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25.03.2008

De 'expatriados' y locales

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La tarea del personal local (los trabajadores contratados en el país por MSF) es uno de los temas menos conocidos de la organización y sin embargo de máxima importancia. De hecho, el MSF del terreno es un MSF "negro", a pesar de que lo habitual sea ver la foto del médico muzungu atendiendo a un paciente. Por cada expatriado, MSF cuenta con aproximadamente 10 trabajadores locales que nos ayudan a atender a los pacientes, entendiendo mejor el contexto y consiguiendo la cercanía necesaria que conlleva todo acto médico.

Pues bien, esta semana hemos tenido que hacer frente a lo que parecía ser un "motín a bordo" de nuestros colegas locales en Gulu.

Hace un par de semanas, cuando vinimos con Brigitte, aprovechamos para presentar la actualización de las Regulaciones Internas (RI), el marco laboral entre MSF y sus trabajadores. Para nuestra sorpresa, la reunión fue un poco tensa. La gente parecía no estar de acuerdo con nosotros en que los cambios eran menores y también, debería decir, en que la manera en la que los presentamos seguramente fue demasiado avasalladora.

Siguiendo nuestro encuentro, el personal local decidió tener una reunión para valorar la propuesta y de ella salió un equipo de portavoces, la petición de una reunión extraordinaria para el 13 de marzo, la negativa a aceptar las nuevas RI hasta después de la reunión y unas minutas de cinco páginas y veinticinco-puntos de los que pedían aclaraciones.

Debo confesar que al recibir la petición me quedé sorprendido y para qué negarlo, un poco asustado (¡si yo acabo de llegar!). En los siguientes días, mi trabajo fue sumergirme, de principio a fin, en las nuevas RI y preparar la reunión del día 13. Para mi tranquilidad, enseguida vi que, desde el punto de vista técnico, las aclaraciones que pedían no parecían demasiado complicadas, aunque sí me preocupaba el tono del documento, que mostraba un claro descontento de los trabajadores con la situación.

Llegó el momento de la verdad: jueves, 13 marzo, 11.00 horas. La reunión se desarrolló en el centro de salud de Lalogi con, aproximadamente, 50 compañeros locales. Los portavoces tomaron las riendas de la reunión y agradecieron, en un perfecto y protocolario inglés, la presencia de todos los que allí estábamos. A continuación, propusieron rezar una oración por el buen fin de la reunión. Más adelante, durante la semana, me explicaron que esto es algo normal en la región, donde incluso las reuniones oficiales empiezan siempre con una oración, pero la verdad, es que no pude evitar mirar a Tere y que se nos escapara una sonrisa al pensar en los valores de MSF que tanto he oído en los últimos años... "MSF es una organización médico-humanitaria, independiente de todo poder político, económico o religioso".

Tras más de cuatro (largas) horas de reunión, dimos el encuentro por terminado y parece que conseguimos tranquilizar a nuestros compañeros. Creo que conseguimos aclarar sus dudas y, más importante, recuperar el buen clima entre nosotros.

Afortunadamente, durante la semana no hubo sólo reuniones. El martes por la tarde, estuve visitando uno de los campos de desplazados donde estamos trabajando, Awoo. Allí trabaja nuestra risueña enfermera Alison, inglesa, y que a los 50 años ha decidido tener su primera experiencia humanitaria.

Awoo es un campo de desplazados, a unos 45 minutos de Gulu, donde viven unas 3.000 personas y que, en su momento, debió albergar entre 10.000 y 15.000 (siempre es difícil conocer con exactitud las cifras). El campo está compuesto por una gran cantidad de pequeños ‘tukuls' (las típicas casas de barro con techo de paja), separados poco más de 2 metros uno de otro, y contrariamente a lo que me esperaba, sin ningún tipo de valla exterior.

Caminamos por el centro del campo con una cola de niños detrás de nosotros y con mujeres arriba y abajo cargando bidones de agua sobre sus cabezas. De nuevo, pienso que estar aquí me brinda una oportunidad sin par de aprender y dar sentido a mi trabajo. Sin embargo, tampoco negaré que al mismo tiempo me sentía como un turista furtivo que disfruta capturando con sus sentidos (y su cámara) un pedazo de realidad que no le pertenece.

Continuamos nuestro paseo por la comunidad y nos sentamos bajo un mango gigante donde escuchamos a Charles, uno de nuestros educadores sociales, dando una charla sobre malaria a un grupo de madres. La charla es en "luo", la lengua de la región, así que no llegamos a comprender más que algunas "malarias" sueltas en su discurso. Esto me permite observar la situación desde la distancia y empezar a adivinar el carácter africano, de vida pausada, en comunidad y aderezada siempre con sonrisas y buen humor.

Terminamos la semana en el DaPub, en Gulu, para despedir a Piluca que se vuelve a Donostia tras nueve meses como enfermera en Lalogi. Debemos ser una treintena entre ‘expatriados' y personal local y aquí parece que el buen ambiente ha regresado al equipo. Me admira ver a la gente bailando y disfrutando de la fiesta. "Aquí todos tenemos alguna muerte en la familia debido al conflicto" me comentaba Simon, un compañero local, hace unos días. Qué dolor llevarán dentro y de dónde sacarán la fuerza para tirar adelante y olvidar el pasado. Me pido otra cerveza y continuamos con la despedida, no seré yo quien hurgue hoy en su profunda herida... Esta noche estamos aquí por Piluca.

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