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15.10.2007

"Estos 35.000 desplazados llevaban meses sin ningún tipo de asistencia médica"

Entrevista con Xisco Villalonga, coordinador médico en Tawila, Darfur

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En el último año MSF se ha esforzado en alcanzar a las poblaciones más aisladas de Darfur, las que no recibían asistencia debido a la creciente inseguridad. En agosto, se inició un nuevo proyecto en Tawila, en Darfur del Norte, una ciudad situada en una región disputada por varios grupos armados y en la que viven unos 35.000 desplazados. Los habitantes llevaban meses sin recibir ningún tipo de asistencia médica y marcados por la inseguridad. MSF puso en marcha clínicas móviles en los campos de desplazados en un contexto de extrema inestabilidad.

¿Qué situación os encontrasteis cuando llegasteis a Tawila?
Tawila es una ciudad fantasma desde hace tiempo. Los habitantes que pudieron se fueron a El Fashir, la capital de Darfur del Norte, y el resto se han instalado en los campos vecinos de Dali, Argo y Rwanda, que se han organizado alrededor de la base de la Unión Africana porque ahí la gente tiene una cierta sensación de seguridad. En Tawila mismo no queda nadie, sólo un puesto de los ex rebeldes del SLA [la facción de Mini Minawi, hoy aliada del Gobierno] y otro del Gobierno a las afueras. El mayor campo es el de Rwanda, donde viven unas 20.000 personas; se formó a finales de 2005 cuando se produjeron ataques de milicias árabes contra Tawila y luego llegaron desplazados de otras zonas de Darfur. El campo más antiguo es el de Dali; existe desde 2003. Ahí viven unas 10.000 personas, muchas de ellas son de la región, lo que les permite ir a sus zonas de cultivo en algunos periodos del año. Y luego está el campo de Argo, que se creó en 2005 y donde viven unas 3.000 personas. Son campos que llevan tiempo, se nota que los cobijos ya no son tan precarios. Uno de los principales problemas que encontramos cuando llegamos era el suministro de agua y el saneamiento. Había muy pocos puntos de agua y faltaban letrinas. Pero lo que más justificaba nuestra intervención era que esta población de 35.000 desplazados llevaba meses sin ningún tipo de atención médica ya que todas las organizaciones humanitarias se habían ido por razones de seguridad, la última en abril.

Meses sin recibir asistencia. ¿Cuál era su situación sanitaria?
En el tiempo que llevamos trabajando –un mes y medio– hemos visto muchos casos de desnutrición. Pero es todavía pronto para decir si se debe al gran número de desplazados o si es un problema más profundo. También observamos muchos problemas de salud materno-infantil, de parto y posparto. Antes, cuando se producían complicaciones en el parto la única opción para la población de Tawila era ir a El Fashir, pero es difícil encontrar un transporte y cuando lo hay el precio está fuera del alcance de la mayoría. Antes de nuestra llegada, por lo tanto, la población tenía un acceso mínimo a los servicios de salud, por no decir nulo. Esto quiere decir que en los casos de emergencia nuestra intervención puede tener un fuerte impacto.
Otro problema importante es la seguridad. La mayoría de los desplazados no pueden acceder a sus zonas de origen debido a la inseguridad. Se siguen produciendo combates y no pueden volver. Incluso nos llegan nuevos desplazados. Esto significa que no pueden acceder a sus cultivos y que dependen en exclusiva de la ayuda externa. Incluso salir de los campos para ir a buscar agua o leña a Tawila puede ser peligroso, se han producido muchos incidentes.

¿Cómo ha intervenido MSF? ¿Habéis encontrado dificultades?
Nuestro objetivo era garantizar unos servicios de salud básicos. Empezamos organizando clínicas móviles en los tres campos, pero rápidamente se destaparon una serie de problemas que nos llevaron a añadir nuevos componentes a nuestro proyecto. Primero decidimos lanzar un programa nutricional ante el gran número de casos de desnutrición. Otro problema era nuestra capacidad de referir a los pacientes graves. Al principio los referíamos a El Fashir, pero tras dos o tres semanas instalamos un pequeño servicio de hospitalización en Tawila para los casos más graves y de desnutrición severa. En adelante tenemos previsto ampliar el programa a la salud materno-infantil y a la vacunación, y otro de nuestros planes es conseguir acceder a las comunidades árabes nómadas de la zona que de momento no vienen a las consultas en Tawila. Para hacerlo queremos poner en marcha clínicas móviles en la región.
Nuestra principal dificultad a la hora de iniciar el proyecto ha sido la seguridad y la comprensión del contexto. Todas las ONG que trabajaban ahí se han ido por razones de seguridad, la última en abril, dejando a la población sin ningún tipo de servicio básico. No se podía empezar sin entender qué estaba pasando en la zona, las dinámicas de los distintos actores armados y las dinámicas sociales en el interior de los campos. Se ha hecho mucho en este aspecto contactando a todas las partes en conflicto, pero es un reto permanente. En el mes y medio que llevamos allí ya hemos sufrido varios incidentes y actualmente el equipo está evacuado. Volverá en cuanto las condiciones lo permitan, se espera que pronto. Esto quiere decir que el contexto de Tawila es muy complejo. Hemos hecho muchos esfuerzos de comunicación para que todos entiendan nuestros principios de neutralidad e imparcialidad, pero se ve que es muy difícil mantener un espacio humanitario que nos permita trabajar y asistir a la población.

La situación de Tawila, ¿ilustra lo que pasa en el resto de Darfur?
Tawila es el punto más extremo de un espectro, pero corresponde a lo que pasa en el resto de Darfur. En el último año y medio la situación se ha ido degradando; se ha producido una atomización de los grupos armados en una multitud de facciones y ahora nos encontramos en medio de unos cruces de intereses que, a veces, pueden ser intereses muy particulares. El conflicto es cada vez más complejo y parece cada vez más difícil encontrar una salida. Esto tiene consecuencias para la población: se siguen produciendo desplazamientos y las ONG debemos trabajar en condiciones cada vez más precarias, lo que, evidentemente, afecta a nuestra capacidad para asistir a la población. Hay muchas zonas de Darfur a las que teníamos acceso antes y ahora no. Pasó en Tawila: antes trabajan allí varias organizaciones, pero poco a poco se han ido yendo debido a la inseguridad y desde abril la población no recibía ninguna asistencia. Ahora estamos intentando reiniciar el proyecto pero se ve que es difícil. Esta situación se repite en muchas otras zonas de Darfur.

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