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18.02.2021

El invierno y las lamentables condiciones de los campos agravan la salud física y mental de los refugiados en Lesbos y Samos

En enero, nuestros los psicólogos infantiles asistieron a tres niños que intentaron suicidarse y en todo 2020 trataron a 50 menores con ideaciones suicidas y tentativas en Lesbos.

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Más de 7.000 solicitantes de asilo y refugiados, entre ellos 2.500 niños, siguen viviendo en tiendas de campaña, expuestos al duro invierno en el campamento de Kara Tepe, en la isla de Lesbos.

Entre ellos hay en estos momentos más de 150 niños menores de 1 año. Durante la noche, la temperatura en las tiendas desciende por debajo de los 8 ºC. Al mismo tiempo, nuestros pacientes nos cuentan que dependen de la climatología para tener algo de ropa seca con la que vestirse.

Muchos nos dicen también que no cuentan con instalaciones higiénicas y sanitarias adecuadas. En total, hay unos 350 retretes en el campamento, mientras que solo hay 36 cabinas de ducha con agua caliente que solo funcionan durante 9 horas al día.

Médicos Sin Fronteras brindamos apoyo en salud mental infantil y atención a las mujeres, concretamente consultas pre y posnatales y planificación familiar, alojadas en el nuevo campo de Kara Tepe. La clínica también proporciona vacunas a los niños y niñas. Derivamos a los pacientes de ambas clínicas al hospital local cuando requieren atención de urgencia o médica especializada, incluidas las mujeres con embarazos de alto riesgo.

En Samos, unas 3.500 personas están hacinadas en un centro creado para 648. La mayoría vive en tiendas improvisadas en el bosque, junto al centro oficial, sin acceso a suficientes duchas e instalaciones sanitarias ni a refugios adecuados para calentarse. Las mujeres, los hombres y los niños no tienen más remedio que vivir entre la suciedad y la basura, entre ratas y escorpiones. Hay cientos de personas que son vulnerables debido a sus condiciones médicas o mentales graves y, sin embargo, permanecen atrapadas en condiciones lamentables desde hace meses.

Isla de Samos, Grecia.

Katrin Glatz-Burbakk, responsable de actividades de salud mental de nuestro equipo de psicólogos infantiles en Lesbos:

“Las temperaturas en Lesbos han bajado mucho y hace mucho frío en el campamento.

El agua está fría, el interior de las tiendas está mojado. Todo está frío y húmedo, incluso las mantas y la ropa de abrigo. Todo ello añade otro factor de estrés a las dificultades que ya padecen las personas en el campo.

El año pasado, tratamos a 50 niños con ideaciones suicidas graves, incluso con tentativas de suicidio. Ahora, a principios de año, ya hemos visto a tres niños más que han tratado de suicidarse; han intentado ahogarse, han ingeridos pastillas o han tratado de cortarse las muñecas.

Es realmente doloroso ver a estos niños que viven en condiciones en las que no hay absolutamente ninguna esperanza para ellos. No dejan de decirnos ‘me he rendido. No puedo aguantar más. Solo quiero aliviar el dolor, dejar de sufrir’. Y no hay manera de que lo consigan en las condiciones del campo ahora mismo.

Cuando has cogido la mano de un niño pequeño que ha renunciado a la vida e intentas convencerle de que merece la pena seguir viviendo, nunca se olvida. Y lo más doloroso de todo es que el campo los está enfermando aún más.

Esto no puede seguir así. No es lugar para niños. No es un sitio para niños con traumas graves. Tienen que ser evacuados. Y tiene que ser ahora mismo”.

Katrin Glatz-Brubakk, supervisora de actividades de salud mental, juga con unos niños en la sala de espera de la clínica de MSF en Lesbos.

Los relatos de Farizé y Mariam
Farizé
* tiene 33 años y es de Afganistán. Está embarazada de cuatro meses y acude regularmente a nuestra clínica para el seguimiento de su embarazo.

"Hace tanto frío que ya no salimos de las tiendas ni siquiera durante el día. No hay sistema alguno de calefacción y solo tenemos algunas mantas para protegernos del frío. A menudo, ropa y mantas están mojadas, ya sea por la lluvia o por la humedad. Todo lo que podemos hacer es quedarnos dentro de la tienda, tener paciencia y esperar a que salga el sol para secar la ropa. No te puedes hacer una idea de lo duro que es para una mujer embarazada vivir en estas condiciones. No hay electricidad para cocinar y todo está sucio y cubierto de barro. Las duchas y los retretes tampoco se pueden utilizar.

Tengo tres hijos (5, 9 y 14 años) y no tenemos suficiente comida ni ropa de abrigo para ellos. No hay actividades recreativas ni escuela en el campamento así que ayudan a conseguir agua o a lavar la ropa solo para que estén ocupados durante el día. Lo único que queremos salir de aquí y vivir en un lugar con dignidad".

Mariam* tiene 24 años y es de Afganistán. Llegó con su marido hace un año y dos meses a Lesbos, con la esperanza de encontrar seguridad y empezar una nueva vida. Visita regularmente nuestra clínica, ya que hace poco dio a luz a su primer hijo. La familia ha recibido protección internacional, pero todavía están en Lesbos y no tienen información sobre cuándo y cómo serán trasladados fuera de la isla.

"Mi bebé tiene 21 días. El año pasado, cuando aún vivíamos en el antiguo campo de Moria, tuve un aborto debido a las difíciles condiciones del lugar. Los primeros meses de mi segundo embarazo también fueron muy complicados. En verano hacía demasiado calor y era muy difícil moverse fuera de la tienda. En septiembre, tras el incendio, pasé los momentos más difíciles de mi embarazo. Estuvimos varios días viviendo en la calle, sin agua ni comida y con una sensación constante de inseguridad. A veces, tenía tanta hambre que lloraba.

La situación en el nuevo campamento no es mejor. No tenemos electricidad porque el generador está estropeado o, cuando la tenemos, es solo durante unas horas y luego deja de funcionar. Pero incluso entonces, no es suficiente para calentar la tienda. Ha habido noches que hacía tanto frío que ni siquiera conseguimos dormir. Mi bebé también estuvo despierto toda la noche. Lo único que podemos hacer para mantenerlo caliente es tenerlo siempre sobre nosotros y cubrirlo con toda la ropa y las mantas posibles. Tengo que evitar lavar al bebé por el frío. Estoy preocupada por él. Desde que nos han concedido el asilo, ya no recibimos ayuda económica. Eso se traduce en que ni siquiera podemos comprar ropa para el bebé o comida".


* Nombre modificado por petición del paciente.