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17.12.2019

Bebés en crisis humanitarias: salvarlos justo en 'el minuto de oro'

Es el primer minuto de vida. El primerísimo, pero que ya marca la diferencia entre la vida y la muerte. En conflictos, desastres naturales y crisis humanitarias, los recién nacidos libran duras batallas por sobrevivir nada más nacer. Es el caso a los pequeños Chout y Markuot.

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Estamos en la ronda diaria de nuestra nueva Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales en el hospital de Gambela, en Etiopía. Aquí, a diario, nos llegan de media dos recién nacidos en condiciones críticas, librando una dura batalla por sobrevivir. Una batalla que puede decidirse en segundos.

Ninyal Yang tiene 18 años y su historia es muy parecida a la de muchas madres a las que asistimos: “Habían pasado dos horas después de dar a luz en el campo de refugiados y mi bebé no respiraba. Una ambulancia nos trajo al hospital. Pensaba que mi hijo estaba muerto y sentí miedo porque no podía hacer nada”, recuerda.

Pero sí pudimos ayudar a Chout, su pequeño.

Le tratamos con antibióticos por vía intravenosa para cortar la infección y pronto el bebé empezó a coger peso. Después de tres semanas luchando por sobrevivir, ahora descansa plácido en su cama del hospital.

Sin una Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales como la nuestra, las posibilidades de sobrevivir del pequeño Chout serían nulas. Y es que Etiopía ostenta los índices de mortalidad maternal y neonatal más elevados del planeta.

“Aquí, nacer sietemesino, con 1,5 kgs de peso, una infección y una anemia severas, y en pleno conflicto, es sinónimo de una muerte segura. Te lo garantizo”, nos relata Cecilia Libretti, nuestra coordinadora de matronas en el hospital de Gambela tras señalar que “antes de que llegáramos aquí, no existía ninguna unidad específica para neonatos; era vital abrir una en Gambela”.

70 recién nacidos al mes

En este hospital que apoyamos, asistimos una media de 10 partos al día e ingresamos todos los meses a entre 60 y 70 recién nacidos con enfermedades críticas.

Contamos con 26 camas, 11 de ellas para pacientes con un alto riesgo de morir, la mayoría niños prematuros.

Son niños y niñas como Chout, con muy pocas posibilidades de superar sus primeros 28 días de vida pero que, con nuestra asistencia urgente y especializada, son capaces de luchar con valor y seguir adelante.

El 80% de las muertes de bebés se producen en los primeros 28 días de vida y en concreto, se deben a solo tres causas: las complicaciones en el parto –como la asfixia–, los partos prematuros o de bajo peso, y las infecciones.

Tres causas letales que terminan con la vida de un millón de bebés al año.

En las crisis humanitarias en las que trabajamos, estos pequeños son los más vulnerables. Pero salvarles la vida depende a menudo de medidas muy sencillas.

La batalla de Markuot

Un claro ejemplo es el de Markuot, que estuvo hasta hace unos días en nuestro hospital.

Markuot no respiraba al nacer. Sin embargo, con un respirador manual, hicimos llegar aire a sus pulmones y, en su primer minuto de vida –el llamado ‘minuto de oro’–, pudimos salvarle. Una maniobra médica básica pero inexistente aquí antes de nuestra llegada. Ahora, Markuot está feliz y sano al lado de su madre.

Markuot y Chout no son los únicos; no es nada fácil nacer en un campo de desplazados, dar a luz en plena crisis humanitaria o decir ‘bienvenido, bebé’ en medio de un conflicto.

La mayoría de los neonatos que ingresan en nuestra unidad llegan en muy mal estado debido a las insalubres condiciones en las que viven.

Así, muchos de ellos luchan contra infecciones que pueden combatirse con antibióticos. Reconocer lo antes posible síntomas como letargia, dificultad respiratoria, convulsiones, fiebre o temperatura demasiado baja, puede salvar sus vidas.

Otra ‘arma’ para salvar vidas es el método canguro o ‘piel con piel’. Cuanto más tiempo una nueva mamá lleve a su pequeño junto a su piel, más posibilidades tendrá el bebé de sobrevivir. Este método tan primario y tierno logra controlar la temperatura y favorecer la lactancia materna. En lugares tan abandonados como Gambela, el ‘piel con piel’ puede reducir la mortalidad en nada menos que un 40%.

Sencillo y profundamente gratificante. Gracias a la puesta en práctica de estas tres estrategias, en Gambela hemos conseguido que nada menos que 1.260 bebés –muchos, prematuros–, salgan adelante.

Ningún bebé debería morir por causas evitables. Por eso, seguiremos llevando estas pequeñas pero vitales intervenciones a otros contextos tan o más difíciles que Gambela.

En nuestras salas de neonatología en todo el mundo, los más pequeños luchan a diario por sobrevivir. Sus madres y nuestros equipos médicos están a su lado para ayudarles. Sin embargo, 7.000 recién nacidos mueren cada día durante el primer mes de vida.

Descubre nuestro reportaje ‘Superbebés’.

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