiento.
 

Abdalá tiene 8 años, y padece diabetes tipo I y epilepsia.

1 - El mito de la nevera

En muchos de los lugares donde trabajamos, las temperaturas a menudo exceden el rango de almacenamiento recomendado para la insulina. Por lo tanto, existe la creencia generalizada de que los pacientes deben guardar sus medicamentos en el refrigerador.

Esto se convierte en un obstáculo evidente cuando una persona no tiene nevera, ya sea por pobreza, falta de electricidad o porque se ha visto obligada a huir a un campo de refugiados o de desplazados.

Sin una refrigeración confiable, muchos pacientes terminan viajando más de una vez al día a una clínica de atención médica para recibir su insulina. Esto no solo puede costar dinero, sino que en lugares que sufren de inseguridad puede volverse increíblemente inseguro.

Sin embargo, por experiencia, sabemos que es necesario actualizar las directrices de las farmacéuticas. En febrero de 2021, los resultados de un estudio dirigido por MSF y la Universidad de Ginebra incluso lograron demostrar que la insulina podía almacenarse hasta a 37 °C.

Mientras tanto, también se ha descubierto que las soluciones de almacenamiento simples, como las vasijas de arcilla básicas, son una forma eficaz de mantener la insulina a temperaturas frescas y estables, lo que significa que los pacientes ya no tienen que viajar dos veces al día para recibir su tratamiento.
 


2 - Los precios de las grandes farmacéuticas

Uno de los mayores obstáculos para mejorar el acceso a la insulina es que se trata de un fármaco increíblemente caro de producir.

Esto no es cierto.

Solo tres grandes farmacéuticas -Novo Nordisk, Eli Lilly y Sanofi- controlan el 99% de todo el mercado de la insulina. Con este monopolio, los precios injustos establecidos por estas grandes compañías afectan directamente la vida de millones de pacientes en todo el mundo.

El precio de producir insulina ronda los 120 euros por paciente al año. Sin embargo, el precio de la insulina disponible para nuestros proyectos oscila entre los 200 y los 1.000 euros por paciente, en función del dispositivo de inyección y del tipo de insulina que necesitemos proporcionar al paciente.

Por otra parte, existen varias empresas que trabajan para mejorar la competencia del mercado y producir insulina genérica, sin marca. Esto reduciría significativamente el precio para los pacientes y organizaciones de atención médica, como Médicos Sin Fronteras. Sin embargo, se enfrentan regulaciones estrictas para que se apruebe su insulina.

Así, MSF estamos llevando a cabo una campaña para permitir que estas compañías genéricas entren en el mercado de la insulina y trabajamos para mejorar el paquete de herramientas disponibles para nuestros pacientes diabéticos en todo el mundo.

 

3 - Una condición ‘compleja’

Por supuesto, la diabetes puede ser una condición compleja con la que lidiar para una persona, especialmente la diabetes tipo 1.

Esto se debe a que los pacientes deben controlar constantemente sus niveles de azúcar en sangre con pruebas de punción digital e inyectarse insulina hasta seis veces al día. En muchos lugares donde trabajamos, la inseguridad alimentaria puede complicar aún más este tratamiento.

Sin embargo, con los recursos adecuados, el manejo de esta enfermedad y la calidad de vida podrían mejorar significativamente para los pacientes de todo el mundo.

Y es que existen herramientas nuevas, como los bolígrafos de insulina, que facilitan mucho la inyección. También los dispositivos de control continuo de glucosa, que logran que los pacientes no tienen que pincharse varias veces al día.

Estos dispositivos no están disponibles de forma rutinaria en muchos lugares de bajos ingresos debido a su precio; sin embargo, mejorar la disponibilidad reduciría en última instancia la necesidad de tratamiento del paciente debido a complicaciones a largo plazo.

Si ayudamos a las personas a controlar la diabetes de forma segura ahora, podemos evitar que empeore en el futuro.